Por si fuera poco; la luz Led produce cáncer de mama y próstata

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A los riesgos de que la contratación por parte de tres alcaldías de sistemas de iluminación Led, en virtud de que el contratista es una persona a la que se investiga en Colombia y otros lugares de Suramerica por diversos delitos, hay que agregar una razón más por la cual el Fiscal General de la República, no solo debe investigar sino prohibir que se contrate esa técnica de iluminación, es porque la misma, además de inferir negativamente en el ambiente es posiblemente causante de cáncer de mama en las mujeres y de próstata en los hombres.

Efectivamente, estos dispositivos emiten un máximo valor o pico en longitudes de onda corta, próximas a los 460-470 nanómetros, correspondiente al color azul. Este tipo de luz es la que causa una mayor contaminación lumínica, ya que es la que se difunde con mayor eficacia en la atmósfera. Esto incrementa el característico resplandor luminoso que se crea sobre las poblaciones, afectando a las observaciones astronómicas y perturbando la oscuridad natural del medio nocturno a cientos de kilómetros de distancia de las mismas.

Algunas empresas sostienen que, debido a la capacidad que tienen los LED de proyectar su flujo luminoso de forma muy direccional, evitan la contaminación lumínica ya que no difunden luz por encima del horizonte. Esto no es cierto, pues nada impide (salvo el sentido común) diseñar luminarias fuertemente contaminantes con LED y, de hecho, existen luminarias orientables que lo dejan al criterio del instalador.

La luz blancoazulada es también la que más altera la conducta de las especies de vida nocturna y, por tanto, la que más afecta a la conservación de la biodiversidad en sus condiciones naturales. En las normativas sobre alumbrado más avanzadas se exige que las luminarias tengan una mínima emisión de flujo luminoso por debajo de los 500 nanómetros. Es claro, por consiguiente, que el uso de los LED actuales queda desaconsejado por dichas normativas.

La luz blancoazulada de los LED es la que provoca de forma más rápida la inhibición de la secreción de la hormona melatonina por parte de la glándula pineal en los seres humanos. Esto se debe a que los receptores circadianos que poseemos en la retina (además de los conos y bastones) son precisamente más sensibles a ese pico de emisión luminosa en las longitudes de onda azules. Esta hormona solo se secreta en condiciones de oscuridad y, además de controlar los ritmos circadianos, es un antioxidante de amplio espectro que protege a nuestro organismo, entre otras enfermedades, frente a las alteraciones degenerativas y contra ciertos tipos de cáncer, evitando su progresión. Existen líneas de investigación muy activas que relacionan la exposición a la luz artificial por la noche con un mayor índice de casos de cáncer de mama en mujeres y de próstata y colon en hombres.

De hecho, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó en 2010 el trabajo a turnos que implique interrupción circadiana como probable factor carcinógeno. Ante estos indicios, el hecho de que cada vez más estamos inmersos en las ciudades en un entorno de potente y permanente iluminación debido al alumbrado artificial debería motivar la adopción del principio de precaución por parte de los gestores de estas instalaciones, especialmente cuando existen alternativas conocidas que no presentan este riesgo potencial por tener limitada la emisión en el azul.

La Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de la Alimentación, del Medio Ambiente y del Trabajo (ANSES) francesa ha puesto de manifiesto otros problemas, relacionados con el riesgo de tipo fotoquímico (estrés oxidativo) que presenta la elevada presencia de luz azul sobre las células de la retina, cuyos pigmentos son más sensibles a esa luz . Otro aspecto enfatizado en este estudio es la elevada capacidad de deslumbramiento que presentan las lámparas a base de LED, debido a su gran luminancia (luz emitida por unidad de superficie), en algunos casos hasta mil veces superior a los alumbrados tradicionales. Según este estudio, los sectores de población potencialmente más afectados por estos riesgos son los niños (por no haber desarrollado aun completamente la capacidad de filtrado del cristalino) y las personas con degeneración macular ligada a la edad, así como los profesionales (técnicos de iluminación, cirujanos…) o pacientes expuestos por largos periodos o repetidamente a este tipo de luz.

El informe de la ANSES recomienda, entre otras cosas, que no se use iluminación LED allí donde juegan niños (ni tampoco en los propios juguetes) o que los trabajadores expuestos lleven filtros oculares. Existen otros tipos muy distintos de problemas de salud que pueden resultar agravados por el uso de luz blancoazulada puestos de relieve también muy recientemente. Un equipo de científicos de la Agencia Nacional de la Atmósfera y el Océano (NOAA) estadounidense, ha descubierto cómo los halos lumínicos empeoran el problema de la contaminación fotoquímica en las grandes ciudades.

En efecto, la luz artificial, sobre todo la de longitud de onda más corta (más azul y energética, por tanto), entorpece durante la noche la limpieza natural del aire contaminado, de modo análogo a como hace la luz solar durante el día, y con resultados no despreciables de cara al cumplimiento de los límites impuestos por las normativas de calidad del aire. Al destruirse parte del radical nitrato por la luz artificial, aumenta la producción de ozono y otros óxidos de nitrógeno también de noche.

Un último desafortunado aspecto en relación con el uso de luz blanca fría en alumbrado proviene de un ámbito bien distinto, pues los epidemiólogos advierten también del papel determinante que juega ya la luz artificial para la diseminación de enfermedades transmitidas por insectos, mucho más afectados por la luz blanca10. El efecto se ha estudiado en tres casos (enfermedad de chagas, leishmaniosis y malaria), si bien se sospecha que representan un patrón más generalizado. En este caso la iluminación nocturna artificial modifica el comportamiento tanto de la población como de los insectos facilitando así el contacto entre seres humanos y especies transmisoras de enfermedades.

CONCLUSIÓN Es necesario que las administraciones de las que depende la regulación del sector de la iluminación exterior (las alcaldías) se informen adecuadamente, por medio de agentes independientes, de la solución más conveniente para mejorar la calidad de los alumbrados públicos y privados. De la responsabilidad de todos los sectores implicados en la cadena de alumbrado de exteriores (fabricantes, proyectistas, constructores, propietarios, gestores) cabe esperar que la urgencia por trasladar al mercado nuevas tecnologías o por adoptar medidas de ahorro energético con motivo de la presente crisis económica no motive la toma de decisiones precipitadas que puedan ocasionar, a la larga, perjuicios mayores que los que se pretenden evitar. El deseable avance de la tecnología de la iluminación, que tantos e innegables beneficios proporciona, no debería llevarse a cabo en detrimento de otros avances sociales como el conocimiento del Universo, la conservación de la biodiversidad, la contención del gasto o la protección de la salud

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