La tregua nació en la campanera en el 2008

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Por Eduardo Vázquez Bécker.-

Mucho es lo que se ha venido hablando de la tregua pero poco se ha profundizado sobre su causa real, diariolatino.net incursionó un poco más en las que podrían haber sido esas causas, encontrando que una de ellas fue la manipulación electoral de los partidos políticos, especialmente el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) para conseguir los votos de los pandilleros a cambio de promesas que concluyeron en la famosa tregua.

Atravesamos ese infierno que es el centro de San Salvador, enfilamos hacia el bulevar del Ejército y llegamos a Soyapango buscando la ruta que nos llevaría a la Campanera. La adrenalina que produce el temor nos hizo sentir lo mismo que la primera vez. Los mismos Graffitis, los mismos rostros impenetrables en los resquicios de las puertas, las mismas señoras que vendes pan en las esquinas,…el mismo olor a muerte.

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Buscamos con quién hablar, tratábamos de ser amables con los niños que se nos atravesaban pero no lográbamos que alguien hablara; parece que en la Campanera nadie quiere hablar de la tregua y de sus resultados. Doña Carmen, (nombre ficticio)  la de la tienda “Alis” (también ficticio) habló a cambio de no ser identificada. Nos comenzó a contar que, durante la guerra, la Guardia Nacional había capturado a uno de sus hijos y que “desde entonces lo ando buscando”. Su hijo que observaba de cerca, nos hizo señas de que la señora o no sabía o no entendía de lo que estaba hablando; situación que aprovechamos para entablar plática con él.

No dijo su nombre pero reconoció pertenecer a la pandilla 18 y haber estado en el lugar y el momento en que comenzaron las negociaciones. Sus héroes Carlos Lechuga Mojica, El viejo Lin y el “Bigboy”. Del Bigboy recuerda que cuando lo asesinaron fue un golpe para la Campanera “todo mundo se puso de negro (de luto) cuando lo llevamos al cementerio” dijo. Hablamos poco pero de lo que recordaba pudimos sacar algunas conclusiones que incluimos en este artículo.

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Las primeras negociaciones de lo que después hemos conocido como la tregua, tuvieron como escenario el reparto habitacional de la Campanera, en el sureste del Municipio de Soyapango. Ahí llegaron actores de los que casi no se ha dicho nada y que fueron la clave de esta maraña que ha llevado a la cárcel a 18 personas y amenaza con la misma suerte a por lo menos dos ministros y a un ex presidente.

El municipio de Soyapango, con una población de 340 mil habitantes es la segunda ciudad más poblada del país. Hace frontera imaginaria con el departamento de San Salvador, al grado que uno no sabe dónde termina una o cuando comienza la otra. Soyapango se caracteriza pues, por ser un centro comercial de gran importancia donde la empresa privada ha invertido cientos de millones de dólares.

Punto clave entre la ciudad capital y el aeropuerto de Ilopango, más importante aun cuando era el aeropuerto Internacional de El Salvador. Durante la época de los golpes militares cobraba importancia estratégica definitiva; quien controlaba Soyapango controlaba la base militar de la Fuerza Aérea.

Al norte de la ciudad, en el cantón El Limón, se encuentra ubicada la colonia La Campanera, un reparto habitacional de clase pobre que desde su fundación fue un campo de guerra; durante el conflicto, por los guerrilleros del FMLN, después por los pandilleros de la 18. Ahí nacieron Carlos Lechuga, el Viejo Lin y Mario Belloso líder de la mara limón que purga 50 años de cárcel por el asesinato de dos policías. Ahí nació la tregua de las pandillas.

Estaba por terminar el año 2008 y entrabamos al año electoral del 2009, cuando un grupo de personas de extrema izquierda hicieron sus primeros contactos con líderes de la pandilla Barrio 18. Entre ellos figuraban la ex jueza de Ejecución de Medidas del Menor Infractor, posteriormente Presidenta del Consejo Nacional de Seguridad y después Embajadora en Italia, Aída Santos Escobar; la ex Procuradora de los Derechos Humanos, Beatrice de Carrillo, un periodista salvadoreño vinculado al FMLN con pandilleros encabezados por  el “El Bigboy”; el supuesto novio de la hija de la magistrada de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) Mirna Perla, perteneciente al FMLN y vinculada al partido comunista; Nelson Rauda, que entonces era subdirector de Centros Penales, Héctor de Jesús Ramírez Blanco, conocido como “Diablito de Hollywood”, un funcionario del ministerio de Educación y otro periodista extranjero que se había fincado en la campanera donde filmaba un documental sobre las pandillas y quien se encargó de generar confianza entre el grupo para convertir a La Campanera en el lugar donde se planificó la más tenebrosa estrategia electoral que partido alguno haya implementado en la historia política del país.

