El Salvador crece, pero lo hace despacio: FMI
El organismo proyecta 3.3% de crecimiento de El Salvador para 2026, menos que sus vecinos. La guerra en Irán es la nueva variable que nadie pidió
Los organismos internacionales no aplauden ni condenan. Proyectan. Y la proyección que el Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de publicar para El Salvador en su informe de Perspectivas de la Economía Mundial dice algo que el gobierno de Bukele puede leer como un logro o como un rezago, dependiendo del ángulo desde donde se mire: 3.3% de crecimiento económico para 2026.
El FMI actualizó sus proyecciones en un contexto en el que la economía «corre el riesgo de desestabilizarse, esta vez debido al estallido de la guerra en Oriente Medio a finales de febrero de 2026», según detalla en su informe Perspectivas de la Economía Mundial.
Los números: ¿Buena o mala noticia?
Depende del espejo que se use. Comparado con la historia económica salvadoreña, la cifra es alentadora. El desempeño proyectado para este año no solo supera el promedio de 2.5% registrado en las tres décadas previas, sino que también rebasa el crecimiento anual de 2% observado desde la dolarización en 2001. En ese sentido, el gobierno tiene razón cuando dice que la economía salvadoreña creció más rápido de lo que lo hacía antes.
Comparado con el vecindario, sin embargo, el cuadro luce menos favorable. El FMI destaca que países como Guatemala (3.9%), Nicaragua (3.8%), Costa Rica (3.6%) y Panamá (3.8%) tendrán un mayor crecimiento. El Salvador iguala proyección con Honduras y solo supera a Belice, que registra el menor crecimiento de la subregión.
La guerra en Irán: El factor que nadie planeó
El principal elemento que distorsionó todas las proyecciones de este año no se originó en ninguna capital centroamericana. De no haber estallado el conflicto en Oriente Medio, según el FMI, la perspectiva de crecimiento global se hubiera actualizado hacia la alza, alrededor del 3.4%. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán significó un freno para el desempeño económico a nivel global.
Las consecuencias son directas e indirectas para El Salvador. Como país dolarizado e importador neto de energía, los shocks en los precios del petróleo se trasladan con rapidez al costo de vida local. El FMI prevé que la inflación global se sitúe en 4.4% en 2026, por encima de las estimaciones previas, y advierte que, si el conflicto se intensifica, podría incluso rondar el 5.4% e incluso superar el 6% en 2027, afectando con mayor fuerza a economías emergentes e importadoras de materias primas, como la salvadoreña.
Los motores reales del crecimiento
Más allá de las proyecciones del FMI, el Banco Central de Reserva salvadoreño ofrece una radiografía más granular de lo que está impulsando la economía. El sector privado será el motor central del ciclo expansivo, con más de 9,000 millones de dólares en proyectos de construcción, servicios y comercio activos durante 2026, una cifra que supera ampliamente la inversión privada de 2025.
Las remesas continúan siendo un pilar silencioso pero determinante. Al cierre de febrero de 2026, las remesas alcanzaron $1,524.8 millones, un aumento del 8.4% respecto al año anterior. El BCR precisa que el 26% de los hogares salvadoreños recibe remesas, lo que refuerza su peso estructural en la economía.
Y la inversión pública muestra aceleración notable. Proyectos como el Aeropuerto del Pacífico, el Estadio Nacional, el Viaducto Morazán y el sistema de Metrocable forman parte de un paquete que supera los $1,000 millones. A febrero de 2026, la inversión pública ejecutada alcanzó los $144.3 millones, un incremento del 179.2% en comparación con el mismo periodo de 2025.
La advertencia que el FMI dice en voz baja
El organismo tiene, sin embargo, una preocupación estructural que acompaña cada proyección positiva que hace sobre El Salvador. El FMI subraya que el margen fiscal es limitado, lo que podría restringir la capacidad del Gobierno para implementar medidas de apoyo amplias ante un escenario adverso. En ese sentido, recomienda priorizar ayudas focalizadas para los sectores más vulnerables, en lugar de subsidios generalizados que podrían generar mayores presiones sobre las finanzas públicas.
Traducción directa: con una deuda pública que ronda el 92% del PIB y $660 millones adicionales aprobados esta semana en la Asamblea, el espacio para maniobrar ante una crisis externa es estrecho. El crecimiento del 3.3% es real. El colchón para absorber imprevistos, no tanto.