Category: Cambio Climático

  • El aumento del nivel del mar podría ser peor de lo esperado

    El aumento del nivel del mar podría ser peor de lo esperado

    Un estudio científico advierte que el aumento del nivel del mar podría ser mayor que lo estimado por los modelos tradicionales. Los resultados se publicaron en la revista Geophysical Research Letters.

    Factores físicos poco conocidos, como la gravedad terrestre y la deformación de la corteza, pueden elevar el nivel costero más allá de lo previsto al modificar la masa oceánica y las fuerzas que actúan sobre el agua.

    Las causas menos evidentes que agravan el aumento del nivel del mar incluyen la redistribución de la masa de los océanos, la alteración de la gravedad local, la deformación del lecho marino y cambios en el eje de rotación terrestre.

    Estas dinámicas, apenas consideradas en los modelos climáticos actuales, pueden sumar hasta 5 cm adicionales de elevación y provocar un incremento de hasta 60 % en el riesgo de inundaciones para algunas zonas costeras, lo que aumenta la amenaza en territorios vulnerables.

    El equipo liderado por Grace Ertel señala que, además del calentamiento global y la fusión del hielo, la Tierra responde ante el traslado del agua con tres mecanismos: la atracción gravitacional regional, la flexibilidad de la corteza y la ligera modificación del eje de rotación.

    La redistribución de la masa oceánica, la gravedad terrestre y la deformación de la corteza pueden sumar hasta 5 cm al nivel del mar

    Cuando aumenta la masa oceánica en un área, la gravedad se intensifica y la corteza se deforma allí mismo, elevando el nivel del mar en esa región. Cuando el agua se desplaza a otra zona, el efecto se invierte y el eje de la Tierra puede modificar la distribución del agua hacia nuevos lugares.

    Estas respuestas físicas no están incluidas en las proyecciones estándar del nivel del mar, según el grupo de investigación, lo que origina una subestimación importante.

    En el análisis, los especialistas simularon el cambio de masa oceánica proyectado por los escenarios CMIP6 hacia el año 2100, aplicando modelos que contemplan los efectos de la GRD (Reducción de la Gravedad Global).

    Los resultados indican que allí donde se acumula agua, los efectos dinámicos elevan el nivel del mar más allá de los valores tradicionales.

    En cambio, donde el océano pierde masa es posible que la bajada llegue a cerca de 1 cm más respecto a los modelos convencionales. Aunque el impacto global es limitado, puede ser significativo a escala regional o local.

    Zonas más afectadas y ejemplos regionales del aumento del nivel del mar

    Los resultados muestran que donde se acumula agua el nivel del mar sube más que en los modelos convencionales, mientras que en otras zonas puede bajar cerca de 1 cm adicional

    El incremento extra no se distribuye de forma uniforme en el planeta. Las plataformas continentales amplias y las costas de altas latitudes, especialmente en regiones tropicales y polares, acusan los mayores efectos. Según el estudio, hacia finales de siglo, distintas zonas costeras podrían experimentar hasta 5 cm adicionales de subida, producto de la redistribución de masa oceánica.

    Estas diferencias se aprecian en áreas como las costas árticas de Siberia, regiones de Rusia y los mares periféricos del sudeste asiático, donde el lecho es amplio y las variaciones en densidad y corrientes pueden amplificarse. El estudio advierte que la incertidumbre de los modelos es mayor en estas regiones, lo que complica la planificación y exige datos de mayor precisión.

    En otras áreas, como ciertas cuencas oceánicas profundas donde la masa de agua disminuye, el nivel del mar puede bajar ligeramente más de lo previsto. Esto deja a algunas ciudades con un riesgo reducido y a otras con desafíos adicionales. Las diferencias se concentran principalmente en zonas tropicales y polares, multiplicando la complejidad para quienes viven o gestionan recursos cerca de la costa.

    Los desafíos para la planificación costera y los modelos climáticos

    Las plataformas continentales amplias y las costas tropicales y polares figuran entre las zonas más afectadas por el aumento del nivel del mar

    La omisión de estos efectos en los modelos tradicionales del nivel del mar significa que urbanistas y gobiernos suelen no contemplar la verdadera magnitud del riesgo. El estudio calcula que alrededor del 15 % de la variación debido a la redistribución de la masa oceánica no está incluida, por lo que las previsiones actuales tienden a quedarse cortas.

    Este desfase reviste importancia para las ciudades costeras y los países insulares, que pueden enfrentar aumentos mayores, oleajes más intensos y mayores daños sobre infraestructuras críticas, así como costes superiores de adaptación. Un pequeño incremento puede modificar la frecuencia e intensidad de episodios de inundaciones.

    El equipo investigador sugiere incorporar la física de la GRD y la deformación de la corteza en futuros modelos y políticas de adaptación. De esa manera, los responsables dispondrían de información más precisa y actualizada para ajustar sus estrategias ante el cambio climático y las nuevas condiciones del nivel del mar.

    Al comprender y sumar estos factores físicos en el análisis, los expertos sostienen que se adquiere una visión más realista sobre los riesgos para millones de personas, replanteando las estrategias ante el avance continuo de las aguas. Considerar la influencia de la gravedad y el desplazamiento de la Tierra, antes relegada, ya es imprescindible para anticiparse a los próximos cambios del mar.

  • Ola de calor histórica sacude a Europa y ya dejó al menos doce muertos

    Ola de calor histórica sacude a Europa y ya dejó al menos doce muertos

    Las temperaturas pulverizan récords centenarios en el Reino Unido, Francia, España e Irlanda. Adolescentes ahogados en lagos y víctimas durante competencias deportivas encabezan el balance de una crisis climática que ya no respeta estaciones

    Una ola de calor excepcional golpea esta semana a buena parte de Europa occidental, con temperaturas que rompen marcas históricas para el mes de mayo y una escalada de muertes que las autoridades vinculan directamente al calor extremo. El fenómeno, impulsado por un “domo de calor” —una masa de aire caliente atrapada por un sistema de alta presión procedente del norte de África— ha sorprendido a poblaciones y gobiernos en plena primavera.

    El Reino Unido rompe su propio récord dos días seguidos

    Vecinos de Letchworth Garden City, en el condado de Hertfordshire, se refrescan en una piscina al aire libre mientras el Reino Unido registraba temperaturas récord para mayo. Cuatro adolescentes murieron ahogados en lagos y embalses del país durante la misma jornada. (Joe Giddens/PA vía AP)

    El termómetro en los jardines de Kew, en Londres, marcó 35,1 grados Celsius el martes, superando el máximo de 34,8 °C registrado apenas 24 horas antes en el mismo punto. Ambas lecturas pulverizan el récord histórico de 32,8 °C fijado en 1922 —e igualado en 1944—, según confirmó el servicio meteorológico británico Met Office.

    La noche del lunes fue además una “noche tropical”, denominación técnica para aquellas en que la temperatura no baja de 20 °C, un fenómeno inusual en las islas británicas.

    Un hombre se hidrata frente al Palacio de Westminster, sede del Parlamento británico, durante la jornada en que Londres registró su temperatura más alta en un mes de mayo desde que hay registros. (AP Photo/Kin Cheung)

    Al menos cinco personas murieron en el país en circunstancias relacionadas con el calor. Cuatro adolescentes fallecieron ahogados en lagos y embalses del interior de Inglaterra —en Halifax, Warwickshire, Rotherham y East Yorkshire— durante el fin de semana largo, cuando cientos de miles de familias se desplazaron hacia entornos de agua dulce. Un hombre de 60 años murió en el mar en el suroeste del país.