Nuestra fuente nos aseguró que este último periodista casi siempre llegaba a La Campanera en un pick up armado de una o dos cámaras. Solía sonreír con todos. Muchos ni siquiera sabían cuál era su nombre, simplemente lo conocían como el extranjero o el “brother”, era Christian Poveda

La jueza de Ejecución de Medidas del Menor Infractor, licenciada Santos Escobar, había cobrado notoriedad por los beneficios que con frecuencia otorgaba a los delincuentes pandilleros y por la frecuencia con que solía permanecer en los centros penales donde compartía con los reos su afición al fútbol. Al parecer ella fue quien decidió y recomendó como centro de las negociaciones la colonia La Campanera, en Soyapango, entre otras cosas, porque ese lugar fue un importante bastión de la guerrilla del FMLN durante el conflicto armado y porque dos de los actores oficiales de la tregua tenían ahí su lugar de residencia. Así sería fácil explicar su presencia en ese lugar.

Por su parte, la señora Beatrice de Carrillo, se había destacado como Procuradora de los Derechos Humanos por su decidido apoyo a los delincuentes a los que llamaba “mis muchachitos” y Nelson Rauda quien servía de enlace directo del grupo negociador con el ministro de Seguridad y Justicia.

Su misión era convencer a las pandillas de que si en las elecciones que se avecinaban, el 9 de marzo del 2009, votaban por Mauricio Funes, podrían obtener una serie de beneficios que irían desde traslados a cárceles de menor seguridad hasta la reducción  de penas, pasando por otros privilegios personales.

Las negociaciones entre los pandilleros y los primeros mediadores dieron el fruto esperado y culminó con la firma de un acuerdo de 21 puntos en los que se incluían el traslado de reos de alta peligrosidad de cárceles de máxima seguridad a otros centros de menor seguridad, un régimen especial en las visitas conyugales, que se les proporcionaran televisores, etc, etc.

Los líderes pandilleros se comprometieron con sus interlocutores a que, por cada miembro de las pandillas sobre las que ejercían control, trece de sus amigos o familiares, votarían a favor del FMLN lo que significaría el triunfo electoral de la izquierda salvadoreña. …esos votos hicieron ganar al primer presidente del FMLN, Mauricio Funes Cartagena, ahora procesado por enriquecimiento ilícito.

A partir de ahí, las pandillas comenzaron a reducir los niveles de homicidios que se producían a diario. La Barrio 18 y la MS13, se comprometían especialmente a terminar con aquellos crímenes considerados como “horrendos” que tenían en vilo a la ciudadanía lo que serían utilizado como propaganda por los directores de la campaña electoral del FMLN.

A cambio, los pandilleros habían logrado que el eventual gobierno de Funes se comprometiera a cumplir con el pliego de 21 puntos acordados en La Campanera, que llegó a incluir hasta la derogación de la Ley Antipandillas pasando por una serie de otros privilegios que ya todos conocemos.

Para lograr esos objetivos las pandillas llegaron a la conclusión de que era necesario realizar una tregua entre sí. De lo contrario el proyecto no funcionaría.

El presidente electo, Mauricio Funes, tomó posesión el 1 de julio del 2009. Ese día los cabecillas de las pandillas en sus respectivos lugares de detención recibieron pequeños regalos, principalmente ropa, y suficiente bebida para que disfrutaran del triunfo; sin embargo, los pandilleros no volvieron a saber de los emisarios o «promotores sociales» como les llama el general Munguía Payés, llamaban a sus teléfonos celulares y nadie les respondía.

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Entonces los líderes de las pandillas comenzaron a presionar y cuando las simples presiones no dieron resultado recurrieron a la amenaza; harían público el acuerdo y las negociaciones entre el gobierno y las pandillas y lo peor, amenazaron con volver la violencia criminal a los niveles iniciales. Como mensaje especial asesinaron y descuartizaron a una maestra en San Ana, lo que hicieron saber a las autoridades.

Fue cuando vino la segunda etapa de la tregua. Munguía Payés no podía permitir que se perdiera el capital electoral de las pandillas y por lo tanto sus sueños de ser presidente de la República, entonces echó mano de Raúl Mijango y del vicario castrense de la Fuerza Armada, Fabio Colindres, para implementar los mecanismos de cumplimiento iniciando los traslados.

Las discusiones y desacuerdos entre algunos líderes de pandillas como Carlos Ernesto Mojica Lechuga “El Viejo Lin” de la 18 a la cabeza,  Dionisio Arístides Umanzor Osorio Alias, “El Sirra”, y Douglas Geovanny Velásquez Navas, “El Payasito”, fueron utilizadas por el ya entonces gobierno de Funes para tratar de evadir el compromiso adquirido con las pandillas. Estos al percatarse de lo que ocurría decidieron frenar la “animalada del gobierno” y retomaron sus posiciones de antes de la tregua.

