La política que da asco

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Por Mauricio Eduardo Colorado.-

Los salvadoreños, -por lo menos una gran mayoría que han sido educados con buenas costumbres y con reglas y parámetros tradicionales y principios religiosos universales-, sienten que en El Salvador, se deterioran a pasos agigantados esos valores que tradicionalmente han regido la forma de coexistir en la sociedad salvadoreña, independientemente de las clases sociales en las que se ubican. Algunos piensan que esta transformación es irreversible, por lo que a diario se observa.

Vamos entonces a referirnos a algunos casos que pese a que pierden actualidad noticiosa, no por ello dejan de ser conductas que realmente producen asco, y simplemente provocan el rechazo de los ciudadano que sufren en silencio y se conforman con observar y censurar en su interior, pero sin exteriorizar tales sentimientos. Muchos no olvidan la frase pronunciada por aquel político, que gritó “Si pude robar, robé… pero no tengo mis manos manchadas de sangre “.

Algún tiempo después, han sucedido una infinidad de casos, de los más variados, que se podría hacer un libro de reseñas políticas, que tendría enorme aceptación de parte del público. Dentro de tales casos, tenemos los sucedidos entre diputados y ex diputados, que han cometido fechorías de las cuales unas han sido juzgadas, y otras –la gran mayoría- han quedado en el olvido. En estos casos, que son protegidos por un cuestionado “fuero”, que más ha servido para inmunizar a reconocidos delincuentes, que recurren a ese manto encubridor, para protegerse de la justicia.

Últimamente, con la actuación de la Sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia, se ha hecho público que exfuncionarios del más alto nivel, tienen serios desbalances en sus respectivos patrimonios, por lo que deben responder ante su pueblo, mismo que los llevó  a esos niveles de gran poder, que no entendieron que las prebendas y honores del cargo, no eran patentes de corso, y que llegarían a un final que los haría responder por todas las correrías que realizaron durante ese período de privilegios.

En otros casos, también la ciudadanía ha observado las conductas antiéticas o inmorales, de ex funcionarios, irrespetando a su familia con actividades fuera de la moral, que ni siquiera tuvieron la delicadeza de ocultar, y dieron lugar que los medios de comunicación publicaran, de la mano de la verdad, las realidades que en la sociedad se vuelven condenables.

En la historia reciente de nuestro país, solamente tenemos conocimiento de un caso de corrupción en que el titular del despacho bajo su cargo fue extraditado a enfrentar la justicia nacional, que lo condeno por la apropiación de bienes cometida. Pero aparte de todo lo anterior, recordamos la rapidez con que los “representantes del pueblo” corrieron a reformar la ley de probidad, volviéndola ineficaz en su aplicación para el futuro.

Alguien expresó en otra ocasión la comprometedora frase: “Hoy por ti, mañana por mí”, que por su claridad conceptual, no necesita explicaciones.  Y qué decir de los viajes, los eventos celebrados en hoteles de primera, los suculentos “coffe break” costeados con fondos de los ciudadanos por medio del pago de los odiados impuestos, cuando se despilfarran en actividades inútiles, y que nada bueno producen a la nación, pero si hacen falta para implementar los elementales servicios que si favorecen al pueblo, como los servicios y medicinas en los hospitales nacionales, o en la cacareada “seguridad” que sólo hasta ahora, cuando se siente  desbordada por la realidad, se pretende revertir, a los tiempos en los cuales la delincuencia se tenía bajo un relativo control.

Ciertamente, la situación actual es muy difícil, porque se ha dejado crecer al “monstruo” de la delincuencia a niveles increíbles. Los salvadoreños debemos abandonar el silencio, y condenar y denunciar a quien atente contra nuestra paz social,  sea o tenga la calidad que sea.   Bien señaló alguien “Tengo más temor al silencio de los inocentes, que al ruido de los culpables”