    Bañistas y turistas colman la playa de Brighton, en el sur de Inglaterra, durante la ola de calor que convirtió al 26 de mayo de 2026 en el día más caluroso registrado en el Reino Unido para ese mes, con 35,1 °C en los jardines de Kew, en Londres. (Gareth Fuller/PA vía AP)

    Las autoridades sanitarias emitieron una alerta ámbar para gran parte del territorio hasta el jueves, advirtiendo sobre el riesgo para personas mayores y grupos vulnerables. El Reino Unido no está equipado para estas temperaturas: la mayoría de los hogares, escuelas y oficinas carece de aire acondicionado. Los trenes desde la estación de Waterloo sufrieron interrupciones, y en Edimburgo los bomberos combatieron durante la noche un incendio de pastizales en Arthur’s Seat, la colina volcánica que domina la ciudad.

    Francia: siete muertos y competencias deportivas en jaque

    Parisinos buscan alivio del calor a orillas del Sena, con una obra del artista callejero JR sobre el Puente Nuevo de fondo, un día antes de que Francia registrara su temperatura más alta en un mes de mayo desde que hay registros. (AP Photo/Michel Euler)

    En Francia, la portavoz del gobierno, Maud Bregeon, confirmó al menos siete muertes posiblemente vinculadas al calor: cinco ahogados y dos personas fallecidas durante competencias deportivas, una en París el domingo y otra en Lyon el lunes. El Gobierno evalúa suspender las competiciones.

    Météo-France registró el lunes un récord nacional de temperatura para mayo, con 36 °C en el suroeste. Ocho departamentos del oeste permanecen en alerta naranja, algo inédito en este mes. El primer ministro Sébastien Lecornu presidirá el jueves una reunión interministerial para evaluar la respuesta de los servicios públicos.

    Una persona se refresca en una fuente frente a la Torre Eiffel cuando París alcanzó los 34 °C, en el marco de la ola de calor que dejó al menos siete muertos en Francia, cinco de ellos ahogados. (REUTERS/Tom Nicholson)

    En las playas del Atlántico, donde los socorristas estacionales aún no están desplegados —la temporada oficial no ha comenzado—, las corrientes de resaca cobraron dos víctimas el fin de semana en la región de Gironda. La prefecta Sophie Brocas pidió a los bañistas “la máxima prudencia”.

    España, Portugal e Irlanda también baten marcas

    Una madrileña sostiene un vaso de horchata en el último quiosco tradicional de bebidas de Madrid, refugio de locales y turistas durante la ola de calor que llevó los termómetros a rozar los 40 °C en la península ibérica. (REUTERS/Violeta Santos Moura)

    En España, el termómetro rondará los 37 y 39 grados este martes en el sur y el oeste peninsular, con Sevilla alcanzando los 38 °C el fin de semana. La Aemet prevé que los valores más extremos se registren entre el miércoles y el viernes, con posibles máximas de 40 grados. Santander, en el norte, marcó 37,1 °C, un récord histórico para mayo en la ciudad. Cantabria activó alerta roja.

    El artista español Javier Toro Truncer posa con su obra recién pintada frente a la plaza de toros de Ronda mientras turistas se protegen del sol con paraguas, en una jornada en que varias regiones de España batieron récords de temperatura para el mes de mayo. (REUTERS/Jon Nazca)

    Irlanda registró el martes 29,7 °C en la localidad de Carlow, nuevo récord para mayo en el país. En Dublín, residentes y turistas se agolparon en las piletas del puerto de Dún Laoghaire y en el tradicional punto de baño de Forty Foot en Sandycove.

    En Portugal, siete regiones del centro y sur están en alerta amarilla, con temperaturas de hasta 38 °C y riesgo máximo de incendio en una decena de localidades del sur.

    De Berlín a los Balcanes

    Un hombre se hidrata en una fuente del centro de Roma, donde las temperaturas superaron los 32 °C en plena primavera, mientras Italia enfrenta alertas de calor y restricciones al trabajo al aire libre por el domo de calor que azota Europa. (AP Photo/Gregorio Borgia)

    Aunque Alemania quedó en los márgenes del domo de calor, Berlín registró unos 30 °C y sus habitantes buscaron alivio en el lago Wannsee.

    En Italia, las temperaturas oscilaron entre 31 y 34 °C, con alertas de calor y restricciones al trabajo al aire libre en varias regiones; para mediados de semana se esperan máximas que podrían superar los 35 °C en la llanura padana.

    Bélgica superó el martes el récord para un 26 de mayo, con 29,8 °C. En los Balcanes, Albania rozó su máximo histórico para mayo con 36 °C, Serbia emitió su primera alerta amarilla del año y Croacia alcanzó los 35 °C.

    “Una verdadera locura”

    Bañistas disfrutan del sol en el Marineterrein de Ámsterdam mientras una mujer practica slackline sobre el agua, en una jornada de calor inusual para mayo en los Países Bajos, al norte del domo de calor que bate récords en Europa occidental. (REUTERS/Stelios Misinas)

    Los científicos advierten que fenómenos como este son cada vez más frecuentes e intensos por el cambio climático. “Sabemos sin ninguna duda que las olas de calor como esta se han vuelto más probables y más severas debido al cambio climático”, declaró Peter Thorne, director del Centro de Investigación Climática ICARUS de la Universidad de Maynooth, en Irlanda, citado por AP. “Pero los récords que se están estableciendo, particularmente en el Reino Unido y Francia, son una verdadera locura”, agregó.

    El fenómeno genera una paradoja cultural. Según relatos recogidos por The Guardian en Madrid, París, Londres, Dublín y Berlín, turistas y residentes coinciden en el asombro: visitantes australianos en la Plaza Mayor de Madrid que empacaron ropa de abrigo, familias británicas que cancelaron excursiones en España por el calor, jóvenes parisinos que duermen mal y no pueden estudiar antes de los exámenes finales, y trabajadores berlineses que reconocen que la ciudad no está adaptada para estas temperaturas.

    “Cada año Inglaterra rompe un nuevo récord de calor. Eso no es normal”, dijo al diario británico Cameron, un joven estadounidense de visita en Londres, frente al Palacio de Buckingham.

    La ola de calor se extenderá al menos hasta el jueves en la mayoría de los países afectados.

  • El cambio climático amenaza la seguridad del Mundial 2026

    El cambio climático amenaza la seguridad del Mundial 2026

    Un cuarto de los partidos del Mundial podría disputarse bajo condiciones térmicas que superan los umbrales de seguridad del sindicato mundial de futbolistas. El cambio climático casi ha duplicado ese riesgo desde 1994

    El cambio climático ha disparado el riesgo de que jugadores y aficionados sufran condiciones peligrosas de calor y humedad durante el próximo Mundial de fútbol de 2026, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá, según alerta un reciente análisis.

    Un estudio compara el riesgo térmico del Mundial 2026 con el de 1994

    El estudio, elaborado por el grupo de científicos internacional World Weather Attribution (WWA, revela que tanto futbolistas como seguidores se enfrentarán a un mayor peligro durante el evento deportivo, que arrancará en junio, comparado con el torneo disputado en 1994 en ese mismo país. 

    Teniendo en consideración los horarios de los partidos, los expertos analizaron la probabilidad de que cada uno de los 104 encuentros de la competición se dispute en condiciones que superen las pautas de seguridad clave fijadas por el sindicato mundial de futbolistas FIFPRO. 

    Para llegar a sus resultados, compararon los datos con el riesgo al que se habría enfrentado el torneo si se hubiera disputado en 1994, cuando EE.UU acogió por primera vez partidos del Mundial de la FIFA. 

    El Estadio Azteca de Ciudad de México, sede del partido inaugural del Mundial 2026, es una de las locaciones con menor riesgo térmico del torneo según el análisis de la WWA

    El 25 % de los partidos podría superar los umbrales de seguridad de FIFPRO

    Entre sus conclusiones, observaron que alrededor del 25 % de todos los partidos (26) se jugarán probablemente cuando se sobrepasen los 26 grados de temperatura de globo de bulbo húmedo (WBGT), índice térmico que incluye la temperatura y la humedad y tiene en cuenta la capacidad del cuerpo para refrescarse.  