Los homicidios, las extorsiones y las llamadas rentas a las personas de escasos recursos volvieron a los niveles del 2008 y 2009 y con ello el pánico en la ciudadanía. De no hacer algo, se les venía abajo su campaña de reducción en la tasa de homicidios que ya se vislumbraba como la plataforma que llevaría al solio presidencial al General David Munguía Payés.

Se trataba del cumplimiento del compromiso adquirido por el gobierno con los pandilleros de la MS13 y Barrio 18 que hicieron posible el triunfo de Mauricio Funes como candidato presidencial en las elecciones del 2009 según se había pactado en el “acuerdo de la Campanera” como se le llamó a la culminación de las negociaciones para la primera fase de la tregua.

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El días 8 y 9 de marzo del 2012,  pocos días de las elecciones legislativas y municipales, una columna de autobuses particulares y vehículos blindados del ejército, armados hasta los dientes y vigilados muy de cerca por cinco helicópteros de la Fuerza Aérea Salvadoreña, se movían en formación de guerra, desde el Centro Penal de Máxima Seguridad de Zacatecoluca, conocido como “Zacatráz”, hacia los centros penales de menor exigencia transportando a los líderes más peligrosos de las pandillas a su nuevo hogar.

El primero de los convoyes se dirigió al penal de Ciudad Barrios, San Miguel, y depositó su carga: 15 pandilleros de la MS13. El segundo convoy con otros 15 pandilleros, solo que esta vez pertenecientes a la Mara 18, fueron llevados los centros penales de Cojutepeque, Quezaltepeque e Izalco. Esa misma noche los pandilleros ordenaron a sus colegas de la calle suspender de los homicidios y las rentas. La ostentación con que se llevó  cabo la operación no pasó desapercibida; la nación se preguntaba. ¿Qué había ocurrido, que estaba pasando?

En este caso los operadores de la segunda fase de la estrategia no habían tenido ni la sutileza ni la habilidad  de sus antecesores de La Campanera para negociar con las pandillas. Se cometieron errores garrafales en el operativo de traslado.

La respuesta del ministro de Seguridad y Justicia, David Munguía Payés, y las autoridades penitenciarias no se hizo esperar. Según el ministro Munguía, la inteligencia del Estado le había informado sobre la inminente amenaza de un ataque con 24 cohetes Low  a la máxima cárcel de seguridad de Zacatecoluca “Zacatráz”, lo que pondría en peligro la seguridad de los reos-pandilleros trasladándolos a cárceles diez veces menos seguras que “Zacatráz”. Una versión de los hechos que nadie se tragó.

Se llegó también a asegurar por parte del mediador Colindres que se había producido un milagro de conversión. Centenares de pandilleros que se odiaban entre sí, que odiaban el sistema político y social del país, que mataban y descuartizaban seres humanos todos los días,….habían decidido convertirse en gente buena al servicio de la sociedad. Una muestra de que, además de la falta de inteligencia, hacía falta sentido común.

Desde entonces el país se ha venido debatiendo entre si la tregua fue una cosa legal y sobre la responsabilidad que tuvo el gobierno de Mauricio Funes en la misma. Lo que sí es cierto es que la tregua tuvo actores pero no tuvo directores, nadie quiere ser responsable, no tiene padres ni madres ni hermanos, no existe ni siquiera como delito como lo hizo saber el Fiscal Meléndez. La tregua ya no existe.

Lo que queda es el uso y el abuso que personas ligadas a lo que se llamó tristemente tregua entre pandillas.

Los detenidos no están siendo juzgados por la tregua sino por lo que supuestamente robaron y se enriquecieron a la sombra de la misma. Mijango grita señalando a los que considera verdaderos responsables pero nadie lo escucha.

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Otra cosa que es cierta es que el gobierno no está interesado en la fuerza que aun representan  las pandillas; está seguro de que, si de aquí a seis meses ha “aniquilado” a un diez por ciento de los pandilleros y ha logrado estabilizar los niveles de homicidios que existen a este día, podrá lograr una aplanadora victoria en las Asamblea Legislativa en el 2018 y posteriormente alcanzar un tercer gobierno del FMLN.

Solo falta que la reacción de las pandillas no responda a lo que cree el gobierno de Sánchez Cerén; que incrementen la violencia, que aumenten los homicidios y las extorsiones, que muten a otra forma de organizaciones y que tengamos que volver a La Campanera, donde nació la primer tregua.

 

 

 

Imágenes Diario Latino y Reuters