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Diario Latino

Cambio Climático

El Niño “muy fuerte” eleva el riesgo de sequía, incendios y crisis alimentaria

El Niño “muy fuerte” eleva el riesgo de sequía, incendios y crisis alimentaria
  • Publishedseptiembre 14, 2026

Cuatro gobiernos de Centroamérica ya activaron estados de emergencia ante el avance del fenómeno de El Niño, que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) pronostica que se intensificará hasta convertirse en un episodio “muy fuerte” y podría extender sus efectos hasta entrado 2027. Panamá, El Salvador, Honduras y Guatemala han declarado emergencias o alertas rojas para enfrentar sequías, déficit hídrico y amenazas a la agricultura, mientras los pronósticos regionales asignan una probabilidad cercana al 100% de que El Niño persista al menos hasta febrero de 2027.

Emergencias declaradas en la región

Panamá fue el primero en escalar la respuesta: el Consejo de Gabinete decretó estado de emergencia nacional por los impactos climáticos asociados a El Niño, con el objetivo de reforzar la capacidad operativa de las instituciones, salvaguardar a la población y atender bienes afectados. La medida se adoptó en un contexto de menor disponibilidad de agua dulce para las esclusas del Canal, que ya ha obligado a reducir el número diario de tránsitos.

En El Salvador, la Dirección General de Protección Civil emitió el 25 de agosto una alerta roja por sequía meteorológica y agrícola en todo el territorio, con vigencia inmediata y hasta nuevo aviso. La declaratoria advirtió que entre agosto y parte de septiembre se espera la recurrencia de períodos secos asociados a El Niño y a la extensión de la canícula, con una probabilidad de entre 20% y 40% de que ocurra al menos un episodio de sequía meteorológica a escala nacional.

Honduras, por su parte, amplió la alerta roja por sequía a 103 de sus 298 municipios, concentrados en el corredor seco y zonas con mayor vulnerabilidad hídrica y agrícola. Guatemala se suma al esquema de emergencia en la región, según han informado medios y organismos internacionales, aunque los detalles operativos varían entre departamentos y sectores.

Qué dice la ciencia: un El Niño que se “supercarga”

La OMM confirmó que, a mediados de agosto de 2026, El Niño estaba firmemente establecido, con anomalías positivas persistentes de temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Los modelos climáticos coinciden en que el fenómeno ganará fuerza durante los próximos meses, con una probabilidad cercana al 100% de persistencia hasta febrero de 2027.

Centroamérica, África e Indonesia registran impactos de El Niño sobre cosechas, incendios forestales, seguridad alimentaria y disponibilidad de agua

El secretario general de la ONU, António Guterres, resumió el escenario al afirmar que “El Niño está siendo ‘supercargado’ ante nuestros ojos”, en un planeta y unos océanos cada vez más cálidos. La OMM aclaró que el fenómeno es natural y no está causado por el cambio climático, pero subrayó que se desarrolla en un contexto que puede amplificar sus extremos: una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua y favorecer lluvias concentradas y torrenciales cuando se activan los mecanismos meteorológicos correspondientes.

NOAA, por su parte, elevó a más del 90% la probabilidad de un evento “muy fuerte” durante el otoño e invierno boreales de 2026-27, lo que refuerza la expectativa de impactos significativos en los patrones de lluvia y temperatura a escala global.

Centroamérica en la mira: calor, lluvia irregular y presión sobre el agua

Para el trimestre septiembre-noviembre de 2026, los pronósticos estacionales asignan a Centroamérica y el Caribe entre 70% y 80% de probabilidad de temperaturas superiores a lo normal. En precipitación, la señal es más matizada: la OMM indica una mayor probabilidad de lluvias inferiores a lo habitual sobre todo hacia el sur de Centroamérica y el Caribe, sin que eso implique una sequía homogénea en todos los territorios.

Esa combinación es la que preocupa a los gobiernos: calor persistente, lluvias erráticas y déficit acumulado pueden afectar cultivos de granos básicos, café, pastos y horticultura, además de reducir la recarga de ríos, pozos y embalses. En Panamá, once cuencas hidrográficas ya se encuentran bajo estrés hídrico, con implicaciones para el abastecimiento de agua, la generación hidroeléctrica y las operaciones del Canal.

Organizaciones como Oxfam y Acción contra el Hambre han llamado a los gobiernos de la región a adoptar medidas urgentes para proteger los medios de vida de las comunidades más vulnerables, ante el riesgo de que dos ciclos agrícolas se vean afectados por la irregularidad de las lluvias.

El Salvador: alerta roja, zonas críticas y próximos meses

En El Salvador, la alerta roja habilita un margen de maniobra más amplio para el Estado: movilización de recursos, coordinación reforzada entre instituciones y activación de protocolos de respuesta ante sequía meteorológica y agrícola. Protección Civil ha señalado que las zonas oriental y paracentral enfrentan la mayor probabilidad de lluvias por debajo de lo normal entre agosto y octubre, con déficits que podrían alcanzar hasta 90% en algunos sectores.

La sequía vinculada a El Niño redujo el agua disponible para las esclusas del Canal de Panamá y afectó la producción agrícola en Centroamérica y el Caribe

Aunque el país permanece dentro de su estación lluviosa, el riesgo actual no es la ausencia total de precipitaciones, sino su mala distribución: períodos secos más largos, canícula extendida y tormentas aisladas que pueden causar daños puntuales aun en un contexto de déficit estacional. El pronóstico operativo del MARN sigue contemplando lluvias y tormentas, especialmente en la franja norte y la cordillera volcánica, junto con un ambiente muy cálido.

