Croacia eliminó a Brasil del Mundial de Qatar

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Croacia dió el batacazo en Qatar y es la primera semifinalista del Mundial de Qatar tras otro ejercicio de supervivencia extrema. A los croatas los habían abandonado en el desierto de Qatar sin brújula y con la cantimplora vacía tras el golazo de Neymar, pero de la manera más insospechada, en una contra ante una Brasil que no supo guardar la ropa a falta de cuatro minutos, logró empatar y mandar el partido a los penaltis. Allí, Livakovic hizo el enésimo milagro de la tarde ante Rodrygo y el colmillo competitivo de los balcánicos no dejó ni la raspa para los brasileños, condenados por el error final de Marquinhos.

La Croacia 2.0, la de Modric, Dalic, Perisic, Lovren, Kovacic o Brozovic se mueve por el abismo con la soltura del que no teme a la muerte. En Rusia 2018 superó tres prórrogas, con dos tandas de penaltis incluidas, para llegar a la final, su tope histórico en la Copa del Mundo, que siguen soñando con poder mejorar. En Qatar son dos de dos, ante Japón con exhibición de Livakovic, y la explosión de cuartos ante la Brasil de Tite, máxima favorita para la conquista del título, que se despide con estrépito de Qatar. El ruido perseguirá al seleccionador brasileño, en especial a cuenta del incomprensible cambio de Vinicius a la hora de juego. 

Ahora resulta difícil de entender, pero Brasil no hizo deméritos para perder el cruce, más allá de las cuestionables decisiones de su técnico De hecho, Livakovic llegó a la prórroga con diez paradas, varias de ellas tan heterodoxas como milagrosas, por las cero de Alisson. El meta del Dinamo de Zagreb prolongó el subidón hasta el primer penalti, que recayó en Rodrygo. El error del madridista fue plomo en las botas de Brasil durante el resto de la tanda. 

A falta del pase y con el sueño del ‘hexa’ volatilizado por la resiliencia croata, Qatar podrá ser recordado por los hinchas en Brasil como el del gol de Neymar. A punto de acabar el primer tiempo de la prórroga, después de una actuación personal nebulosa, rodeado de dudas tras esa lesión de tobillo, el del PSG se sacó de la chistera uno de los goles no ya del torneo, sino de la historia de las Copas del Mundo. Recibió en zona de tres cuartos e hilvanó dos paredes en el campo minado de la defensa croata, la primera con Rodrygo y la segunda con Paquetá. No había más espacio que el que dibujó Neymar con su zigzagueo antes de driblar a Livakovic, que hasta ese momento lo había parado todo. Y que aún no había cerrado la tienda.

Hasta el chispazo de Ney, el partido parecía destinando a morir en los penaltis, un escenario que no disgustaba en absoluto a Croacia, que dedicó casi la mayor parte de los 120 minutos de juego a tratar de minimizar a su rival. Apenas un remate pifiado de Perisic en el tiempo reglamentario, contra una catarata de ocasiones brasileñas. Desde una gran acción de Vini en el minuto cinco tras pared con Ricahrlison hasta la enésima aparición de Livakovic ante Paquetá, ya en los minutos de la agonía, Brasil ofreció un amplio repertorio ofensivo pero, también, una evidente falta de colmillo. Pese a ello, la pentacampeona no se descompuso en ningún momento, consciente de las intenciones de su rival de plantear una guerra de desgaste con explosión final desde el círculo de cal.

El plan funcionó. Contra todo pronóstico, a falta de apenas un puñado de segundos, zarandeada por el gran gol de Ney, tras otra jornada de multitarea de su portero, con Modric jugando el partido completo, sin siquiera haber probado a Alisson, Croacia sacó el pescuezo de la guillotina en un error que perseguirá a varias generaciones de brasileños. La Canarinha se lanzó a un ataque de futuro incierto y descuidó su armazón, lo que aprovechó Sosa para lanzar la única contra del partido. El centro al área lo cazó Petkovic y lo envió a la cazuela previo toque de Marquinhos, para el que lo peor aún estaba por llegar. De esta forma pasó la inmortal Croacia a la ilustre lista de fantasmas de las pesadillas brasileñas.