    Ese es el umbral a partir del cual FIFPRO recomienda aplicar medidas de seguridad, como la refrigeración.

    Se espera que unos cinco partidos se disputarán cuando el WBGT sea de 28 grados, lo que equivale a unos 38 grados en calor seco o 30 grados en condiciones de alta humedad, un nivel que el sindicato considera inseguro para jugar. 

    Desde el Mundial de Estados Unidos en 1994, el riesgo de afrontar condiciones más extremas casi se ha duplicado a consecuencia del cambio climático.

    El grupo de expertos también detectó que, si bien tres sedes cuentan con refrigeración en el interior del estadio, más de un tercio de los partidos de alto riesgo están programados en sedes sin aire acondicionado, entre las que se encuentran Miami, Kansas City, Nueva York/Nueva Jersey y Filadelfia.

    El AT&T Stadium de Dallas, una de las sedes del Mundial 2026, albergará partidos en una región donde el calor extremo representa uno de los mayores riesgos para jugadores y aficionados

    No todas las sedes presentan el mismo nivel de riesgo. Según el análisis de la WWA, Ciudad de México es, gracias a su altitud, una de las locaciones térmicamente más seguras del torneo. Monterrey, en cambio, podría verse afectada en menor medida por el calor extremo, según el mismo estudio.

    Un «riesgo muy real» para jugadores y aficionados

    La investigadora asociada de cambio climático en condiciones meteorológicas extremas del Imperial College de Londres Joyce Kimutai señala que «alrededor de la mitad del cambio climático ocasionado por el hombre ha ocurrido desde que el Mundial se celebrar en 1994 en EE.UU».

    En un comunicado, Kimutai alerta de que «hay un riesgo muy real de afrontar partidos en condiciones que no son seguras ni para jugadores ni aficionados».

    Por su parte, la profesora de Ciencia Climática del mismo centro, Friederike Otto, apunta que la investigación «muestra que el cambio climático está teniendo un impacto real y cuantificable en la viabilidad de celebrar Mundiales durante el verano del hemisferio norte».  

    «Puede que el Mundial de 1994 no resulte especialmente lejano para muchos adultos hoy en día y, sin embargo, la mitad del cambio climático provocado por el ser humano se ha producido desde entonces», declara.

    Otto opina que el hecho de que «uno de los mayores eventos deportivos del planeta se enfrente a un riesgo nada desdeñable de disputarse bajo un calor de ‘nivel de cancelación’ debería ser una llamada de atención para la FIFA y los aficionados y poner de relieve la urgente necesidad de darse cuenta de que no hay aspectos de la sociedad que no se vean afectados por el cambio climático». 

    Con informes de efe, Reuters

  • Estudio alerta sobre extinción masiva de plantas

    Estudio alerta sobre extinción masiva de plantas

    Un estudio con casi 68,000 especies advierte que no basta con mover las plantas a otros lugares: mientras el hábitat se destruye, reducir emisiones y restaurar ecosistemas se vuelve la única salida real

    La pérdida de hábitat asociada a los impactos del cambio climático podría impulsar la extinción de entre el 7 y el 16 % de las plantas conocidas a finales de siglo, según un estudio recogido en Science, que advierte de que la restauración ecológica será clave para evitar esta pérdida. 

    Partiendo de una gran base de datos de casi 68,000 especies de plantas, que constituyen el 18 % de la flora mundial, un grupo de investigadores de varias universidades estadounidenses ha proyectado la distribución de estas especies hasta el año 2100 teniendo en cuenta los impactos climáticos previstos en su hábitat, como sequías u olas de calor.

    Hasta el 16 % de las especies vegetales, en riesgo de extinción

    Sus resultados indican que entre el 7 % y el 16 % de las especies vegetales estudiadas a nivel mundial perderían más del 90 % de su área de distribución, lo que las expondría a un elevado riesgo de extinción para 2100 según las proyecciones actuales sobre el cambio climático.

    Las tasas más altas de extinción se prevén en el sur de Europa, el oeste de Estados Unidos y el sur de Australia, lo que supondría un riesgo tanto para especies vegetales ancestrales como para aquellas de importancia económica, como es el caso de especies de árboles que son claves para la industria maderera.

    «Esto sugiere que las estrategias de conservación centradas en la migración asistida, en las que las personas facilitan los desplazamientos de las especies, podrían no reducir las extinciones de plantas a nivel mundial provocadas por el cambio climático», apunta una de las autoras, Xiaoli Dong, profesora de la Universidad de California en Davis.

    Los bosques del sur de Europa figuraron entre las regiones con mayor riesgo de pérdida de especies vegetales por el cambio climático

    Reducir emisiones y restaurar hábitats, las claves

    Y es que «lo que provoca la extinción no es que las plantas no se desplacen lo suficientemente rápido, sino que los impactos climáticos destruyen el hábitat apto para las plantas. Si nuestra prioridad es evitar la extinción hemos de reducir drásticamente nuestras emisiones», añade en un comunicado.

    Combinar esos esfuerzos con la restauración ambiental del hábitat y la protección de refugios frente al cambio climático podría resultar la estrategia más eficaz para evitar las extinciones, destacan los autores. 

    Algunas regiones ganarán biodiversidad vegetal

    Los cambios en la distribución de las plantas por los impactos climáticos pueden, sin embargo, aumentar la riqueza de especies vegetales en el 28 % de la superficie terrestre, donde habrá especímenes que se acumulen en algunas zonas que actúen como ‘refugio climático’. 

    «Las zonas que probablemente ganen en riqueza de especies vegetales se encuentran principalmente en regiones húmedas o en aquellas que se prevé que se vuelvan más húmedas, como el este de Estados Unidos, India, el sudeste asiático y el sur de Sudamérica», afirma otra de las autoras, Junna Wang, investigadora en la Universidad de Yale.

    Los investigadores apuntan a que esta gran reorganización de las plantas a nivel mundial por los efectos del cambio climático, «requerirá nuevas formas de pensar en la conservación de la biodiversidad».

    «Las cosas van a cambiar y tenemos que adaptarnos, el mundo vegetal va a experimentar una gran transformación respecto a cómo lo recordamos en los últimos 40 años», señala Wang.

    El sur de Australia fue identificado como una de las regiones con mayores tasas proyectadas de extinción vegetal para finales de siglo

    Bancos de semillas y jardines botánicos, refugios ante la crisis climática

    El estudio también destaca el importante papel que tendrán, en este contexto, los bancos de semillas, los jardines botánicos y los lugares que pueden servir como refugios climáticos para plantas. Todos ellos serán clave evitar la extinción de especies.

    No obstante, los autores indicen en que la buena gestión de los ecosistemas y las labores de restauración ecológica serán fundamentales para que las especies en movimiento encuentren un hogar. 

    Con informes de efe, Science

  • “Super Niño” eleva alerta climática desde México hasta Brasil, arrasando a Centroamérica

    “Super Niño” eleva alerta climática desde México hasta Brasil, arrasando a Centroamérica

    Los principales centros meteorológicos del mundo han comenzado a converger en un escenario que, aunque todavía sujeto a incertidumbre científica, preocupa crecientemente a gobiernos y organismos humanitarios: la posible formación de un evento fuerte de El Niño-Oscilación del Sur durante el segundo semestre de 2026, con capacidad de alterar severamente los patrones de lluvia y temperatura desde México hasta Sudamérica, particularmente en el corredor seco centroamericano.

    Modelos recientes de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), el European Centre for Medium-Range Weather Forecasts (ECMWF) y la World Meteorological Organization (OMM) muestran un rápido calentamiento de las aguas superficiales y subsuperficiales del Pacífico ecuatorial, condición característica del desarrollo de El Niño. 

