Francia: Hollande no sabe qué hacer con el terrorismo

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Tras la matanza de Niza, la política antiterrorista de François Hollande divide profundamente a Francia y es criticada con una virulencia inusitada por los analistas y especialistas en seguridad y defensa.

Según un sondeo publicado por Le Figaro, el 67% de los franceses no confía en la política antiterrorista del presidente Hollande, a quien consideran ineficaz y débil. Un 81% de los franceses desea una política antiterrorista, militar, policial y judicial «más enérgica».

Esa percepción cívica de la ineficacia de la política antiterrorista de Hollande y Manuel Valls, primer ministro, coincide de manera llamativa con la opinión de los especialistas más independientes. François Heisbourg, presidente del International Institute for Strategic Studies (IISS), miembro del comité director del Libro blanco sobre la defensa y seguridad nacional, desde hace diez años, estima que «las medidas tomadas por el gobierno Hollande desde hace un año son ineficaces e irrisorias».

En un artículo feroz publicado por Le Monde, Heisbourg recuerda varios y trágicos problemas de fondo: ineficacia práctica del despliegue de 10.000 soldados en todo el territorio nacional («una medida más psicológica que práctica»), inexistencia de un servicio unificado que permita tratar con rapidez las fichas de más de 20.000 sospechosos y enfrentamientos soterrados entre los servicios antiterroristas de la policía y la gendarmería (dos cuerpos de la seguridad del Estado dependientes del mismo Ministerio del Interior).

Heisbourg recuerda que una comisión parlamentaria, integrada por diputados conservadores y socialistas, publicó un informe devastador sobre la ineficacia de la política antiterrorista actual, anunciando riesgos que la matanza de Niza ha confirmado.

Georges Fenech, presidente de la comisión parlamentaria que denunció la ineficacia de la política antiterrorista, insiste en la gravedad del problema de fondo: «Hollande ha tomado medidas psicológicas, sin afrontar los problemas técnicos más urgentes. Prolongar el estado de emergencia nacional no resuelve nada, ya que la política antiterrorista funciona mal».

Lo esencial
Louis Caprioli, que dirigió durante varios años la Direction de la Surveillance du territoire (DST, servicios de información del ministerio del Interior), insiste en un problema técnico esencial: «Todos los especialistas sabían, desde hace mucho, que el despliegue del ejército por las calles no podría impedir ningún atentado. Lo esencial, contra el terrorismo, es la información interior. Y, en ese terreno, tenemos lagunas importantes».

La «información interior» hace referencia a un problema capital: la información sobre los guetos sociales, la «banlieue», los suburbios.Caprioli insiste: «La información humana de primera mano es esencial, como demuestra el caso del asesino de Niza. Estaba fichado. Pero no sabemos cómo, ni cuando ni de qué manera pudo radicalizarse. Hay muchos asesinos potenciales, individuos aislados y anónimos. Seguir esas pistas es esencial. Y esas pistas deberían ser el trabajo de la seguridad interior».

Gilles Kepel, especialista en Daesh, autor de ensayos de referencia sobre la proliferación del yihadismo en los suburbios franceses, comenta ese problema de fondo: «A través de internet y otros medios, Daesh ha conseguido infiltrarse en nuestros suburbios. Daesh no necesita planificar atentados en Francia: ha conseguido que muchos franceses, más o menos musulmanes, hagan realidad sus proyectos y amenazas criminales».

La inquietud y reservas de la opinión pública, las críticas de los especialistas, han agravado unas diferencias de inmenso calado político. Las críticas de los especialistas no son nuevas. Toda la élite antiterrorista se «confesó» ante la comisión parlamentaria que ha investigado la ineficacia de la política contra la yihad, tras los atentados de enero y noviembre de 2015. Pero Hollande, Valls y el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, han hecho caso omiso de las críticas de los especialistas, intentando silenciar las denuncias más brutales.