Extraña luz púrpura aparece en los árboles durante tormentas
Científicos han detectado un tenue brillo ultravioleta que aparece en las puntas de los árboles durante las tormentas eléctricas, un fenómeno poco conocido que sería más común de lo que se pensaba
Un grupo de científicos ha observado por primera vez un fugaz resplandor púrpura que aparece en las puntas de los árboles durante las tormentas eléctricas, detalla un estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters.
Cuando la diferencia de carga eléctrica dentro de las nubes se vuelve muy grande, la energía suele liberarse forma violenta en forma de rayos. Sin embargo, en algunos casos la descarga ocurre de manera mucho más suave.
Si el aire alrededor de un árbol actúa como buen aislante, la electricidad puede acumularse en sus hojas. Esa carga atrapada produce entonces un brillo tenue de luz ultravioleta llamado corona, formando una especie de halo luminoso alrededor de las puntas.
El llamado fuego de San Telmo
Este fenómeno es conocido como fuego de San Telmo. Se produce cuando un campo eléctrico muy intenso se concentra en un objeto puntiagudo —como mástiles de barcos, agujas de iglesias o las puntas de los árboles— e ioniza las moléculas de aire cercanas, generando plasma con un brillo azul o violeta.
Se trata de un evento casi invisible. No obstante, en condiciones adecuadas puede observarse: «Se parecería a un montón de luciérnagas o a un espectáculo de luces realmente genial», explica el autor principal, Patric McFarland, meteorólogo de la Universidad Estatal de Pensilvania, en declaraciones recogidas por New York Times.
«Estas cosas realmente suceden; las hemos visto. Ahora sabemos que existen. Tener finalmente evidencia concreta de ello creo que es lo más emocionante», agrega McFarland en un comunicado de la Unión Americana de Geofísica (AGU).

Cazando tormentas con una miniván adaptada
Para capturar estas descargas, los científicos literalmente salieron a cazar tormentas en la costa este de Estados Unidos durante el verano de 2024.
El equipo adaptó una miniván Toyota Sienna del 2013 con instrumentos científicos: una estación meteorológica, un detector de campo eléctrico, un telémetro láser y un periscopio montado en el techo que dirigía la luz hacia una cámara ultravioleta.
La remodelación del vehículo fue bastante radical: «Tuvimos que quitar un asiento para poner el telescopio y luego abrimos un agujero de 30 centímetros en el techo. Arruinó por completo el valor de reventa del automóvil, pero no importa», cuenta McFarland.
Luces invisibles en las copas de los árboles
Detectar con el ojo humano estas emisiones luminosas en la naturaleza es casi imposible. Con una visión sobrehumana, propone McFarland, «verías esta franja de brillo en la parte superior de cada árbol bajo la tormenta».
Sin embargo, al analizar las grabaciones en el laboratorio, los investigadores descubrieron que, en realidad, el fenómeno parece ser más común de lo que se pensaba: «Cada árbol que observamos bajo una tormenta tenía cantidades o frecuencias muy similares de este brillo de corona», afirma McFarland al medio estadounidense.
En una de sus secuencias, no se observa ninguna luz a simple vista. Pero los instrumentos detectaron 41 ráfagas de luz ultravioleta en las ramas de un árbol liquidámbar, con destellos que duraban entre 0,1 y 3 segundos.
Según los investigadores, estas luces aparecen de forma intermitente, «saltando de hoja en hoja, y a veces, repitiendo en la misma hoja».

Posibles efectos en los árboles
Los científicos sospechan que estas descargas eléctricas podrían afectar a los árboles, dañando de forma sutil las puntas de las hojas. «Estas coronas generalizadas tienen implicaciones para la eliminación de hidrocarburos emitidos por los árboles, daños sutiles a las hojas de los árboles y una electrificación limitada de las tormentas eléctricas», plantean los autores.
Además, sugieren que los impactos que las coronas tienen sobre la química atmosférica, la ecología forestal, la salud y la evolución, y la electrificación de las tormentas eléctricas «deben reevaluarse y comprenderse, especialmente a medida que las tormentas eléctricas, y por lo tanto las coronas, aumentan en un clima en calentamiento», apuntan los especialistas.
«Ahí es realmente donde me gustaría llegar a continuación, para averiguar qué impactos tiene esto en el árbol en sí y en el bosque en su conjunto», destaca McFarland.
Opinión de otros científicos
Richard Zare, profesor de química en la Universidad de Stanford, que no participó en el estudio, señala que los resultados «podrían ser muy importantes» para entender cómo los rayos y los árboles combinados generan ozono y óxidos de nitrógeno en la atmósfera.
En tanto, Loïc D’Orangeville, ecólogo forestal de la Universidad Laval en Quebec, también ajeno al estudio, cree que ahora deberían analizarse con mayor detalle los efectos del fuego de San Telmo en los árboles.
«Hay alrededor de 1,800 tormentas ocurriendo en un momento dado en la Tierra. Así que es una cantidad bastante significativa de estas coronas ocurriendo todo el tiempo. Como ecólogo, me parece genial descubrir algo nuevo que les ocurre a los árboles y de lo que no tenía absolutamente ninguna idea», concluye.