15 cosas en la infancia de los 70 y los 80 que hoy serían impensables

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Si creciste con Chanquete, merendaste mediasnoches con chorizo de Pamplona y rebobinaste cintas de casette con un bolígrafo, quizá no fuiste consciente pero estuviste expuesto a innumerables peligros durante tu infancia.

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Multitud de situaciones que en los años 70 y los 80 se vivían como cotidianas en realidad entrañaban tales riesgos que sería impensable que se produjeran en la actualidad —y de hacerlo, pondrían en serios aprietos a sus padres—: ir en bici sin casco, sin cinturón de seguridad en el automóvil o jugar con el mercurio del termómetro.

Tanto la forma de educar, como la legislación y la tecnología han cambiado, por lo que resultarán totalmente extrañas a los niños de hoy. ¿Cuántas de estas viviste?

1.- Salias solo a jugar a la calle

A media tarde o tras un timbrazo del teléfono, te reunías con los demás niños del vecindario para jugar a escondelero, al ladrón librado, fútbol o a la comba. Ahora es difícil ver estas escenas salvo dentro de una urbanización cerrada y rodeada de seguridad o en un pueblo pequeño.

2.- Ibas en bici sin casco

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Rueditas de aprendizaje, rodilleras, una cestita para el timón… quizá tuvieras el kit completo del perfecto ciclista, pero el casco no solía estar entre los accesorios. Casi en todo el mundo hay leyes que obligan al uso del casco de ciclista, en especial para niños.

3.- En el autimóvil no te ponías el cinturón de seguridad

Básicamente, porque muchos automóviles ni lo tenían. Sólo eran obligatorios en los asientos delanteros y hasta en los 1990’s no lo fue en los traseros, tanto en ciudad como en carretera.

4.- En la parte de atrás cabían fácilmente seis personas

Bien apretujados en los asientos de atrás podían caber cuatro personas adultas, más un par de niños sentados sobre las rodillas. Eso sí, no se podía arrancar sin el “¡Niño, si está la policía de tránsito agachá la cabeza para que no te vean!”.

5.- Y a veces te dejaban sentarte delante

Y te hacía mucha, mucha ilusión poder ver la carretera desde el asiento de los mayores.

6.- También te montaban en moto

Sólo te decían que te agarraras bien.

7.- ¿Sillitas de seguridad?

Jamás tuviste una sillita en el automóvil porque en aquellos años su uso no estaba extendido. Ahora parece impensable montar bebé, en un automóvil sin el dispositivo de retención adecuado.

8.- Pasabas horas y horas en columpios oxidados

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Instalados sobre tierra, totalmente descoloridos, con el hierro oxidado y tornillos al aire… ¿Quién no recuerda cuánto quemaba el tobogán en los días de verano?

9.- Los mayores fumaban a tu alrededor. Y mucho

En casa, en el automóvil, en reuniones familiares… fumaban delante de ti porque no había tanta concienciación sobre el tabaquismo.

10.- Y te enviaban a comprarles tabaco y alcohol

De cuando en cuando algún familiar te enviaba a por una cajetilla de cigarrillos o a por cerveza. Ellos se ahorraban una salida y a ti quizá te premiaban con los mandados.

11.- En la playa no te ponían protector solar

O no se usaba nada o casi peor, crema Nivea del tarro azul. Así acababas, con arena pegada por todo el cuerpo y más rojo que un cangrejo.

12.- Te dejaban jugar con el termómetro de mercurio

Y si se rompía era mucho más divertido, porque se formaban bolitas. Sin embargo, ahora está totalmente prohibida su venta debido a su alta toxicidad.

13.- Y con balines de plomo

Que además se guardaban en la boca para tenerlos al alcance y disparar más rápido con los rifles o las pistolas de aire comprimido. Toda una barbaridad, ya que el plomo es altamente tóxico.

14.- Cargabas con un montón de peso en la mochila

A cada libro de cada asignatura había que sumar el correspondiente cuaderno, más el estuche, la flauta, la escuadra, el compás… Todo eso sobre los hombros y con la consiguiente frase de tu madre de “se te va a desviar la columna”. Por aquel entonces nadie se imaginaba que en pocos años las mochilas tendrían ruedas o que los colegios usarían tablets en lugar de libros de texto para dar clase. Y lo más grave..

15.- Tomabas agua del chorro o la manguera de cualquier vecino

Sólo bastaba entrar en el jardín de cualquier compañero de juegos para saciar la sed, “a pico” de chorro o con una manguera vieja llena de moho por dentro.

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