    Aunque los científicos aún evitan afirmar categóricamente que se tratará de un “Super Niño” —categoría reservada a episodios extremadamente intensos como los de 1982-83, 1997-98 y 2015-16—, varios modelos del ECMWF ya contemplan anomalías oceánicas superiores a 2 °C hacia finales de año, umbral asociado históricamente a eventos de gran impacto global. 

    Centroamérica: la región más vulnerable

    Pocas regiones aparecen tan expuestas como Centroamérica. Desde el istmo de Tehuantepec, en el sur de México, hasta Panamá, la posible intensificación de El Niño amenaza con profundizar sequías, reducir cosechas y tensionar sistemas hídricos ya debilitados por años consecutivos de estrés climático.

    Un Super Niño ocurre cuando la temperatura del mar en la región Niño 3.4 supera los 2 grados por encima de la media durante varios meses consecutivos

    El fenómeno tiende a desplazar humedad hacia otras regiones del Pacífico, reduciendo lluvias en amplias zonas del istmo centroamericano, especialmente durante la canícula ampliada entre julio y septiembre. 

    En El Salvador, donde gran parte de la agricultura depende todavía de lluvias estacionales y pequeños productores, el impacto podría ser especialmente sensible. Cultivos básicos como maíz y frijol enfrentan riesgo de pérdidas por déficit hídrico y altas temperaturas, particularmente en departamentos del oriente y norte del país.

    El llamado “corredor seco centroamericano”, que atraviesa Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, concentra a millones de personas en condiciones de vulnerabilidad alimentaria. Organismos regionales han advertido en años anteriores que fenómenos intensos de El Niño han provocado pérdidas agrícolas superiores al 50% en algunas zonas rurales.

    Riesgo de inseguridad alimentaria

    El principal temor no es únicamente meteorológico, sino humanitario.

    La reducción de lluvias afecta:

    • disponibilidad de agua;
    • producción agrícola;
    • generación hidroeléctrica;
    • y precios de alimentos básicos.

    En regiones altamente dependientes de agricultura de subsistencia, esto puede traducirse en incremento de migración, endeudamiento rural y deterioro nutricional.

    Expertos climáticos recuerdan que los eventos intensos de El Niño históricamente han coincidido con crisis alimentarias en distintas partes del mundo tropical. El episodio de 1997-98, considerado uno de los más severos del siglo XX, dejó pérdidas multimillonarias en agricultura y pesca en América Latina.

    El factor cambio climático

    Uno de los elementos que más preocupa a la comunidad científica es la interacción entre El Niño y el calentamiento global.

    El ECMWF advirtió recientemente que los océanos presentan temperaturas de base más elevadas que en eventos comparables anteriores, lo que podría amplificar los efectos del fenómeno. 

    Según la NOAA un Super Niño eleva el riesgo de sequías inundaciones y olas de calor en regiones vulnerables del continente

    La OMM señaló además que existe una “alta confianza” en el desarrollo del evento durante 2026, aunque insistió en que todavía persiste el llamado “spring predictability barrier”, un período de incertidumbre estacional que dificulta determinar con precisión la intensidad final del fenómeno. 

    En términos prácticos, esto significa que:

    • la llegada de El Niño es cada vez más probable;
    • pero su magnitud exacta todavía no puede determinarse plenamente.

    Posibles efectos regionales

    Los escenarios climáticos preliminares sugieren:

    • sequías más severas en Centroamérica y el Caribe;
    • reducción de lluvias en el norte de Sudamérica y Brasil;
    • temperaturas por encima de lo normal en amplias zonas tropicales;
    • y alteraciones en temporadas agrícolas y pesqueras. 

    En contraste, otras regiones del continente podrían experimentar lluvias excesivas e inundaciones.

    Preparación antes que alarmismo

    Los organismos científicos insisten en que el objetivo de las alertas tempranas no es generar pánico, sino permitir preparación anticipada.

    La NOAA ha comenzado incluso a actualizar sus índices de monitoreo ENSO para mejorar sistemas de alerta de sequía y planificación agrícola. 

    Para Centroamérica, la recomendación principal gira en torno a:

    • fortalecimiento de reservas de agua;
    • planificación agrícola adaptativa;
    • monitoreo de seguridad alimentaria;
    • y coordinación regional de protección civil.

    Una amenaza silenciosa

    A diferencia de huracanes o terremotos, El Niño no produce destrucción inmediata visible. Su impacto es gradual y acumulativo: cosechas que fallan, embalses que descienden, precios que suben y poblaciones rurales que pierden resiliencia.

    Por eso, aunque el escenario todavía está rodeado de incertidumbre científica, la posibilidad de un evento fuerte o incluso extraordinario durante 2026 comienza a ser observada con creciente preocupación en los centros climáticos internacionales.

    Para países vulnerables como El Salvador, el desafío no será únicamente meteorológico, sino económico y social.

  • Expertos ven peligro en corriente atlántica debido a ralentización

    Expertos ven peligro en corriente atlántica debido a ralentización

    Expertos estiman que la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC) podría ralentizarse un 51 % para 2100, superando todas las proyecciones anteriores.

    Un sistema de corrientes clave del océano Atlántico que contribuye a regular el clima del planeta podría debilitarse más de lo previsto para 2100, con consecuencias potencialmente devastadoras en todo el mundo, según revela un nuevo estudio.

    Conocido como Circulación de Retorno del Atlántico Meridional (AMOC, por sus siglas en inglés), este sistema actúa como una cinta transportadora de corrientes y desempeña un papel crucial en la redistribución del calor, llevando aguas más cálidas desde los trópicos hacia el norte.

    Un colapso del AMOC podría provocar inviernos más rigurosos en el norte de Europa, sequías en el sur de Asia y en la región del Sahel africano, y un aumento del nivel del mar en América del Norte, entre otras consecuencias.

    Para Centroamérica las consecuencias serían radicalmente distintas y potencialmente devastadoras para la seguridad alimentaria.

    1. El «Desplazamiento» de las Lluvias hacia el Sur

    La AMOC transporta calor hacia el Hemisferio Norte. Si se debilita, el Atlántico Norte se enfría, lo que provoca un empuje de la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT) —la banda de nubes y lluvias que rodea la Tierra— hacia el sur de su posición habitual.

    Para Centroamérica, esto se traduce en una reducción drástica de las precipitaciones anuales. Estudios recientes (como los de la Universidad de Colorado Boulder) sugieren que incluso una ralentización moderada podría reducir las lluvias en la región hasta en un 20% a 30%.

    2. Agudización del Corredor Seco

    Este fenómeno golpearía directamente las zonas más vulnerables de El Salvador, Honduras y Guatemala.

    • Sequías Prolongadas: Los periodos de canícula podrían extenderse, dificultando los ciclos de siembra que tú manejas (como el ayote o el brócoli), que dependen de ventanas de humedad muy específicas.
    • Incertidumbre en la Siembra: La predictibilidad de las lluvias, base de la agricultura tradicional y de precisión, se perdería, aumentando el riesgo de pérdida de cosechas por estrés hídrico.

    3. Alteración en la Intensidad de los Huracanes

    Paradójicamente, aunque habría menos lluvia promedio, la dinámica de los ciclones tropicales podría volverse más errática.

    • Al ralentizarse la corriente, las aguas del Caribe y del Atlántico Tropical pueden acumular más calor superficial (al no ser transportado hacia el norte). Esto actúa como «combustible» para huracanes que, aunque podrían ser menos frecuentes debido a cambios en los vientos, serían mucho más intensos y destructivos al tocar tierra.

    4. El Vínculo con el Pacífico (El Niño/La Niña)

    La AMOC influye en la variabilidad global. Su debilitamiento podría forzar estados climáticos que favorezcan episodios de El Niño más frecuentes o severos en el Pacífico, lo cual es históricamente sinónimo de sequía severa para la vertiente del Pacífico centroamericano.

