Luis Martínez ha sido un buen Fiscal General de la República

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Por Eduardo Vázquez Bécker.-

Luis Antonio Martínez ha sido un buen Fiscal General de la República;  los partidos políticos, que son en definitiva quienes eligen a ese funcionario, debieran reflexionar, aún están a tiempo, sobre si no será más conveniente al país darle otra oportunidad que correr el riesgo de elegir a otra persona que haga retroceder la lucha contra el crimen organizado y sus vastas ramificaciones en el país.

Ser fiscal no es cosa fácil, se trata de uno de los funcionarios más poderosos del país y la vez del más solitario; no hay rincón del país donde no ejerza jurisdicción, no hay funcionarios ni grupos políticos o económicos de poder que escapen a su control investigador.

El sistema quiere un fiscal que proteja sus desmanes y sus abusos, los grupos políticos quieren un fiscal acomodaticio y los grandes sectores económicos del país quieren un fiscal que defienda sus intereses.

La actual campaña negra contra Luis Martínez para que no opte por un segundo periodo al frente de la Fiscalía General de la República, no es fortuita ni casual, es resultado de haber rechazado la prepotencia injerencista de un presidente de la república abusivo, de varios ministros con los que se tuvo que enfrentar en su lucha contra las pandillas; es resultado de haberse atrevido a llevar a los tribunales a grupos otrora “intocables”, inclusive de haber judicializado una investigación que llevó a la cárcel a un ex presidente de la república.

Los sectores negativos de la izquierda y la derecha política del país tienen suficientes razones para respaldar esa negra para que Luis Martínez no sea reelecto Fiscal General de la República; son las mismas razones que tienen todos aquellos que de alguna manera son responsables de que los pandilleros y el crimen organizado se estén adueñando del país. Estos sectores lo que quieren es un Fiscal General de la República dócil o al menos no beligerante.

Con esa campaña negra en su contra, Luis Martínez está pagando el precio de haber mandado al diablo” al presidente “Playboy”  a quien puso en su lugar cuando lo requirió el caso; de haberse enfrentado a los ministros de Defensa y de Justicia a causa de la llamada tregua y de llamar al pan, pan, y al vino, vino.

En medio de esa trifulca, Martínez recuperó la soberanía del país sobre el “oro blanco” de nuestras fuentes de gas subterráneo, transformó considerablemente la infraestructura física y moral de la Fiscalía General de la República y dejó listo el paquete del Chaparral. Hay quienes aseguran , gracias a la investigación fiscal, los 108 millones de dólares que Funes pagó arbitrariamente a contratistas y proveedores deshonesto están por regresar a las arcas nacionales.

Finalmente y no menos importante, pues le va la vida en ello, Luis Martínez, ha tenido el valor de enfrentarse a la furia criminal de los líderes pandilleros de la mara 18, la salvatrucha, los locos revolucionarios y a ese nuevo ejército de delincuentes que tienen copado al país. No es posible que los dirigentes políticos y los diputados de la Asamblea Legislativa, traten de pasar por alto estos antecedentes.

Luis Martínez sabe que existe un hilo imperceptible pero poderoso que une a las pandillas con los sectores más nefastos de nuestra sociedad, sabe que, de ser electo nuevamente Fiscal General, tiene la obligación de seguir luchando contra la amenaza de las pandillas así como cualquier otra estructura del crimen organizado, sin importar quién o quiénes están detrás de estas.

Aunque sea por una tan sola vez en la vida, los diputados deben hacer saber a las cúpulas de sus partidos que no son dueñas de la razón; no deben permitir que el miedo de unos pocos a ser alcanzados por el brazo de la justicia, condene al país a perder a uno de los pocos soldados que han sabido combatir a las pandillas “hipócritas y sinvergüenzas” y que, les guste o no les guste, es el único que ha demostrado, con hechos evidentes, que puede ganar la guerra contra esa delincuencia que tiene de rodillas a la sociedad salvadoreña.

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