El sarampión ha regresado a El Salvador después de 30 años de silencio
Once casos importados encendieron una alarma que el país no había escuchado desde 1996. El sistema de salud respondió rápido, pero los médicos jóvenes nunca habían visto la enfermedad
Hay enfermedades que una generación entera creía extintas. El sarampión era una de ellas para los salvadoreños. Treinta años de vacunación sistemática habían borrado la enfermedad del mapa nacional con tal eficacia que los médicos formados después de 1996 llegaron a sus hospitales sin haber visto jamás un caso. Hasta que llegó marzo de 2026.
El Ministerio de Salud de El Salvador confirmó 11 casos importados de sarampión. El Salvador registró los primeros cinco casos a través de su Boletín Epidemiológico durante la semana del 22 al 28 de marzo, la primera vez que el sistema de salud registraba casos de la enfermedad en aproximadamente 30 años. Seis casos más fueron detectados en la primera semana de abril.
El origen de los contagios no fue casual: 10 de los 11 contagios confirmados ocurrieron en Guatemala y uno en México. Ocho pacientes ya recibieron el alta médica, mientras que tres —un bebé de seis meses y sus padres— permanecieron hospitalizados en condición estable. El flanco débil fue la frontera con Guatemala, país que al corte de este informe acumula más de 3,687 casos confirmados en lo que va de 2026.
Un virus con pasaporte
El sarampión que llegó a El Salvador no viajó solo. Forma parte de una ola continental que los expertos de salud pública venían advirtiendo desde 2024. El mayor número de casos en 2026 en la región se ha registrado en México (8,315), Guatemala (3,687), Estados Unidos (1,664) y Canadá (733), con transmisión continua documentada en Bolivia y otros países.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) lanzó una alerta epidemiológica de alcance continental y la dimensionó con crudeza: en 2025, la región notificó 14,891 casos confirmados de sarampión, incluyendo 29 defunciones. En las primeras tres semanas de 2026, se confirmaron 1,031 casos adicionales, lo que representa un aumento de 43 veces en comparación con los 23 casos notificados en el mismo período de 2025.
El factor subyacente en casi todos los brotes es el mismo: la desconfianza en las vacunas, alimentada por años de desinformación. «Una proporción considerable de los casos confirmados corresponde a personas no vacunadas; los datos disponibles indican que aproximadamente dos tercios de los casos no cuentan con antecedentes documentados de vacunación contra el sarampión», señaló la OPS.
El sistema de salud salvadoreño respondió con rapidez. Pero el éxito de décadas de vacunación generó un problema imprevisto. El infectólogo y exviceministro de Salud, Ernesto Navarro Marín, lo explicó con precisión: «Antes estábamos acostumbrados a ver esa cantidad de casos. Actualmente los médicos jóvenes recién salidos no tienen idea cómo es el sarampión.» Reconocer una enfermedad que nadie ha visto en tres décadas es, por definición, un desafío diagnóstico.
La respuesta del Ministerio de Salud fue de dos vías: clínica y preventiva. El MINSAL lanzó una campaña nacional de vacunación dirigida a inmunizar a 30,000 niños entre 6 y 11 meses, mediante brigadas móviles que visitan domicilios a escala nacional. Como medida extraordinaria, se añadió la llamada «dosis cero» de la vacuna SPR —sarampión, paperas y rubéola— para bebés menores de un año que normalmente no la reciben en el esquema estándar.
Los números de cobertura vacunal salvadoreña son, en este contexto, un activo estratégico. El Salvador tiene una cobertura de vacunación de primera dosis SPR del 98.4% y de segunda dosis del 96.6%, lo que ha permitido contener la transmisión pese al riesgo importado. El ministro Francisco Alabí recordó que esta protección da entre 97% y 100% de eficacia. Hasta la fecha no se ha registrado transmisión local del virus.
La Copa Mundial de Fútbol 2026 asoma como un factor de riesgo adicional en el horizonte: la propia OPS alertó a todos los países de la región a intensificar la vigilancia epidemiológica ante la alta movilidad de personas que generará el torneo. El sarampión, con capacidad de contagiar a entre 12 y 18 personas por cada infectado, no necesita mucho más que una multitud para prosperar.