El Niño ganó fuerza antes de su pico previsto para fin de año
La NOAA y la Organización Meteorológica Mundial advierten que el calentamiento del Pacífico ecuatorial continúa intensificándose y podría dar lugar a uno de los episodios más fuertes desde 1950. Los pronósticos anticipan alteraciones en las lluvias y temperaturas durante los próximos meses, con riesgos para el agua, la agricultura y la seguridad alimentaria
El fenómeno climático de El Niño se ha fortalecido en las últimas semanas y se encamina hacia un máximo previsto para diciembre, según las más recientes evaluaciones de organismos meteorológicos internacionales. Las proyecciones apuntan a un episodio excepcionalmente intenso, cuyos efectos podrían prolongarse durante los primeros meses de 2027, aunque su impacto concreto dependerá de las condiciones de cada región.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de Naciones Unidas, informó el 8 de octubre que las temperaturas superficiales del océano Pacífico tropical central y oriental podrían alcanzar niveles récord durante el trimestre de octubre a diciembre. Su pronóstico contempla una anomalía media cercana a los 3,7 grados Celsius por encima de lo normal para ese período, una cifra superior a la registrada durante el episodio de 2015-2016, cuando la anomalía alcanzó 2,6 grados.
La estimación corresponde al promedio previsto para una región oceánica y un período determinados, no a una temperatura uniforme en todo el Pacífico. La OMM considera que el evento podría situarse entre los más fuertes desde que comenzaron los registros modernos en 1950.
La agencia de Naciones Unidas también calcula que existe una probabilidad cercana al 100 % de que El Niño continúe hasta febrero de 2027. Esa previsión no significa que el fenómeno mantendrá la misma intensidad durante todo ese tiempo ni que sus efectos terminarán automáticamente cuando las condiciones oceánicas comiencen a debilitarse.
La NOAA confirma el fortalecimiento del fenómeno
El Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) señaló en su evaluación del 8 de octubre que El Niño continuó fortaleciéndose durante septiembre.
En su informe, la agencia registró anomalías de temperatura superficial superiores a los 4 grados Celsius en sectores del Pacífico ecuatorial oriental. El índice Niño 3.4, utilizado para vigilar las condiciones en la zona central del Pacífico tropical, alcanzó una anomalía de 2,1 grados Celsius, mientras que otros índices regionales registraron valores más elevados.
La NOAA estima que existe una probabilidad superior al 83 % de que se mantenga un episodio de intensidad fuerte a muy fuerte durante el período de enero a marzo de 2027. También considera elevada la posibilidad de que el evento supere la intensidad de los episodios registrados desde 1950.
Las cifras de la NOAA y de la OMM deben interpretarse según sus respectivos índices, regiones de referencia y períodos de cálculo. Aunque ambas instituciones coinciden en la tendencia de fortalecimiento, sus valores no son necesariamente comparables de manera directa.
El pronóstico de la NOAA integra observaciones oceánicas y atmosféricas con modelos climáticos de distintos centros de investigación. La coincidencia entre las mediciones y las simulaciones permite a los especialistas sostener que el calentamiento no es una fluctuación aislada, sino parte de un patrón climático que ya está establecido.
Copernicus detecta un océano excepcionalmente cálido
Las observaciones europeas también apuntan a un calentamiento persistente. El Servicio de Cambio Climático de Copernicus, de la Unión Europea, indicó en su actualización del 12 de octubre que la temperatura media global de la superficie del mar alcanzó los 21,05 grados Celsius en septiembre, el valor más alto registrado para ese mes.
Copernicus advierte que los modelos estacionales coinciden en que El Niño probablemente alcanzará su máximo hacia el final del año. Sin embargo, los distintos componentes de su sistema de predicción no coinciden plenamente en la magnitud final que tendrá el episodio.
La diferencia es relevante: existe un consenso sólido sobre la continuidad del calentamiento y la proximidad de su máximo, pero todavía hay incertidumbre sobre la intensidad definitiva y la evolución posterior.
La NASA, por su parte, ha documentado mediante observaciones satelitales cambios característicos en las temperaturas y en la altura de la superficie del mar a lo largo del Pacífico ecuatorial. Sus instrumentos también permiten observar alteraciones en la distribución del fitoplancton, un componente de la cadena alimentaria marina que responde a los cambios en la circulación oceánica y al ascenso de nutrientes.
Estas observaciones ayudan a comprender que El Niño no es únicamente un fenómeno relacionado con la temperatura del agua: modifica la circulación del océano y de la atmósfera, con consecuencias que pueden extenderse a los ecosistemas, las lluvias y las temperaturas de diferentes continentes.