    Un 51% de desaceleración para 2100

    Las proyecciones de modelos climáticos anteriores habían estimado una desaceleración media de alrededor del 32 por ciento para finales de siglo como resultado del cambio climático.

    El estudio más reciente, publicado en la revista Science Advances, estima que el sistema podría ralentizarse un 51 por ciento para 2100 bajo un escenario de emisiones de gases de efecto invernadero de nivel intermedio, con un margen de error de más o menos ocho puntos porcentuales.

    «Obtuvimos una estimación de una futura desaceleración del AMOC que es más severa de lo que esperábamos», declaró a la AFP Valentin Portmann, climatólogo y autor principal del artículo.

    «Estamos más cerca de un estado crítico que es preocupante», advirtió Portmann.

    Un nuevo estudio proyectó una desaceleración del AMOC del 51 % para 2100 bajo emisiones intermedias

    El debate científico sobre el colapso del AMOC

    Predecir qué ocurrirá con el AMOC en el futuro es un tema de debate en la comunidad científica.

    «Existe cierto consenso sobre el hecho de que esta circulación se ralentizará. Pero todavía hay bastante debate sobre la intensidad de esa desaceleración», señaló Florian Sevellec, director de investigación del Centro Nacional Francés para la Investigación Científica (CNRS) en Brest.

    En su informe de 2021, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU indicó que el AMOC «muy probablemente disminuirá» a lo largo de este siglo. Sin embargo, el panel de expertos internacionales también expresó una «confianza media» en que un colapso del AMOC no se produciría antes de 2100.

    El estudio más reciente, realizado por investigadores del CNRS y la Universidad de Burdeos, en el suroeste de Francia, busca «refinar esta estimación de la futura desaceleración» y «reducir la incertidumbre», según Sevellec.

    Si bien casi todos los modelos climáticos predicen una desaceleración del AMOC para 2100, las proyecciones varían enormemente: desde apenas un tres por ciento hasta un 72 por ciento, dependiendo de los distintos escenarios de emisiones.

    Portmann explicó que el nuevo estudio busca acotar esa incertidumbre mediante «restricciones observacionales», un enfoque estadístico que combina observaciones del mundo real con resultados de modelos climáticos.

    Los modelos más pesimistas, los más realistas

    Stefan Rahmstorf, oceanógrafo del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK), señaló que el artículo demuestra que los modelos más pesimistas «son, lamentablemente, los más realistas, en la medida en que coinciden mejor con los datos observacionales».

    Rahmstorf, quien no participó en el estudio, afirmó que esto implica que el AMOC estaría tan debilitado para 2100 que «muy probablemente» estaría «en camino hacia un cierre total».

    Para María Paula Chidichimo, oceanógrafa consultada por el medio especializado Live Science, concentrarse demasiado en la posibilidad de un colapso total del AMOC puede no ser el camino más útil. 

    «Ya tenemos suficiente evidencia científica sobre la variabilidad y la desaceleración del AMOC, y ya estamos experimentando cambios ambientales asociados a esas transformaciones, con importantes impactos socioeconómicos en todo el mundo», señaló. Su conclusión es directa: «Las naciones necesitan prepararse ahora».

    Cambio climático: las señales ya están en marcha

    Fabien Roquet, profesor de oceanografía física en la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, consideró el estudio interesante, aunque advirtió que otro equipo que empleó un método similar llegó a conclusiones opuestas el año pasado.

    «Lo que sí es seguro, sin embargo, es que el clima se está calentando rápidamente», afirmó Roquet. «Tanto si el AMOC se debilita como si no, los cambios a gran escala ya están en marcha… y deberían intensificarse en las próximas décadas».

    «El debate no ha terminado», subrayó Sevellec, quien tampoco formó parte del equipo investigador pero cuya tesis sobre el AMOC fue utilizada en el estudio. «Un solo artículo no zanja un debate científico».

    Con informes de afp, Live Science, Science Advances

  • Las olas de calor marinas y cómo potencian el impacto de los huracanes en zonas costeras

    Las olas de calor marinas y cómo potencian el impacto de los huracanes en zonas costeras

    Un reciente informe científico investigó el impacto de este fenómeno y propuso estrategias de prevención

    La información presentada por el coautor del estudio, Gregory Foltz, oceanógrafo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), arroja una nueva luz sobre la relación directa entre las olas de calor y la intensificación de las tormentas.

    Foltz afirmó que “estas olas de calor marinas afectan a más de la mitad de los ciclones tropicales que llegan a tierra” y que “se presentan con mayor frecuencia cerca de la costa”, por lo que considera necesario advertir sobre el incremento del potencial destructivo de estos fenómenos cada vez que una tormenta cruza estas aguas.

    Investigaciones previas ya habían establecido el rol del agua cálida en la alimentación y fortalecimiento de los ciclones tropicales. Este estudio agrega evidencia cuantitativa y reciente sobre el fenómeno. Soheil Radfar, autor principal y científico especializado en modelos de riesgo de huracanes en la Universidad de Princeton, precisó que la mayor severidad observada no puede atribuirse al crecimiento del desarrollo costero.

    Investigadores de la NOAA confirman que más de la mitad de los ciclones tropicales que tocan tierra pasan por aguas oceánicas anómalamente cálidas

    Para sustentar esta afirmación, el estudio comparó tormentas que pasaron sobre olas de calor marinas e impactaron en zonas urbanizadas, contra otras que alcanzaron áreas igualmente urbanizadas pero sin atravesar aguas inusualmente cálidas, señaló Radfar.

    En la actualidad, la intensificación acelerada de los huracanes representa “un verdadero desafío para el medio ambiente costero en las próximas cuatro décadas”, anticipó Radfar, citando como consecuencia fundamental la previsión de “más desastres multimillonarios” derivados de este proceso.

    Huracanes recientes como ejemplos de amplificación destructiva

    El ciclo observado recientemente incluye casos notables que ilustran la mecánica señalada por el estudio. En 2023, el huracán Otis pasó de tormenta tropical a huracán de categoría 5 en tan solo veinticuatro horas, tras recorrer aguas excepcionalmente cálidas antes de impactar cerca de Acapulco, México.

    De acuerdo a los datos referidos por los investigadores, Otis dejó daños por USD 16.000 millones y provocó 52 muertes, registrando vientos de 265 km/h (165 mph).

    Expertos advierten que el calentamiento global intensifica la frecuencia y la proximidad de las olas de calor marinas a las costas, elevando los riesgos para comunidades y ecosistemas

    De forma similar, Hamed Moftakhari, coautor y profesor de ingeniería costera en la Universidad de Alabama, enfatizó que la secuencia de los huracanes Helene y Milton en la costa oeste de Florida evidencia la rapidez con la que eventos de este tipo pueden sucederse. Moftakhari señaló que “la historia de Helene y Milton demuestra que si el océano se calienta, se dan las condiciones ideales para intensificar los ciclones tropicales, incluso en cadena”, permitiendo que “dos huracanes que se intensificaron rápidamente podrían tocar tierra en pocas semanas”.

    Estas experiencias recientes refuerzan la advertencia de los científicos sobre la potencialidad de que múltiples ciclones extremadamente dañinos impacten regiones costeras en cortos periodos, agravando no solo riesgos económicos, sino también sociales y ambientales.

    Consecuencias y respuestas

    Moftakhari subrayó las implicaciones para la ingeniería costera y la gestión de riesgos, advirtiendo que los gobiernos deberán replantear cómo planifican, diseñan y responden a peligros de esta magnitud. El especialista puntualizó que la planificación de evacuaciones debe considerar la posibilidad de una intensificación súbita en zonas bajo olas de calor marinas, lo que justifica la activación más temprana de alertas y mecanismos de control.

