España tendrá gobierno pero está lejos de solucionar sus problemas políticos

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Por Dario Mizrahi

Más de 300 días después de las elecciones del 20 de diciembre de 2015 en las que se debía decidir quién encabezaría el gobierno hasta 2019, España se encamina a salir de la incertidumbre. Si no ocurre nada raro, Mariano Rajoy, presidente desde 2011, y ganador de aquellos comicios con una exigua minoría de votos, será formalmente reelecto por el Parlamento en los próximos días.

En el medio hubo intensas negociaciones en las que los distintos partidos intentaron infructuosamente ponerse de acuerdo para formar un gobierno de coalición. Además se hicieron nuevas elecciones, el 26 de junio de 2016, que volvieron a arrojar ganador al Partido Popular (PP) de Rajoy. Si bien aumentó su caudal electoral, volvió a quedar lejos de la mayoría necesaria para hacerse elegir por el Congreso.

La disyuntiva de las últimas semanas era llegar a un utópico acuerdo partidario o hacer una tercera convocatoria a las urnas, estirando varios meses más el desgobierno. La encerrona se empezó a destrabar el pasado 1 de octubre, cuando Pedro Sánchez fue obligado a renunciar al liderazgo del Partido Socialista (PSOE), principal fuerza de oposición.

Al no conseguir los votos para una propuesta alternativa de gobierno que necesariamente tendría que incluir a los populista de izquierda de Podemos, el PSOE tenía dos opciones. Abstenerse y dejar gobernar al PP a pesar de no llegar a los 176 diputados, o ir a nuevas elecciones. La primera alternativa era considerado un suicidio para Sánchez, lo que bloqueaba cualquier resolución del conflicto. Su apartamiento despejó el camino.

Javier Fernández, presidente de Asturias, quedó a cargo de la Comisión Gestora que conduce al PSOE en este período de transición. Su misión es casi imposible. Mantener unido a un partido que se desangra hacia afuera por la pérdida sostenida de apoyo electoral, y hacia adentro por sus divisiones cada vez más notorias. Y al mismo tiempo hallar una solución a la crisis de España.

Fernández está entre los que creen que la abstención es el mal menor. Su liderazgo se pone a prueba este domingo, cuando se reúna el Consejo Federal (CF) del PSOE para arribar a una definición. ¿Habrá consenso o el socialismo votará dividido? Ése es el gran interrogante.

“Aunque sólo sea por el hecho de que un buen número de diputados lo son por las circunscripciones catalanas, resulta difícil que el consenso se logre. Estoy convencido que el CF tendrá como resultado una división evidente en el seno del socialismo español. La decisión que adopte por mayoría el Comité, de acuerdo a los estatutos del PSOE, debería ser respetada por la totalidad de los diputados, cosa que entiendo no pasará”, explicó Santiago Delgado Fernández, profesor de sistemas políticos en la Universidad de Granada, consultado por Infobae.

La decisión más difícil para el socialismo

“El consenso ya está tomado, pero no en el sentido unitario, sino en la disensión. El secretario general del PSC (Partit dels Socialistes de Catalunya), máximo defensor público del No a Rajoy, ha admitido que una abstención técnica sería inteligente. Por lo tanto, el CF acabará con la decisión de otorgar las abstenciones necesarias para investir a Rajoy, que vendrán del sector oficialista, con los votos contrarios del PSC y de los partidarios de Pedro Sánchez”, aseguró Ernesto M. Pascual, profesor de ciencia política de la Universidad Autónoma de Barcelona.

La división al interior del PSOE, que se evidenciará este domingo, no tiene nada de nuevo. Desde las elecciones de diciembre hay un sector para el cual es inviable cualquier acuerdo con Podemos. Lo encabeza Susana Díaz, presidente de la Junta de Andalucía. Su postura es que, para priorizar la gobernabilidad, no hay más alternativa que dejar gobernar a Rajoy.

En la vereda opuesta están los socialistas de Cataluña y el sector de Sánchez. Desde una perspectiva más ideológica, sostienen que no se le puede entregar el poder al PP, que es la derecha y que además está manchado por la corrupción. El problema que tienen es que no ofrecen una alternativa clara, ya que no terminan de aceptar un pacto con Podemos, que sería la única forma de juntar una mayoría dejando afuera al PP.

“El PSOE todavía está buscando el punto de menor resistencia interna para apoyar la abstención. Una posibilidad podría ser acordar el mínimo necesario de abstenciones para facilitar la investidura y dejar que el resto de diputados votase en contra. Esto permitiría evitar que las diferencias internas se hagan explícitas por el momento. Si el PSOE decidiese abstenerse en bloque abriría un problema con diversas federaciones partidarias del voto en contra”, dijo a Infobae Oscar Barberà, profesor coordinador de la titulación de Ciencias Política y de la Administración Pública en la Universidad de Valencia.

