El viaje misterioso de los libros sagrados

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El conejo que aparece en la parte inferior de esta vasija está asociado en la mitología maya a la escritura.

Esta es la historia de cómo los escritos mayas fueron extraídos de Guatemala.

Por Claudia Palma/ Prensa Libre

Dos de las grandes incógnitas que se mantienen con respecto a los libros sagrados mayas que se encuentran en el extranjero son ¿cómo y cuándo salieron del país?

Historiadores, epigrafistas y arqueólogos sostienen tres hipótesis: algunos creen que fueron obsequiados a los emperadores europeos, otros que formaron parte del tributo conocido como el Quinto Real, pero hay quienes afirman que fueron confiscados o quemados por razones religiosas, debido a que creyeron que en sus páginas habitaban los demonios.

El Popol Vuh o Libro del Consejo es, sin lugar a dudas, el texto maya más importante pues se valora tanto por su contenido histórico y mitológico como por sus cualidades literarias.

Su esencia narrativa se basa en la creación del mundo desde la cosmogonía precolombina. Se desconoce el paradero del texto original, que data del siglo XVI. Se sabe que fue escrito en k’iche’.

Quienes lo transcribieron creen que hubo una versión mucho más antigua, de antes de la conquista española, según la página web del Museo Popol Vuh, de la Universidad Francisco Marroquín.

La transcripción que hizo el dominico Francisco Ximénez a principios del siglo XVIII es la que se encuentra en la biblioteca de Chicago. ¿Cómo llegó allá?

De acuerdo al epigrafista Federico Fahsen “fue extraído de la biblioteca de la Universidad de San Carlos por el abate francés Charles Brasseur de Bourbourg, quien publicó una versión en francés en 1861 y vendió el manuscrito a la biblioteca de Chicago”.

Mural de Diego Rivera acerca de la quema de los códices.
Mural de Diego Rivera acerca de la quema de los códices.

Fuego inquisidor

La historia reconoce al franciscano Diego de Landa por sus estudios de la cultura maya. Es el autor de la Relación de las cosas de Yucatán, donde proporciona una idea bastante aproximada de las costumbres indígenas y el proceso de la Conquista.

Sin embargo, el religioso, quien también llegó a ser provincial de Yucatán, tuvo un pasado inquisidor. La noche del 12 de julio de 1562, montó en cólera al descubrir que los indígenas preservaban sus ritos y costumbres, por lo que ordenó la captura de 30 caciques a quienes trasquiló, además, destruyó altares, estelas, vasijas y quemó los Códices.

En relación a estos sucesos, De Landa escribió: “Usaba también esta gente de ciertos caracteres o letras con las cuales escribían en sus libros sus cosas antiguas y sus ciencias, y con estas figuras y algunas señales de las mismas, entendían sus cosas y las daban a entender y enseñaban. Hallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y les dio mucha pena”.

Esta destrucción, que se llevó a cabo el 12 de julio de 1562, es conocida como el Auto de Fe de Mani, que fue pintada en un mural por Juan O’gorman, el que se encuentra en la parte sur de la biblioteca de la Universidad Nacional Autónoma de México.

De Landa fue acusado ante el rey Felipe II por los abusos cometidos y regresó a España. Once años después, en 1573, volvió a Yucatán nombrado como obispo al lograr desvanecer los señalamientos.

Se cree que los libros de Chilam Balam, escritos después de la Conquista, contienen relatos de los documentos que quemó De Landa. En cuanto al paradero de estos documentos, se sospecha que tuvieron muchos dueños y, que, incluso, fueron robados y ofrecidos a la venta en Estados Unidos. “Como son varios libros es aventurado precisar en dónde están cada uno de los que se conservan”, opina Fahsen.

En Madrid

Chancenote es un pequeño pueblo al noreste del estado de Yucatán, México. Está ubicado a 205 kilómetros al este de la capital de Mérida y a 165 de Cancún. Este es el punto del cual parte el profesor John Chuchiak, de la universidad de Misuri, para explicar las razones por las que el Códice de Madrid apareció en España.

