!Tocando fondo!

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Por Mauricio Eduardo Colorado.-

Los últimos sucesos provenientes de las pandillas deberían de ponernos en una alerta máxima, porque denotan una crisis de seguridad e institucional de grandes dimensiones y de grandes riesgos que pueden significar la gran diferencia entre un estado de derecho o un estado fallido que nos arrastre a un precipicio profundo del cual será muy difícil salir.

Nos referimos a dos hechos alarmantes como son A) El hecho de que las pandillas se den el lujo de intimidar a las comunidades para que firmen peticiones de que la PNC, retire los puestos en los territorios controlados por ellos, o por lo menos en los que tienen enorme control al grado de atreverse a pedir públicamente, por escrito y a la luz del día. Sin tapujos ni vergüenza, que la población solicite tan inusitada petición. B) El espeluznante hecho ocurrido en la comunidad  Tutunichapa en donde se dio el inconcebible suceso, de que cuatro agentes del cuerpo de seguridad, fueron secuestrados, encerrados y vapuleados por miembros de las pandillas que presuntamente tenían la intención de asesinarles a golpes, y que por intención de un aviso telefónico anónimo, rápidamente atendido por la autoridad, logró rescatar a los privados ilegalmente de libertad, y revirtieron los hechos con la prontitud debida, para lograr rescatarlos con vida.

Diariamente los salvadoreños observamos como el tema de la delincuencia avanza en todo el país, sin que se encuentre una solución eficaz. Las autoridades legalmente instaladas, se encuentran voluntaria o involuntariamente (no lo sabemos a ciencia cierta) reflejando una impresión de incapacidad para enfrentar este delicado problema, distrayendo a la comunidad con programas ineficientes como el del buen vivir, que no deja de ser un programa de distracción social que no resuelva nada, y que cuesta un dineral contrastando con la crisis fiscal que sufre  el estado.

Algunos observadores señalan que el estado de cosas es intencional, para tener la excusa de justificar la petición de más y más fondos e impuestos para dedicarlos a enriquecer funcionarios que aprovechando la pésima situación de seguridad, deciden enriquecerse a toda costa.

Lo grave de todo esto es que según otros analistas estamos a un paso de perder el control de la situación, y este incontrolable proceso nos lleve a que el lado oscuro de la delincuencia tome el control del país, o por otro lado, las fuerzas poderosas reaccionarias, sin ninguna conciencia social tomen el control y el poder del gobierno e implanten a la fuerza un gobierno dictatorial  que a fuerza y a fuego imponga orden contra viento y marea, lo cual, tampoco es lo deseable.

Quisiéramos imaginar que en los altos niveles políticos del partido de gobierno, tengan la  capacidad de interpretación debida de lo que sucede en El Salvador y se tomen las debidas medidas de solución que deben tomarse a efecto de que esta delicada situación no desborde en el desorden generalizado, que es seguido del caos y la demagogia, históricamente calificados como causa y efecto, históricamente comprobados.

El Salvador urge de un acuerdo entre las fuerzas políticas renovadas, prescindiendo de personajes corruptos reconocidos, pero tristemente de trayectoria nefasta. Los salvadoreños recordamos los decires de cuando se firmó la paz, de que hubo mucho dinero que corrió bajo la mesa, para que determinados líderes de aquel tiempo no pusieran en peligro los acuerdos a los que se había llegado y que permitieron el advenimiento de la precaria paz. O sea que un acuerdo en este momento no solo es oportuno sino que necesario para evitar el riesgo que la delincuencia se desborde a niveles incontrolables. ¡Que el año nuevo nos traiga mejores derroteros como Nación!