A siete años del socialismo en El Salvador

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Por Mauricio Eduardo Colorado.-

Desde que el General Maximiliano Hernández Martínez tomo el poder derrocando al presidente Arturo Araujo, unos meses antes del levantamiento comunista de 1932, y se prolongó en el poder después del tiempo reglamentario, hasta que una huelga de brazos caídos lo hizo abandonar el país, se generó un  respeto primordial por el principio esencial de todo gobierno democrático, de la alterabilidad en el ejercicio de la presidencia.

Pocos años después, el General Salvador Castaneda Castro trató de imitar al dictador, proponiendo un decreto famoso en nuestro país, en el cual hizo famosa la frase “por esta única vez”, cuando se redactó el borrador del proyecto que legalizaría la reelección del presidente, por solamente una vez, en vista de los “logros y las bondades de su gobierno”, según el decir de sus amanuenses, que dicho sea de paso, también saldrían beneficiados manteniendo sus puestos, y con ello los privilegios  que siempre se  tienen los cercanos al gobierno.

Por lo menos esa es la versión recibidas por quienes vivieron en aquella época en la cual aún no respirábamos en este mundo. Posteriormente, vino la época de gobiernos militares, que nos guste o no, mantuvieron en relativa calma los vaivenes de la política y en relativo orden el quehacer político nacional. El paso del tiempo provocó que en 1979, se considerara que las irregularidades del gobierno, se produjera un cambio, y se inició una nueva época “democrática” pero al mismo tiempo, se inició una guerra civil, por la inconformidad de grupos radicales que tomaron las armas para combatir al régimen recientemente establecido, guerra que termino por medio de los acuerdos de paz de 1992. De esa época hasta nuestros días, mal que bien se tuvo gobiernos “de derecha” donde la alternancia presidencial se ejerció en las personas del presidente, aunque no en el partido de gobierno. Estos fueron los famosos 20 años de Arena.

Debido a divergencias y ambiciones personales, hace siete años, el partido gobernante mostró serias divisiones internas, que lo debilitaron, y tuvieron que entregar el poder al partido de izquierda, quien con dificultades y con fuertes cuestionamientos, ha gobernado El Salvador en un país dividido ideológicamente y con el respeto a la Constitución, lo que lo ha protegido de las arbitrariedades de los gobiernos socialistas de países suramericanos que retomaron los principios socialistas con el estandarte de “Socialismo del Siglo XXI.

El desarrollo de esta ideología, se desarrolló en sur américa  por la vía electoral, pero ha sufrido retrocesos por la misma vía, debido a los resultados revocatorios de la población ante los resultados negativos que los mismos pueblos sienten en carne propia. Venezuela, que en estos momentos vive un caos social económico y político, lucha desesperadamente por mantener ese régimen fracasado, que tiene a la nación petrolera del sur, en un caos que nadie sabe cómo va a terminar, y donde se procura evitar una guerra civil.

En nuestro país, que desde el sistema de gobierno instalado hace siete años se tiene como modelo el famoso estatus del Siglo XXI, se sufre una crisis financiera, que fácilmente puede preverse que no está lejos un cambio, ya sea desde el mismo gobierno, o desde los mismos electores, a la primera oportunidad electoral.

Los gobernantes deberían poner oídos sordos a quienes afirman que el rumbo del país es lo mejor que puede haberse dado. Deberían de recordar que quien no reconoce los errores de la historia, los vuelve a cometer, y que en política, hay un fenómeno cíclico: la dictadura deviene en democracia, la democracia se degenera en populismo, y el  populismo, provoca nuevamente la dictadura. Lo que no es previsible es el tiempo de duración del ciclo.