Un parche que se supone fue adherido al documento en mención se convirtió en el centro de discusiones en la universidad de Tulane, Nueva Orleáns, de junio del 2001 a febrero del 2002. La cuestión de si el parche data o no de antes del contacto con los españoles llevó a Chuchiak a sacar interesantes conclusiones.

En su estudio Papal Bulls, Extirpators, and the Madrid Codex, the Content and Probable Provenience, menciona que en este códice puede observarse un parche escrito con letra itálica o bastardilla.

“Los orígenes de este estilo de cursiva gótica utilizada por escribas papales en Italia y que se extendió a España y luego al Nuevo Mundo datan de mediados del siglo XVI”, explica el académico.

Pero otros pedazos de este parche tienen la letra “cortesana”, por lo cual los paleógrafos calculan que no fue escrito más allá de 1610, cuando el estilo de “cortesana” entró en desuso.

El sacerdote Gregorio Aguilar y su primo Pedro Sánchez de Aguilar, quien ocupó el cargo de juez eclesiástico de la Vicaría de Chancenote, hallaron varios códices que dijeron fueron “escritos en la corteza de ciertos árboles y sobre ellos se elaboraron figuras de demonios que dichos indios adoraban”.

Se cree que Sánchez de Aguilar descubrió el Códice de Madrid, en 1607, durante una de sus investigaciones sobre “costumbres idólatras”. Cuando regresó a España, al parecer se entrevistó con el rey Felipe III, quien admirado de su defensa por el catolicismo, lo nombró canónigo de Potosí como premio.

Las audiencias entre el rey y el religioso tuvieron lugar en el castillo de Badajoz, en Extremadura, España, la misma provincia donde, supuestamente, fue encontrado el Códice de Madrid.

Lo anterior hace sospechar que de Aguilar lo llevó a dicho país, pero Chuchiak opina que “nunca sabremos con certeza si fue de Aguilar quien lo confiscó y luego lo transportó” a España.

En Dresde

La maya fue “la única cultura que escribió en monumentos, en vasijas, en códices. Ellos eran proclives a narrar sus historias”, comparte Fahsen.

El patrón de la escritura representado por un anciano con una red en la cabeza enseña a unos jóvenes aprendices.
El patrón de la escritura representado por un anciano con una red en la cabeza enseña a unos jóvenes aprendices.

Los códices, lejos de ser libros demoníacos, eran sistemas para predecir inundaciones, sequías, eventos astronómicos, prácticas diarias como la agricultura y la caza. También eran medios de consulta para los sacerdotes.

“A diferencia de los toltecas, olmecas y los incas, los mayas sí tenían forma de unir los glifos en un sistema de lectura completo”, agrega Fahsen.

Para los arqueólogos Camilo Luin y Ernesto Arredondo, la salida de estos códices pudo obedecer al pago del Quinto real o el Quinto del rey, un tributo que se pagaba cuando se cazaba una presa o se descubría un tesoro.

Entre los códices que los españoles se llevaron a Europa pudo haber estado el de Dresde, llamado así porque en la actualidad se conserva en la biblioteca que lleva el mismo nombre, en Alemania.

¿Cómo llegó hasta ahí? Fahsen tiene una explicación bastante lógica. Pudo haberse tratado de un regalo para Carlos V (1500-1558), quien era nieto de los reyes católicos, y de Maximiliano I de Habsburgo y María de Borgoña, de quienes heredó los territorios austríacos y el derecho al trono.

El de Dresde, el más bello, está en la Biblioteca Real de Sajonia, en Alemania y llegó desde Viena. En 1740 ya aparecía en el inventario de la biblioteca de Dresde, cita el libro Los códices, escrito por Fahsen y Daniel Matzul.

El Códice Peresiano fue adquirido por la Biblioteca Imperial de París, en 1832. Incluso durante algún tiempo estuvo extraviado hasta que el mayista León de Rosny lo encontró.

Los arqueólogos Luin y Arredondo consideran que este patrimonio llegó a España porque fue entregado como tributo o regalo diplomático, pero al igual que otros especialistas, coinciden en que la salida del continente americano sigue siendo un misterio.