‘Implicaciones en la fuga del ‘Chapo’ se extienden más allá de México’

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Diecisiete meses: Eso fue todo lo que necesitó este poderoso narcotraficante para planear y ejecutar su espectacular fuga.

Durante este tiempo se cavó un túnel de un milla de longitud que iniciaba en un terreno cercanos a la cárcel y terminaba justo debajo de su celda. Durante ese mismo tiempo se construyó una pequeña casa de bloques de hormigón que cubría la salida del túnel. Se instalaron líneas de ferrocarril para una motocicleta adaptada a ellas en la que pudo escapar con velocidad.

Pero nadie, al parecer, se percató que algo así podía suceder. Hace catorce años, luego que las autoridades mexicanas lo capturaran por primera vez, este capo se había escapado sobornando a funcionarios de la prisión que lo ayudaron a salir escondiéndolo en un carro de ropa sucia. Docenas fueron implicados en su escape, incluido el jefe de la prisión.

Así que cuando el ‘Chapo’ fue capturado a principios de 2014, una duda parecía omnipresente: podrá hacerlo de nuevo?

Por supuesto que no, fue la respuesta del presidente. En sus propias palabras, un segundo escape sería “imperdonable”. Además, el sistema judicial en México había sido fortalecido de tal manera que otra fuga no entraba ni en el juego de las posibilidades.

Precisamente allí es donde está el principal problema. Peña Nieto estaba claramente equivocado. Aunque el sistema de la justicia en el país ha mejorado, es todavía una tenue sombra de lo que se supone debería ser pese a lo que dicen los funcionarios de la administración.

La integridad de este sector -de hecho, de todo el aparato de seguridad del país- está ahora en entredicho. Y es un juicio válido que se sostendrá mientras el criminal más buscado pueda actuar con total impunidad.

Pero en última instancia, esto no es una gran sorpresa. Cuando el ‘Chapo’ fue capturado el año pasado, el gobierno de Estados Unidos pidió de inmediato su extradición, pues temían que se pudiera fugar de nuevo usando al andamiaje de corrupción y soborno que utilizó en el pasado.

Funcionarios en México, confiados en su capacidad para judicializarlo, descartaron la petición, alegando que debía enfrentar primero sus crímenes en México.

Esa historia no se olvida rápidamente: en su declaración oficial tras la fuga, la fiscal general de Estados Unidos, Loretta Lynch, ofreció el apoyo estadounidense en recapturarlo y recordó a todos que la rama judicial de Estados Unidos estaba también dispuesta a juzgarlo por sus crímenes.

El sentimiento abrumador es que de México acceder a su extradición el ‘Chapo’ estaría en la cárcel, y no en una fuga que ya se está idealizando.

En cualquier caso su escape es un duro golpe para la administración de Peña Nieto que se enorgullecía de buenos resultados demostrados con varios arrestos de alto nivel.

La fuga de Guzman desinfla esa afirmación. Pero las implicaciones van más allá de la reputación de Peña Nieto.
En primer lugar, esto implica una revaluación del tenor de las relaciones México-Estados Unidos. La seguridad fronteriza es un tema candente que está recibiendo gran cobertura mediática en las últimas semanas.

Pero este golpe al aparato de seguridad de México pone en entredicho su capacidad. En los últimos años la cooperación bilateral de seguridad a través de la Iniciativa Mérida ha sido el eje central de las relaciones México-Estados Unidos. Ahora, tras la fuga de este narcotraficante, no es claro cómo podrán avanzar.

En segundo lugar, esto enreda el futuro de los esfuerzos de Estados Unidos en el vecindario de México. El gobierno de Obama pidió recientemente mil millones de dólares en financiación para hacer frente a las causas profundas de la delincuencia en los países del Triángulo del Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras), la inseguridad y la migración masiva en América Central.

Por un lado, la fuga del ‘Chapo’ es un doloroso recordatorio de la necesidad de este tipo de asistencia, dado que la infraestructura de seguridad brilla por su ausencia en la región. Pero, por otro lado, su escape puede causar que los legisladores en Washington duden antes de aprobar esta masiva financiación para una región plagada de corrupción y actividades criminales.

Así que las implicaciones de su fuga se extienden más allá de México, hacia los países de Centro América. (Y es seguro que será un tema que jugará en el proceso de confirmación de la actual subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, que recientemente fue nominada como embajadora para México.)

Es fácil caer en la tentación de idealizar un gran escape. Y el Chapo es un maestro en ese arte. Pero por más impresionante que parezca, es importante recordar que es un síntoma de una región profundamente enferma, donde la corrupción y la impunidad triunfan sobra la justicia y el imperio de la ley.

Por: Carl Meacham, Director del Programa de las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington, DC.