¿En manos de quien estamos?

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Por  Mauricio Eduardo Colorado.-

El tema de la corrupción ha tomado importancia en las últimas semanas al conocerse situaciones que se hacen sospechosas de que ha habido malos manejos en las arcas del estado.

Como si no fuera suficiente el despilfarro gubernamental contrastado con la falta de recursos y el castigo a la población con la creación de nuevos impuestos.

La sección de probidad de la Corte Suprema de Justicia que durante siempre ha permanecido en silencio desde que la misma Corte la mandara a callar hace algunos años, ha levantado una polvazón al revelar las enormes diferencias de patrimonio de funcionarios que entraron al gobierno con bienes modestos, y con el tiempo los han incrementado hasta en más del DOS MIL QUINIENTOS POR CIENTO.

También es de hacer notar que algunas justificaciones para tan desproporcionado incremento ha sido la declaración de las más variadas explicaciones, tales como afirmar  que el desaforado aumento se debe a explotación de cañales, o por haber contraído matrimonio. Lo grave de esto se viene como consecuencia de la evidencia mostrada por instituciones del mismo gobierno, como Probidad, o la secretaría de transparencia, en donde  se dan a conocer que los salarios  de algunos funcionarios superan al del Jefe del Ejecutivo, que teóricamente debería ser el salario más alto dentro de los servidores públicos.

Como si lo anterior no fuera suficiente, tenemos que aguantar declaraciones simplistas como la del tribunal de ética, que simplemente “tiran el bulto” al afirmar que no investigaran determinado caso, porque (a priori) “de todos modos no se encontrará nada”, y donde se tiene el criterio de que el hecho de que toda la familia trabaje en un puesto de gobierno no va contra la ética, porque “son profesionales”.

Pero no bastando lo que hemos logrado saber por medio de los periódicos  y en general por los medios de comunicación, se viene a confirmar (por la boca muere el pez) que la cosa no es tan clara como se pretende, con el hecho de que los políticos temen alguna reacción del pueblo, que proponen cambiar la legislación sobre la información protegida constitucionalmente  con la libre expresión, castigando con cárcel a quien haga público lo que se descubre  de tanto vividor que extrae la sangre de su pueblo.

¡Dígame Usted, amigo lector! ¿Cómo se puede proteger al pueblo si los mismos representantes de él son sus verdugos? ¿Cómo se puede esperar que el legislador dicte una ley protectora contra estos desmanes, si muchos  de quienes elaboran y dictan las leyes son los mismos sujetos de quienes queremos protegernos?

Menudo problema tiene nuestro país que tiene esperanzas de que se instale una CICIES, como sucedió en Guatemala, donde un ex presidente y su ex vice presidenta guardan prisión esperando por un juicio por corrupción.

De verdad que El Salvador es el país donde sucede lo increíble y lo inverosímil. El colmo de los colmos ha sido que hasta en el mundo de la religión se registran desordenes inconcebibles, como el caso de un pastor que dirigía cultos para recoger las extorciones de la pandilla; o la increíble afirmación de su santidad Francisco, que ha dicho que obispos de nuestro país “difamaron y ensuciaron” a Monseñor Romero”.

Aunque muchos tenemos dudas sobre la actuación del ahora Beato, (como humano era imperfecto) el hecho de que el propio Papa señale a la jerarquía del clero como pecador dice mucho de la confianza que pueda inducir en el rebaño, sus dirigentes. ¡Dios Salve a El Salvador!

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