    La modernización de sistemas de drenaje y diques se vuelve indispensable ante la previsión de tormentas más severas debido al calentamiento de los océanos

    En términos de infraestructura, Moftakhari propuso que “los diseños de protección contra inundaciones, sistemas de drenaje y diques deben actualizarse para adaptarse a la nueva realidad de tormentas cada vez más intensas”. La revisión sistemática de estos sistemas resulta imprescindible para evitar daños catastróficos en un contexto donde las condiciones extremas oceánicas pueden cambiar el escenario de riesgo en cuestión de horas.

    Este bloque responde directamente a la pregunta central planteada por el artículo: las olas de calor marinas están impulsando que los huracanes y ciclones tropicales se intensifiquen más rápido, provocando un aumento significativo en los daños materiales y humanos al tocar tierra. El fenómeno, agravado por el cambio climático y el calentamiento global de los océanos, exige que autoridades y comunidades costeras adapten sus estrategias de gestión, evacuación y diseño de infraestructuras para enfrentar tormentas potencialmente más destructivas en el futuro.

    Expertos ajenos al equipo investigador confirmaron la solidez de las conclusiones. El profesor Brian Tang, titular de ciencias atmosféricas en la Universidad de Albany, declaró que “el cambio climático está provocando olas de calor marinas más intensas y de mayor duración” y que “los ciclones tropicales obtienen su energía y generan fuertes lluvias mediante la evaporación de las cálidas aguas oceánicas”. Tang consideró “razonable pensar que las olas de calor marinas intensifican los huracanes, siempre que otras condiciones ambientales sean favorables para ese proceso”, y advirtió que “las probabilidades están en su contra”, en referencia al aumento del riesgo.

    El consenso científico en torno a la relación entre aguas cálidas y actividad ciclónica se ve así reforzado por datos recientes, dotando de mayor certeza a la necesidad de considerar estas variables en la planificación futura.

    Según los expertos, autoridades y meteorólogos deberán incorporar el monitoreo de la temperatura oceánica en los pronósticos y adaptaciones, debido al creciente desafío que representan las olas de calor marinas para el medio ambiente costero

    Intensificación de las olas de calor: causas, frecuencia y nuevos desafíos

    Las olas de calor marinas han aumentado tanto en frecuencia como en extensión a causa del calentamiento global. El estudio detalla que estos eventos ya afectan a más de la mitad de los ciclones tropicales que tocan tierra. Foltz, de la NOAA, recalcó que ahora “se producen más cerca de la costa y con mayor frecuencia”, aumentando los riesgos para asentamientos humanos y ecosistemas.

    Los investigadores proyectaron que el peligro que representan estas olas se incrementará en las próximas décadas. Radfar anticipó que todas estas piezas “van a suponer un verdadero desafío para el medio ambiente costero” y que el costo económico y social de los desastres asociados seguirá escalando proporcionalmente a la temperatura del océano.

    Las autoridades y los planificadores deberán intensificar el monitoreo de la temperatura oceánica y su integración en los pronósticos de ciclones para ajustar las respuestas ante tormentas de rápida intensificación. La actualización y modernización de las políticas de evacuación, así como las obras de defensa costera, serán ejes cruciales para afrontar un escenario de riesgo en continuo aumento.

  • Descubren mecanismo natural en los océanos que podría acelerar el cambio climático

    Descubren mecanismo natural en los océanos que podría acelerar el cambio climático

    Un grupo de científicos identificó un proceso biológico en aguas superficiales marinas que favorece la liberación de metano, un gas con alto potencial de calentamiento atmosférico

    La presencia de metano en las aguas superficiales del océano desafía las expectativas sobre el comportamiento de los gases de efecto invernadero en ambientes bien oxigenados. Conocido por su alta capacidad para retener calor en la atmósfera, se detecta en niveles elevados donde, según los procesos clásicos, no debería producirse.

    Un artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences presenta una investigación del Departamento de Ciencias de la Tierra y Ambientales de la Universidad de Rochester, que aporta una explicación sobre el origen de este fenómeno y anticipa cómo su dinámica podría variar ante el avance del calentamiento global.

    Un eslabón clave en la cadena de gases de efecto invernadero

    El estudio identifica la escasez de fosfato como el factor clave que controla la producción de metano en el océano abierto. Los autores explican que “la mayor parte del metano se libera cuando los microbios, como algunas bacterias, ante la falta de fosfato, degradan compuestos orgánicos para satisfacer sus necesidades de fósforo”.

    El fosfato, esencial para la vida, escasea especialmente en las regiones subtropicales, porque en esas zonas el agua superficial se encuentra aislada de las capas profundas del océano y recibe pocos nutrientes desde el fondo. Esta limitación obliga a los microorganismos a buscar fuentes alternativas de fósforo, lo que desencadena la liberación metano como subproducto. Allí, más del 90% del metano formado logra escapar hacia la atmósfera antes de ser eliminado por otros mecanismos naturales.

    La escasez de fosfato es el factor clave que controla la producción de metano en el océano

    Los investigadores evaluaron diversas teorías sobre el origen del gas en aguas oxigenadas, como su formación durante la fotosíntesis de organismos microscópicos, el metabolismo de animales pequeños del plancton o la descomposición de distintos compuestos orgánicos. Los resultados muestran que solo la relación directa entre la falta de fosfato y la producción de metano consigue explicar los valores elevados observados en la superficie del océano.

    El fenómeno se concentra principalmente en regiones subtropicales, como el Atlántico norte, donde las mediciones de fosfato son especialmente bajas. Según las estimaciones del modelo, cada año se forman más de dos millones de toneladas de metano de origen biológico en la superficie del océano, y más del 90% de ese gas termina liberado en la atmósfera.

    Cómo descifraron los procesos microbianos marinos

    Para llegar a sus conclusiones, el equipo científico empleó un modelo global que se ajustó con datos reales tomados en 11 rutas de investigación en el océano que abarcaron zonas polares y tropicales. Esto permitió analizar cómo se mueve y transforma el metano a diferentes profundidades, así como su intercambio con la atmósfera y su eliminación por procesos naturales.

    El modelo consideró distintas fuentes y mecanismos que podrían explicar la presencia de metano en el océano abierto. Los autores probaron seis hipótesis diferentes, cada una asociada a un posible proceso biológico, y compararon los resultados del modelo con los datos reales para ver cuál encajaba mejor.

    En regiones subtropicales, el agua superficial se aísla de las capas profundas y recibe pocos nutrientes, lo que limita la disponibilidad de fosfato para los microbios

    La única configuración que logró explicar correctamente los valores altos de metano observados en la superficie del océano fue la que vinculó la producción de este gas con la falta de fosfato. Esta versión del modelo reprodujo con mayor precisión los patrones reales, mientras que otras hipótesis no lograron ajustarse a las mediciones.

    También permitió distinguir entre el metano que proviene del contacto con la atmósfera, el que se ha ido acumulando por las actividades humanas desde el año 1700 y el que se produce de manera biológica en la superficie marina.

    Según los resultados, la producción biológica de metano se concentra en regiones donde el fosfato es muy escaso, sobre todo en los océanos subtropicales, como el Atlántico norte. En cambio, en zonas como el Océano Austral, donde el fosfato casi nunca se encuentra en niveles bajos, este proceso casi no ocurre.

    Un ciclo que podría acelerar el cambio climático

    Según los autores, la relación entre la escasez de fosfato y la producción de metano significa que los cambios en el océano causados por el calentamiento global pueden aumentar la cantidad de este gas de efecto invernadero que llega a la atmósfera.

    En el Océano Austral, donde el fosfato casi nunca falta, la producción de metano biológico en la superficie es prácticamente inexistente

    Cuando la temperatura del planeta sube, las capas superficiales del océano se vuelven más estables y se mezclan menos con las aguas profundas, lo que reduce la llegada de nutrientes como el fosfato a la superficie. Esto genera las condiciones ideales para que los microbios que producen metano sean más activos.

