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Murió el «Viejo Lin», el sanguinario líder de la Pandilla 18

Murió el «Viejo Lin», el sanguinario líder de la Pandilla 18
  • Publishedmayo 21, 2026

Carlos Ernesto Mojica Lechuga murió de una manera injusta para quien decidía con una sola palabra el destino fatal de miles de salvadoreños, en la cama de un hospital

Centros Penales informó que Carlos Ernesto Mojica Lechuga, conocido durante años como “El Viejo Lin”, falleció tras complicaciones hepáticas y un cuadro clínico severo la noche del miércoles, luego de permanecer hospitalizado por graves complicaciones de salud. El hombre señalado por autoridades salvadoreñas y estadounidenses como uno de los principales fundadores y máximos dirigentes históricos de la pandilla Barrio 18 falleció lejos de la estructura de terror que ayudó a consolidar durante décadas en el país.

Mojica Lechuga murió a causa de un fallo multiorgánico asociado a enfermedades hepáticas avanzadas, síndrome hepatorrenal y otras complicaciones médicas. Reuters reportó además que padecía problemas renales, afecciones hepáticas severas y un posible tumor cerebral diagnosticado desde 2024.

La muerte ocurrió mientras permanecía bajo estricta vigilancia policial y penitenciaria, después de varias semanas de deterioro físico que habían sido reportadas desde un hospital.

Mojica Lechuga pasó de ser uno de los nombres más temidos del crimen organizado salvadoreño a un recluso enfermo, inmóvil y custodiado permanentemente por agentes estatales. Durante años, su alias fue asociado a asesinatos, extorsiones, torturas y control territorial en distintos sectores del país.

Carlos Ernesto Mojica Lechuga, alias “Viejo Lin”

Autoridades salvadoreñas lo identificaban como uno de los líderes históricos de la facción Sureños de Barrio 18, organización criminal que se consolidó en los años posteriores a la guerra civil y que encontró terreno fértil en comunidades marcadas por pobreza, migración y desintegración social.

Diversos informes periodísticos e investigaciones judiciales ubican los orígenes de Mojica Lechuga en células pandilleras formadas en Los Ángeles, California, durante las décadas de 1980 y 1990. Posteriormente fue deportado a El Salvador, como parte de las masivas expulsiones de pandilleros centroamericanos desde Estados Unidos, fenómeno que contribuyó a la expansión de estructuras criminales en el Triángulo Norte centroamericano.

Ya en territorio salvadoreño, “El Viejo Lin” se convirtió en una figura clave en la reorganización y expansión de Barrio 18. Investigaciones periodísticas y fiscales lo señalaron durante años de dirigir operaciones criminales incluso desde prisión, manteniendo control sobre estructuras dedicadas a extorsión, homicidios, tráfico de armas y otros delitos.

Mojica Lechuga permanecía encarcelado desde 2003 en un penal de máxima seguridad y que había sido condenado por ordenar múltiples asesinatos.

Su figura adquirió notoriedad pública adicional durante la llamada “tregua entre pandillas” desarrollada en 2012 bajo el gobierno del fallecido expresidente Mauricio Funes. Mojica Lechuga participó entonces en reuniones y apariciones públicas vinculadas al proceso que buscaba reducir los homicidios mediante negociaciones entre pandillas y el Estado salvadoreño.

Aquel pacto produjo una reducción temporal de asesinatos, pasando de aproximadamente 14 homicidios diarios a cerca de cinco, según cifras retomadas por Reuters. Sin embargo, años después la tregua terminó rodeada de acusaciones de fortalecimiento criminal, manipulación política y reacomodos internos dentro de las pandillas.

Durante las dos últimas décadas, Barrio 18 se fragmentó en distintas facciones internas, principalmente Sureños y Revolucionarios, generando nuevas guerras internas y episodios de extrema violencia en comunidades urbanas salvadoreñas.

Diversas investigaciones judiciales y periodísticas sostienen que bajo liderazgos como el de Mojica Lechuga, la pandilla evolucionó desde agrupaciones juveniles callejeras hacia estructuras criminales con capacidad de control territorial, recaudación sistemática de extorsiones y redes financieras clandestinas.

Su historial criminal incluyó múltiples capturas y procesos judiciales desde principios de los años 2000. Registros periodísticos muestran que fue arrestado en reiteradas ocasiones por delitos relacionados con armas, homicidios y asociaciones ilícitas.

La muerte de “El Viejo Lin” ocurre además en un contexto donde el gobierno salvadoreño sostiene haber debilitado significativamente a las pandillas mediante el régimen de excepción implementado desde marzo de 2022. Según datos oficiales, miles de presuntos miembros de estructuras criminales permanecen encarcelados bajo esa política de seguridad.

Aunque la figura de Mojica Lechuga llegó a simbolizar durante años el poder criminal de Barrio 18, su fallecimiento también refleja el ocaso de una generación de dirigentes pandilleros que dominaron amplias zonas urbanas salvadoreñas durante más de dos décadas.

Murió en una cama hospitalaria, bajo custodia armada, sin el poder territorial ni la influencia criminal que durante años le permitió decidir, según expedientes judiciales e investigaciones policiales, el destino violento de innumerables víctimas en El Salvador.

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Redacción DL