Acuerdo de libre comercio entre EE.UU. y la UE se ahoga

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El Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones, conocido popularmente por sus siglas en inglés, TTIP, está a punto de morir. El intento más ambicioso de lograr un acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea se encuentra en un punto muerto de las negociaciones y pesos pesados europeos como Francia o Alemania ya apuestan sin ninguna duda por bajarse del carro.

Se pondría fin así a tres años de duras conversaciones en las que se han acercado muy poco las posturas entre los interesados, mientras que la opinión pública cada vez se mostraba más reacia a un acuerdo en el que quedaban muchas cosas en el aire.

Estados Unidos y la Unión Europea querían facilitar los intercambios entre dos regiones que suman el 60% del PIB del mundo. También armonizar regulaciones y que sirvieran como ejemplo a los demás países. Pero pronto se encontraron las primeras reticencias en las dos partes.

Del lado europeo se temía que se rebajase la protección en algunos ámbitos en los que la UE es mucho más estricta; del lado estadounidense, se veía con malos ojos el acceso mucho más sencillo que tendrían las firmas del Viejo Continente al mercado de EE.UU, ya que competirían duramente con las firmas locales.

Pero además hubo otro factor fundamental y es el secretismo con el que los Gobiernos de Europa llevaron las negociaciones de un asunto que al fin y al cabo afecta a todo el continente de una manera directa.

Desde el principio ONG’s, algunos partidos políticos o la sociedad civil se opusieron al TTIP y convocaron protestas masivas en las principales ciudades con el objetivo de denunciar un acuerdo que estimaban que iba a tener más cosas negativas que positivas. Y evidentemente los ciudadanos hicieron presión sobre unos dirigentes que sabían que no podían firmar cualquier cosa.

El objetivo de los negociadores era armonizar siete áreas: cosméticos, productos de ingeniería, nuevas tecnologías, materiales médicos, pesticidas, productos farmacéuticos, textiles y vehículos. También favorecer las empresas europeas en Estados Unidos y viceversa. Pero a la hora de estandarizar y equiparar las regulaciones ha sido cuando han aparecido los desencuentros.

Por ejemplo Francia teme la llegada de productos agrícolas y ganaderos más baratos que compitan con los suyos y que además van a tener unas regulaciones de calidad más bajas para el consumidor. Ese ha sido uno de los caballos de batalla, ya que los estándares de protección europeos son más elevados; de hecho hay una lista de 1.372 sustancias prohibidas para los cosméticos de la UE que no aplican para Estados Unidos.

Otro gran motivo de discusión ha sido el de cómo resolver un conflicto entre una multinacional y un Estado. EE.UU defiende un tribunal de arbitraje con miembros elegidos por la empresa y por el Gobierno en sesiones a puerta cerrada. Pero Europa pide mayor transparencia.