Catrachos y Guanacos…y Chapines

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Por Antonio Mosquera Aguilar (Guatemalteco)

Los hondureños recibieron su gracioso apodo gentilicio por parte de los guatemaltecos durante la guerra centroamericana contra los filibusteros, de 1856 a 1857.

Se trató de una corrupción del apellido del comandante del ejército de Honduras que acudía en defensa de la patria centroamericana. De la misma manera, en la camaradería formada en esa guerra, también se bautizó a los salvadoreños con el hipocorístico de Guanaco.

Los hondureños recibieron el apelativo de Catrachos porque eran dirigidos por el general Florencio Xatruch. Por comodidad o por juego, en vez de exclamar: “vienen los Xatruches”, se terminó diciendo: “vienen los Catrachos”.

Como se sabe, la costumbre de cambiar nombres es corriente entre los hablantes de castellano. En vez de decir Bruges o Brugge, se dice Brujas para nombrar una ciudad en Bélgica. En lugar de München se dice Múnich, para la capital de Baviera, y así, en muchos casos. Por lo tanto, los hondureños quedaron identificados como Catrachos.

Por su parte, también en dicha guerra, los salvadoreños fueron identificados con un sobrenombre muy llamativo. Algunos creen que se trataba de relacionarlos con el Guanaco, un camélido de Sudamérica. Tal situación es imposible, pues los campesinos guatemaltecos que formaban la tropa desconocían ese extremo. Todo resultó de la costumbre salvadoreña de parlamentar.

En efecto, entre los diversos contingentes centroamericanos que luchaban contra el filibustero norteamericano William Walker, el contingente militar salvadoreño era partidario de una coordinación estrecha para la defensa de la soberanía. Se debe llamar la atención que existía la costumbre muy extendida en el campo de que las juntas de vecinos, por conveniencia, debían realizarse a la sombra. Nada mejor que bajo un guanacaste; ahora, en nuestros países, se conoce preferentemente como conacaste.

Pues bien, los salvadoreños llamaban a reuniones de coordinación entre los diversos contingentes del ejército centroamericano a la sombra de los guanacastes. De donde cuando se acercaban a la tropa guatemalteca, se sabía que seguramente convocaban a una junta bajo el albergue refrescante de aquel árbol. En consecuencia, los guatemaltecos los llamaron Guanacos, porque vivían a la sombra del guanacaste.

Pocos saben que los apelativos de Catrachos y Guanacos se acuñaron en aquella gesta. Estos no son gentilicios, sino hipocorísticos. Como se indica, se trata de un reconocimiento fraternal entre camaradas. Son los tratos entre familia, entre hermanos.

Y los ‘Chapines’?

La palabra chapín es de origen vasco y proviene de “txapin” que significa: zapatilla o escarpín. En el siglo XIV se puso de moda en España un zapato de plataforma que se llamaban “chapines”.

En la época de la Colonia el Reino de Guatemala comprendía desde el sur de México hasta Costa Rica y los habitantes de la capital de Guatemala empezaron a usar ese incómodo calzado para estar a la moda. Cuando viajaban por lo que hoy es Centroamérica eran objeto de burla, ya que el tamaño de la plataforma era muy grande (para darle altura a la persona) y se les dificultaba caminar.

Por ese motivo los países del área centroamericana conocen a los guatemaltecos como “chapines”. Así pues, en un inicio se les llamaba popularmente así a los habitantes de la capital de Guatemala pero posteriormente pasó a ser el sobrenombre de todos los guatemaltecos.

Hoy, de la misma manera que hace doscientos años, los Chapines deben coordinarse con los Guanacos y Catrachos por los migrantes, para fortalecer sus economías, para mejorar la coordinación policial.

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