Sequías en unas regiones e inundaciones en otras
El Niño forma parte del sistema climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Aparece cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se calientan por encima de sus valores habituales y se producen cambios asociados en los vientos y la circulación atmosférica.
Sus efectos no son iguales en todo el planeta. En determinadas zonas puede reducir las precipitaciones y agravar la sequía; en otras, favorecer lluvias intensas, inundaciones o cambios en la actividad de los ciclones tropicales. El resultado depende de la época del año, la intensidad del episodio y su interacción con otros factores climáticos.
El calentamiento global añade otra presión. El Niño es una variación natural del sistema climático, pero se desarrolla en un planeta que ya acumula un calentamiento considerable debido a las emisiones de gases de efecto invernadero. Esa combinación puede elevar los riesgos de calor extremo y contribuir a que algunos impactos meteorológicos resulten más graves.
La OMM ha advertido que el episodio actual podría alterar las temperaturas y los patrones de lluvia durante los próximos meses. No obstante, la intensidad de El Niño no permite anticipar por sí sola la magnitud de una sequía, una inundación o una ola de calor en una localidad específica.
Centroamérica enfrenta riesgos para el agua y la producción agrícola
Centroamérica figura entre las regiones que deben vigilar con atención las posibles alteraciones de las lluvias. Los períodos secos, las precipitaciones irregulares y las temperaturas elevadas pueden afectar la disponibilidad de agua, el rendimiento de los cultivos y los ingresos de los hogares que dependen de la agricultura.
En un reporte publicado el 18 de septiembre, Reuters informó sobre una advertencia del Comité Internacional de Rescate (IRC) acerca de los riesgos que un El Niño muy fuerte podría representar para la seguridad alimentaria de Honduras, Guatemala y El Salvador. La organización señaló que las presiones climáticas podrían coincidir con costos elevados de alimentos, combustible y fertilizantes, aumentando las dificultades para las familias vulnerables.
Para El Salvador, las perspectivas nacionales difundidas en septiembre por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) contemplaban lluvias irregulares y una tendencia a déficits de precipitación en determinadas zonas, con una transición hacia la época seca al cierre de octubre. El escenario descrito por las autoridades no equivale a una predicción de ausencia total de lluvia, ni permite asegurar de antemano cuánto precipitará durante diciembre o en los primeros meses de 2027.
El efecto sobre la agricultura dependerá de la distribución de las lluvias, la humedad acumulada en los suelos, las fuentes de riego y las necesidades de cada cultivo. Una pausa prolongada de las precipitaciones puede perjudicar la siembra y el desarrollo de las plantas; en cambio, lluvias concentradas en poco tiempo también pueden provocar erosión, pérdida de nutrientes y daños en los terrenos.
Los riesgos se extienden a la ganadería, los sistemas de abastecimiento de agua y los precios de los alimentos. Si disminuye la producción local o regional, los mercados podrían afrontar presiones adicionales, aunque el resultado dependerá también de las reservas disponibles, las importaciones y la evolución de los costos de transporte e insumos.
El máximo de diciembre no marcará el final de sus efectos
Los pronósticos coinciden en que El Niño seguirá fortaleciéndose antes de alcanzar su probable máximo a finales de 2026. La OMM prevé que persista al menos hasta febrero de 2027, mientras que los modelos de la NOAA mantienen una probabilidad elevada de condiciones fuertes a muy fuertes durante el primer trimestre del próximo año.
La evolución posterior todavía contiene incertidumbres. Los modelos europeos anticipan un descenso de la intensidad después del máximo, pero señalan que el calentamiento del Pacífico podría permanecer por encima de los umbrales de El Niño durante parte del período proyectado.
Además, los efectos climáticos pueden prolongarse después de que el fenómeno empiece a debilitarse. La humedad del suelo, las reservas de agua, los cultivos y los ecosistemas responden a la acumulación de condiciones durante semanas o meses, no solamente a la intensidad del océano en un momento concreto.
Para los países expuestos a la variabilidad de las lluvias, los organismos internacionales recomiendan fortalecer los sistemas de alerta temprana, vigilar las reservas hídricas y adaptar las decisiones agrícolas a los pronósticos locales.
La señal científica es clara: El Niño ha ganado fuerza y se acerca a una fase de máxima intensidad. Lo que aún debe determinarse, región por región, es cómo se traducirá ese calentamiento en lluvias, sequías, temperaturas y consecuencias económicas durante los próximos meses.