    El estudio señala que “el calentamiento futuro del clima intensificará la estratificación del océano y la escasez de fosfato, probablemente fortaleciendo esta fuente natural de metano hacia la atmósfera y contribuyendo a la amplificación de la tendencia de calentamiento”.

    Los modelos utilizados por los investigadores estiman que, si las emisiones globales de gases de efecto invernadero siguen siendo altas, la producción de metano en el océano abierto podría aumentar hasta un 86% para el año 2300, en comparación con los niveles actuales. Este aumento se explica porque se espera que el fosfato superficial disminuya, favoreciendo la actividad de los microbios que liberan metano.

    Si las emisiones globales siguen altas, la producción de metano en el océano podría aumentar hasta un 86% para el año 2300

    Además, el estudio advierte que este mecanismo natural todavía no se incluye en la mayoría de los modelos climáticos globales. Los autores consideran que sumar este proceso a las simulaciones es fundamental para hacer predicciones más precisas sobre el ritmo y la magnitud del cambio climático en el futuro.

    Como afirmó Thomas S. Weber, autor de la investigación, en un comunicado oficial, “nuestro trabajo ayudará a llenar un vacío clave en las predicciones climáticas, que a menudo pasan por alto las interacciones entre el ambiente cambiante y las fuentes naturales de gases de efecto invernadero en la atmósfera”.

  • Mapas satelitales revelan el retroceso de lagos y embalses en todo el mundo

    Mapas satelitales revelan el retroceso de lagos y embalses en todo el mundo

    Las orillas del embalse Amistad, en la frontera entre Estados Unidos y México, han retrocedido varios metros en la última década. Lo que antes era una línea azul profunda hoy es un registro visible de cómo la disponibilidad de agua dulce cambia ante los ojos de quienes dependen de ella. Según la NASA, la historia de este lago no es una excepción, sino parte de una tendencia global que ahora puede medirse con precisión inédita.

    La misión Landsat, gestionada por la NASA, ha permitido crear el primer conjunto de datos global que identifica el año exacto en que ocurrieron cambios permanentes en la superficie del agua en lagos, ríos y embalses. Entre 1984 y 2022, imágenes satelitales han revelado con una resolución sin precedentes donde el agua ha avanzado o retrocedido en cuerpos de agua de todo el planeta. El estudio, publicado en la revista Nature, liderado por el equipo de la Universidad de Southampton, puede detectar modificaciones en arroyos tan estrechos como 30 metros y lagos de apenas 900 metros cuadrados.

    El reto no radica solo en observar el agua desde el espacio, sino en distinguir las alteraciones permanentes de aquellas que se producen por estaciones o eventos climáticos esporádicos. “El conjunto de datos está mostrando, para cada ubicación del planeta, las áreas donde el agua avanzó o retrocedió y el año de ese cambio”, explicó Gustavo Willy Nagel, investigador principal del estudio.

    El embalse Amistad, situado en la frontera entre Estados Unidos y México, refleja la variabilidad en la disponibilidad de agua dulce nasa

    Tecnología satelital: algoritmos que decodifican el agua

    Para lograr este resultado, los científicos emplearon dos algoritmos que analizan el color y la reflectancia del agua en las imágenes satelitales. El primero utiliza el índice mNDWI, que recurre a la banda de infrarrojo de onda corta para identificar la presencia de agua. El segundo, desarrollado por el propio equipo, se llama grNDWI y permite precisar el año en que ocurrieron los cambios irreversibles. Solo se consideraron permanentes aquellos cambios que no se revirtieron durante los 38 años de observación.

    Estos avances ofrecen respuestas a una pregunta crucial para la gestión hídrica: ¿qué fuerza impulsó el descenso o incremento de un lago? “Saber cuándo un lago comenzó a retroceder ayuda a los gestores de recursos hídricos a investigar si la causa fue la sequía, el riego o alguna otra intervención”, agregó Nagel.

    El embalse Amistad, compartido por Estados Unidos y México, es uno de los ejemplos donde la huella del cambio hídrico resulta evidente en las imágenes satelitales. Administrado por la International Boundary and Water Commission (IBWC), este lago artificial es clave para el control de inundaciones, la generación de electricidad y el abastecimiento de agua. Las nuevas bases de datos muestran que entre 2012 y 2016 el nivel de agua descendió de manera significativa, confirmando la tendencia a la reducción observada por las comunidades locales.

    Imágenes satelitales de la NASA revelan cambios permanentes en la superficie de lagos, ríos y embalses a nivel mundial desde 1984 nasa

    3D-LAKES: el mapa subacuático de los lagos del planeta

    El desafío de conocer la capacidad de almacenamiento real de los embalses llevó a un equipo de Texas A&M University a fusionar datos de Landsat con mediciones de altimetría láser del satélite ICESat-2. El resultado es 3D-LAKES, un conjunto de mapas de batimetría que revela la topografía bajo la superficie en más de medio millón de lagos y embalses a nivel global.

    “El conjunto de datos puede apoyar muchas aplicaciones, desde el monitoreo del almacenamiento de agua hasta la mejora de modelos hidrológicos”, afirmó Chi-Hsiang Huang, autor principal del estudio. La información obtenida permite calcular la relación entre el área y la elevación del agua, un dato clave para anticipar el riesgo de inundaciones o estimar el volumen disponible durante periodos secos.

    El estudio publicado en Nature detecta modificaciones en arroyos tan estrechos como 30 metros y lagos de apenas 900 metros cuadrados nasa

    Medir la forma y profundidad de los lagos era, hasta ahora, una tarea costosa y limitada a zonas específicas. El acceso libre a la base 3D-LAKES representa un salto para la gestión de recursos hídricos en regiones tan diversas como el Outback australiano o la Amazonía brasileña.

    La combinación de mapas de transición de agua superficial con la batimetría global genera una herramienta inédita para científicos, responsables políticos y gestores del agua. Estas bases de datos permiten identificar eventos globales de alto impacto, como el retroceso del mar de Aral o la formación de lagos por deshielo en el Tíbet.

    La información satelital no solo se limita a observar, sino que se convierte en un insumo para la toma de decisiones ante escenarios de sequía, crecimiento urbano o cambio climático. 

    “Con este nuevo conjunto de datos, es posible lograr una comprensión más completa de los impactos de los lagos y embalses en la climatología regional, la seguridad hídrica y los servicios ecosistémicos”, concluyó Huilin Gao, líder del equipo de Texas A&M University.

  • Advierten sobre la pérdida acelerada de manglares por el cambio climático

    Advierten sobre la pérdida acelerada de manglares por el cambio climático

    “Los manglares se encuentran entre los ecosistemas más incomprendidos”, describen desde la UNESCO. La importancia de estos bosques costeros, presentes en regiones tropicales y subtropicales, suele ser pasada por alto. “A nivel mundial, una quinta parte de ellos ya ha desaparecido”, advierten. Sin embargo, cumplen un rol fundamental para el clima y la biodiversidad marina.

    Actúan como barreras naturales ante tormentas, erosión e inundaciones, aportan alimento y madera, favorecen la depuración del agua, ayudan a mitigar el cambio climático al almacenar carbono y son refugio para más de 1500 especies de plantas y animales.

    Más allá de ser vulnerables a la contaminación y la deforestación, estos ecosistemas enfrentan una amenaza silenciosa. Recientes investigaciones detectaron que los peces que los habitan están expuestos a condiciones extremas que dificultan su supervivencia, en especial por la reducción del oxígeno disuelto en el agua y el aumento del dióxido de carbono.