De cara a los próximos meses, la combinación de un El Niño en fortalecimiento y la transición a la estación seca eleva la probabilidad de:

  • Estrés hídrico en cuencas clave, con menor recarga de embalses y pozos.
  • Pérdidas en agricultura de temporal, sobre todo en maíz, frijol y pastos, si se consolidan déficits de lluvia en fases críticas del cultivo.
  • Mayor riesgo de incendios de vegetación donde coincidan altas temperaturas, viento y combustibles secos.
  • Inundaciones y deslizamientos localizados por tormentas convectivas intensas, aun en un trimestre con tendencia a menor lluvia.

La declaratoria de emergencia en la región no es solo un gesto político: busca anticipar medidas de ahorro de agua, apoyo a productores, control de incendios y preparación ante eventos extremos, en un escenario que la OMM describe como de “aguas desconocidas” por la interacción entre un El Niño muy intenso y un clima global más cálido.

Qué se espera en los próximos meses

Los pronósticos estacionales no permiten predecir milímetros de lluvia para una localidad concreta, pero sí orientan sobre riesgos predominantes. Para El Salvador y sus vecinos, la señal más sólida es de temperaturas por encima del promedio y una mayor probabilidad de déficits de precipitación hacia el sur de Centroamérica.

Entre diciembre de 2026 y febrero de 2027, la persistencia de El Niño con probabilidad cercana al 100% sugiere que los déficits acumulados durante la estación lluviosa podrían traducirse en presión adicional sobre el abastecimiento de agua y la agricultura de riego. Después de febrero, la incertidumbre aumenta: la evolución exacta de ENOS y sus efectos locales dependerá de actualizaciones mensuales de los servicios meteorológicos nacionales y de los foros climáticos regionales.

El calentamiento del Pacífico tropical central y oriental llevó al índice Niño 3.4 a anomalías de hasta +2,6 °C y registró más de 8 °C sobre la media bajo la superficie

En ese contexto, las emergencias declaradas por Panamá, El Salvador, Honduras y Guatemala buscan ganar tiempo y capacidad de respuesta antes de que los impactos se profundicen. La región entra ahora en una fase de vigilancia reforzada, donde cada boletín del MARN, de los servicios hidrometeorológicos y de la OMM será clave para ajustar decisiones en agricultura, agua, energía y protección civil.

Qué pronósticos maneja la OMM sobre la intensidad del fenómeno de El Niño

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) maneja actualmente un pronóstico de alta confianza sobre un El Niño que ya está “firmemente establecido” y que se intensificará hasta alcanzar una intensidad muy fuerte antes de finalizar 2026.

Intensidad y momento del pico

  • Estado actual: El Niño ya se había consolidado a mediados de agosto de 2026, con anomalías positivas persistentes de temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental.
  • Tendencia de intensidad: La OMM indica que el fenómeno se fortalecerá aún más en los próximos meses hasta llegar a una intensidad “muy fuerte” e incluso “excepcionalmente fuerte”.
  • Pico esperado: Se proyecta que El Niño alcance su pico hacia finales de 2026 (hacia noviembre-diciembre), con impactos climáticos que se extenderán bien entrado 2027.

Probabilidad de persistencia

La OMM ha sido muy explícita en su nivel de certeza:

  • Existe una probabilidad “excepcionalmente alta, cercana al 100%” de que El Niño persista durante septiembre-noviembre de 2026 y diciembre 2026-febrero 2027.
  • En sus propias palabras, es la primera vez que la OMM expresa un grado de certeza tan alto para la persistencia del fenómeno.

Indicadores oceánicos clave

La OMM basa sus pronósticos en varios indicadores, entre ellos:

  • El índice Niño 3.4 (temperatura superficial del mar en una zona clave del Pacífico ecuatorial) mostró, entre finales de julio y mediados de agosto de 2026, valores semanales entre +2.2 °C y +2.6 °C por encima del promedio, lo que refleja una intensificación continua.
  • Los centros productores globales de la OMM proyectan que la anomalía estacional promedio podría alcanzar valores cercanos a 2.9 °C durante agosto-octubre de 2026, con una trayectoria de intensificación que se mantiene hasta el pico de noviembre.

Qué implica este pronóstico

La OMM no usa estas proyecciones para predecir lluvia exacta en una ciudad, sino para alertar sobre riesgos predominantes:

  • Mayor probabilidad de temperaturas por encima de lo normal en casi todas las áreas continentales durante septiembre-noviembre de 2026.
  • Patrones de precipitación compatibles con una respuesta atmosférica intensa ante un El Niño fuerte, con mayor riesgo de sequías, inundaciones y olas de calor según la región y la época del año.
  • Impactos que pueden extenderse más allá del pico del fenómeno, afectando agricultura, recursos hídricos, salud, energía e infraestructura durante 2027.

En resumen, el pronóstico de la OMM para este evento es claro: El Niño muy fuerte, con pico a finales de 2026 y persistencia casi segura hasta al menos febrero de 2027, lo que eleva la probabilidad de extremos climáticos en múltiples regiones.

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Redacción DL