Uno de los rehenes de la toma de la embajada de EEUU en Irán criticó el acuerdo nuclear

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Rick Kupke fue uno de los 52 secuestrados que soportaron los 444 días de cautiverio en la crisis que se desató en 1979. Hoy, a la distancia, sigue sin confiar en los persas. “Nunca van a cumplir el pacto”, advierte.

Más de tres décadas lejos de Irán no fueron suficientes para cambiar la opinión de Rick Kupke: acodar con el régimen es un error. Este texano, que soportó más de un año de cautiverio en la toma de rehenes de la embajada estadounidense en Teherán, reafirma su análisis en este pacto, el del Grupo de los 5+1 con los persas.

“Este es probablemente el peor acuerdo que he visto en mi vida”, dijo Kupke, uno de los 52 estadounidenses mantenidos como rehenes en Irán durante 444 días hace 36 años. “No sé por qué creen que los iraníes van a acatar cualquier acuerdo. Nunca lo hacen”, afirmó para el diario Star Telegram. “Creo que va a desencadenar una carrera de armas nucleares “, agregó.

Kupke, de 68 años, dijo que siguió las novedades del acuerdo en la TV y en los diarios e, incluso, habló sobre el pacto con alguno de sus compañeros de cautiverio. “Ellos creen que el acuerdo va a terminar en fracaso. Y están decepcionados porque, aun con todas las negociaciones, siguen presos los cuatro estadounidenses en Irán”.

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Jason Rezaian, corresponsal en Teherán del Washington Post, fue detenido en julio de 2014 junto a su esposa, Yeganeh Salehi, luego liberada bajo fianza, por motivos que nunca fueron explicitados. Amir Hekmati, un ex marine, está preso desde 2011. Declarado culpable de espionaje para la CIA, fue condenado a muerte en enero de 2012, pero el fallo fue anulado por la Corte Suprema y la pena conmutada por diez años de prisión. El pastor protestante iraní-estadounidense Said Abedini fue arrestado en septiembre de 2012, acusado de haber “perturbado la seguridad nacional” con sus actividades religiosas y condenado a ocho años de cárcel. Y el ex agente del FBI Robert Levinson, de 67 años, desapareció misteriosamente hace ocho años en la isla iraní de Kish.

“Dejar a los cuatro rehenes pudrirse allí me parece horrible”, dijo Kupke, un diplomático retirado. “Un rehén estadounidense es un rehén estadounidense, no una prioridad menor”, agregó enojado.

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El calvario en Teherán

En 1979, Kupke estaba cifrando masajes en el interior de la embajada de EEUU en Irán cuando fue invadida por los terroristas. Después de destruir las máquinas de teletipo y todo el material sensible, fue el último de los estadounidenses en rendirse.

Los secuestradores exigían que el impopular shah Mohammed Reza Pahlavi, que había viajado a EEUU, volviera a Irán. Cuando los estadounidenses se negaron a negociar, los 52 rehenes permanecieron cautivos por más de 14 meses. La mayor parte del tiempo tuvieron los ojos vendados y no podían hablar entre ellos.

En lo que Kupke llama el primer enfrentamiento de EEUU con el terrorismo, los rehenes sufrían golpizas, los aislaban y los sometían a falsos fusilamientos. Después de esos 44 días, el 20 de junio de 1981, fueron liberados. Para ese entonces el presidente era Ronald Reagan y el Shah había muerto en 1980 en Egipto.

Kupke se alejó lo más que pudo de Irán. Con el tiempo se fue a vivir a Arlington, Texas, con su mujer, Linda. Pero nunca dejó de estar al corriente de lo que allí sucedía. De hecho, el periódico Star Telegram cuenta que se suscribió al servicio de alertas de Google para estar siempre informado sobre las negociaciones nucleares.

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El martes pasado, las potencias lideradas por EEUU alcanzaron un acuerdo con Irán sobre su programa nuclear. Resistido por varios sectores de la propia sociedad estadounidense y por países tradicionalmente aliados, como Israel, ahora deberá pasar el filtro del Capitolio.

La comisión de Asuntos Exteriores del Senado, presidida por el republicano Bob Corker, anunció que la primera audiencia sobre Irán tendrá lugar el 23 de julio con John Kerry, así como con el secretario del Tesoro, Jacob Lew, y el de Energía, Ernest Moniz, que tuvo un papel clave en las negociaciones con Teherán en los últimos meses. Los altos funcionarios tendrán que dar explicaciones también ante la Cámara de Representantes, aunque aún no se ha fijado la fecha de esa audiencia.

El gobierno de Barack Obama deberá convencer al menos a un tercio del Congreso, dominado en ambas cámaras por los republicanos, de no obstaculizar el levantamiento de las sanciones al que Washington se comprometió como contrapartida de las concesiones iraníes en el marco del acuerdo nuclear firmado en Viena.

El Congreso dispone de 60 días a partir de la presentación del documento del acuerdo de Viena, para aprobarlo o desaprobarlo.