De un modo u otro, ya nadie duda de que el PSOE garantizará el mínimo de diputados necesarios para que Rajoy sea investido presidente. Eso tendrá consecuencias para el futuro del partido.

“Hace unos días el socialista Patxi López, que fue presidente de la Comunidad Autónoma del País Vasco, decía con bastante razón que la abstención puede servir al PSOE para impedir que en unas nuevas elecciones el PP incremente su ventaja y consiga formar gobierno incluso con mayoría absoluta. Pero también decía López, de forma muy acertada, que el problema de abstenerse puede venir del lado de la pérdida de credibilidad futura de los votantes socialistas”, dijo Delgado Fernández.

Uno de los mayores costos que puede experimentar el socialismo es la pérdida de militantes, que no pueden entender que se le entregue el poder a su mayor enemigo. Esto hace que muchos analistas consideran a la abstención como un error.

“El hecho de facilitar el gobierno al PP va tener un fuerte impacto, no sólo en el futuro, sino en el presente del PSOE. Por lo pronto parece evidente que una parte de la militancia va a abandonar el partido. Otra posible consecuencia es la fractura interna que quedará y que puede hacerse evidente en el momento que los nuevos dirigentes convoquen el congreso. En mi opinión, facilitar la investidura de Rajoy es un error estratégico evidente por parte de los nuevos dirigentes del PSOE”, dijo a Infobae Oriol Bartomeus, profesor de política española en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sin embargo, otros analistas ven las cosas de otra manera. El PSOE estaba entre la espada y la pared. Abstenerse, acordar con Podemos e ir a nuevas elecciones eran todas alternativas con más costos que beneficios. Quizás la primera era la menos mala. Y si no, es al menos la que permite salir del parate actual.

“Después de la dimisión forzada de su secretario general —dijo Barberà— el PSOE necesita tiempo para buscar un nuevo liderazgo y reorientar su futuro. Ahora mismo, garantizar la investidura es la única opción para darle este tiempo. Ir a elecciones supondría perder todavía más votos y por descontado no es una alternativa de gobierno. Se trata de elegir entre malo o peor”.

El desafío de gobernar en minoría

“Será una excelente prueba para el nuevo sistema de partidos que se está gestando en España —dijo Pascual—. El comportamiento electoral está variando, la incorporación de sectores jóvenes a las votaciones, desinhibidos ya de la guerra civil y su memoria histórica, hace que los dos grandes partidos queden lejos de las mayorías absolutas. Pero hay un paso gigante que dar todavía para nuestros políticos: el cambio de una cultura política de aplastamiento del contrario a la del diálogo para la elaboración de políticas comunes. No veo a Rajoy capacitado para ello”.

El estilo de gobierno tan personalista y cerrado del presidente es uno de los mayores obstáculos para la consolidación de un sistema político que tienda más al acuerdo y menos a la confrontación. ¿Cambiará eso ahora que ya no dispondrá de la mayoría absoluta con la que contó hasta ahora?

“En España ha habido muchos gobiernos en minoría. De entrada será débil y posiblemente de corta vida. Esto podría ser una buena ocasión para iniciar reformas institucionales profundas, pero hasta el momento el PP no se ha prestado a ello y electoralmente le ha ido de maravilla. ¿Para qué molestarse, entonces?”, se preguntó Barberà.

Más allá de la estrategia que adopte el PP, el socialismo tendrá muy pocos incentivos para llegar a acuerdos. Con entregarle la presidencia a Rajoy es suficiente.

“El PSOE tendría que ejercer una labor de oposición de naturaleza muy conflictual, que pudiera generar réditos en el futuro inmediato. Curiosamente, es la debilidad socialista y la competencia que ejercerá Podemos la que obligará a que su papel en la oposición sea menos abierto al diálogo con el gobierno. Todo tipo de pacto podría servir para ceder la condición de oposición y alternativa a su competidor político”, apuntó Delgado Fernández.

Con un presidente unilateral y reacio al diálogo, y una oposición culposa que no querrá regalarle nada, parece que España se mantendrá en una situación de empate. No obstante, es posible que la nueva administración de Rajoy no sea tan débil como muchos creen.

“El sistema parlamentario español está diseñado de tal forma que permite al gobierno una amplia capacidad de maniobra frente al legislativo, con lo que no me parece que el PP sufra mucho en minoría. Probablemente va a perder votaciones, en parte porque el PSOE tendrá que gesticular para hacerse perdonar por sus electores el hecho de haber investido a Rajoy, pero no me parece que pueda ir más allá. Rajoy puede gobernar con comodidad. Y si no, siempre le queda la carta de disolver el Congreso y llamar a elecciones para reforzar su mayoría a costa de un PSOE diezmado”, concluyó Bartomeus.