    Guardianes del clima como los manglares ven comprometida su función, con impactos directos en la biodiversidad, la pesca y la capacidad de estos bosques de almacenar carbono. Dos estudios científicos recientes analizaron tanto la salud de estos bosques y sus suelos como las presiones que enfrentan frente al cambio climático y la degradación ambiental. Ambos trabajos coinciden en la urgencia de conservar y restaurar estos humedales para evitar pérdidas irreversibles en sus servicios ambientales y en las comunidades que dependen de ellos.

    Manglares bajo presión: los niveles extremos de CO₂ que ponen en riesgo a los peces

    Una quinta parte de los manglares del mundo ya desapareció, advierte la UNESCO, lo que afecta al clima y la biodiversidad marina (Pierre Yves Pascal/U.S. Department of Energy’s Lawrence Berkeley National Laboratory/Handout via REUTERS)

    El equipo liderado por Gloria Reithmaier, del Departamento de Ciencias Marinas de la Universidad de Gotemburgo, evaluó 23 áreas de manglares a nivel global y encontró que estos sistemas ya experimentan condiciones extremas de baja concentración de oxígeno y altos niveles de dióxido de carbono, un fenómeno conocido como hipoxia hipercápnica. Según el estudio publicado en Geophysical Research Letters, estos eventos afectan entre el 34% y el 43% del tiempo en la mayoría de los sitios analizados, con episodios severos en hasta un 32% de los casos.

    La investigación, que analizó los niveles de oxígeno y dióxido de carbono en distintos momentos del ciclo de las mareas, indica que durante la marea baja el oxígeno disminuye y el dióxido de carbono aumenta, mientras que la marea alta aporta agua más oxigenada y reduce el CO₂. Los científicos notaron que en las regiones tropicales, los periodos de marea baja se prolongan, lo que dificulta que especies sensibles, incluidas muchas de interés comercial, puedan ingresar y permanecer en los manglares.

    El calentamiento global agrava este escenario. El equipo modeló diferentes escenarios climáticos hasta 2100 y concluyó que la hipoxia hipercápnica será más frecuente, duradera y severa, con una disminución del oxígeno de hasta 35% y un aumento del CO₂ de hasta 60% en el agua, según los escenarios más pesimistas.

    “Es probable que los peces que más interesan a las personas sean los más afectados”, subrayó Reithmaier. Además, los sistemas tropicales, como los del Amazonas y la India, ya operan cerca de sus límites de tolerancia, por lo que el riesgo de pérdida de especies sensibles es alto.

    Los manglares tropicales ya experimentan condiciones extremas de baja concentración de oxígeno y altos niveles de dióxido de carbono (REUTERS/Amr Alfiky)

    El informe destaca que la biodiversidad de los manglares, clave para la pesca y la economía de muchos países en desarrollo, se verá reducida porque solo las especies más tolerantes sobrevivirán a estas condiciones. Los eventos de hipoxia hipercápnica pueden reducir la fertilidad, impedir la alimentación, ralentizar el crecimiento y provocar la muerte de peces si se prolongan.

    El “corazón” del manglar: crean un índice para medir la vitalidad y recuperación de los suelos

    La asfixia de la fauna marina descrita por el equipo de Reithmaier es solo una cara de la moneda. La otra se esconde bajo la superficie, en el sustrato que sostiene estos bosques. La capacidad de los peces para resistir condiciones extremas de falta de oxígeno y exceso de CO₂ está íntimamente ligada a la salud del suelo, que actúa como el motor químico del manglar. Si el sedimento está degradado, pierde su facultad para procesar nutrientes, filtrar el agua y capturar carbono, lo que agrava la crisis biológica.

    Es en este punto donde una investigación realizada en Brasil cobra una relevancia estratégica, al ofrecer una herramienta precisa para medir si el “corazón” del manglar (su suelo) tiene la vitalidad necesaria para sostener la biodiversidad y seguir enfriando el planeta.

    El equipo liderado por Laís Coutinho Zayas Jiménez y Tiago Osório Ferreira desarrolló un Índice de Salud del Suelo (SHI), por sus siglas en inglés, capaz de medir el funcionamiento de los manglares en distintas condiciones: degradados, restaurados y conservados.

    Restaurar manglares degradados no reemplaza la necesidad de proteger los que ya están en buen estado, advierte la investigación brasileña (AP Foto/Lynne Sladky)

    El SHI, descrito en el artículo publicado en Scientific Reports, integra variables físicas, químicas y biológicas que reflejan la capacidad del suelo para almacenar carbono, inmovilizar contaminantes y reciclar nutrientes. El índice se expresa en una escala de 0 a 1, donde 0 representa el peor estado posible de salud del suelo y 1 corresponde al máximo funcionamiento.

    Los resultados de su aplicación en el estuario del río Cocó, en el noreste de Brasil, muestran que los manglares maduros alcanzan valores de 0,99, mientras que los degradados apenas llegan a 0,25. Las áreas replantadas de 9 y 13 años presentan valores intermedios de 0,37 y 0,52, lo que indica una recuperación gradual, aunque aún incompleta.

    “Mi sueño ahora es usar el Índice de Salud del Suelo en la práctica. Demostrar a mis colegas, los administradores, que es posible analizar si un manglar que se ha recuperado está produciendo plenamente servicios ecosistémicos y cuánto tiempo tarda en hacerlo”, explicó Jiménez en declaraciones recogidas por la Agência FAPESP.

    Por su parte, Ferreira resaltó que el índice facilita la comunicación entre científicos, tomadores de decisiones y comunidades locales, ofreciendo una herramienta concreta para monitorear y planificar la conservación.

    El proyecto Mangrove Breakthrough estima que los manglares almacenan más de 22 gigatoneladas de CO₂, perder solo el 1% implicaría emisiones masivas (EFE / Bienvenido Velasco)

    La investigación destaca la importancia de las funciones del suelo para que los manglares conserven su capacidad de almacenar carbono y retener contaminantes, procesos que dependen tanto de la composición del suelo como de la actividad de los microorganismos. Además, advierte que algunos servicios, como la protección frente a la erosión costera, pueden requerir más tiempo para recuperarse, por lo que restaurar humedales degradados no reemplaza la necesidad de proteger los que se encuentran en buen estado.

    Por qué restaurar no reemplaza la necesidad de conservar

    Ambos estudios coinciden en que la degradación de los manglares y el aumento de las condiciones extremas en sus aguas y suelos representan una amenaza directa para la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la capacidad de mitigación climática de estos ecosistemas. Según la investigación brasileña, se perdieron entre el 30% y el 50% de los manglares del mundo en los últimos 50 años, y la tendencia podría acelerarse por el cambio climático, la deforestación y la expansión urbana.

    El proyecto global Mangrove Breakthrough estima que los manglares almacenan el equivalente a más de 22 gigatoneladas de CO₂ y advierte que perder solo el 1% de los manglares restantes implicaría liberar emisiones comparables a las que generan 50 millones de automóviles cada año.

    La degradación de los manglares amenaza la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la capacidad de mitigación climática de estos ecosistemas (REUTERS/Jose Cabezas)

    Mientras tanto, la investigación de Reithmaier y su equipo proyecta que en 2100 los eventos de hipoxia severa podrían multiplicarse por 15, y que el 86% de las áreas estudiadas experimentarán, al menos, hipoxia leve bajo escenarios de olas de calor. Esta situación compromete el desarrollo y supervivencia de especies de interés pesquero, como la Gerres oyena, el Pomadasys argenteus y el Lethrinus lentjan, fundamentales para las economías locales en países tropicales.

    “Aunque la recuperación de los manglares puede ser rápida si se cuenta con restauración asistida y condiciones adecuadas, esto no justifica dejar de protegerlos ante nuevas amenazas”, advirtió Jiménez. La ciencia ofrece herramientas y datos para guiar acciones urgentes de conservación y restauración, pero la presión sobre estos guardianes del clima continúa creciendo en paralelo al avance del cambio climático y la actividad humana.