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Diario Latino

Página Dos

El café salvadoreño pierde terreno frente a Honduras y Guatemala; menos tierra e insuficiente ayuda gubernamental

El café salvadoreño pierde terreno frente a Honduras y Guatemala; menos tierra e insuficiente ayuda gubernamental
  • Publishedagosto 23, 2026

El parque cafetalero de El Salvador se redujo 51.4% en casi dos décadas. Mientras el país intenta recuperar productividad y resolver las obligaciones financieras de miles de productores, Honduras avanza hacia exportaciones superiores a 6.5 millones de sacos y Guatemala proyecta superar los cuatro millones de quintales. El Gobierno salvadoreño mantiene programas de apoyo y extendió FICAFE hasta 2031, pero la deuda y la pérdida de superficie siguen siendo los grandes obstáculos

El café salvadoreño enfrenta una paradoja: el mercado internacional ofrece una oportunidad excepcional por los elevados precios del grano, pero El Salvador llega a este momento con un parque cafetalero reducido prácticamente a la mitad y con una parte de sus productores todavía atrapados en deudas acumuladas durante décadas.

El problema adquiere una dimensión mayor cuando se compara al país con Honduras y Guatemala.

Los tres países comparten tradición cafetalera, condiciones climáticas favorables y reconocimiento internacional por la calidad de sus granos. Sin embargo, mientras Honduras está aprovechando su enorme escala productiva y Guatemala combina volumen con una estrategia agresiva de cafés diferenciados, El Salvador enfrenta el desafío de reconstruir una actividad que perdió una parte considerable de su base productiva.

El V Censo Agropecuario 2025 estableció que el área cultivada de café en El Salvador se redujo de 217,628 manzanas en 2007-2008 a 105,741 manzanas en el ciclo octubre 2023-septiembre 2024, una caída de 51.4%, equivalente a unas 111,887 manzanas perdidas. El censo identificó además 16,163 parcelas dedicadas al cultivo.

No se trata solamente de una reducción de árboles.

Detrás de esas cifras hay fincas abandonadas, tierras que cambiaron de actividad, productores que dejaron de invertir, pérdida de empleo rural y una estructura productiva que se ha debilitado generación tras generación.

Y existe otro problema: la deuda.


Una crisis que no afecta igual a todos los caficultores

Hablar de “los caficultores” como si fueran un grupo homogéneo oculta una parte fundamental del problema.

La situación de un pequeño productor que trabaja unas pocas manzanas no es comparable con la de un propietario de una finca mediana ni con la de una empresa que administra cientos de manzanas.

La deuda tampoco tiene el mismo significado para cada uno.

Para un pequeño productor, una obligación de unos pocos miles de dólares puede representar una proporción considerable de su patrimonio y de los ingresos de toda una cosecha.

Para un productor mediano, el problema puede ser que la deuda acumulada absorba el flujo necesario para renovar cafetales, comprar fertilizantes, pagar trabajadores y mantener infraestructura.

Y para un gran productor, aunque tenga mayor capacidad patrimonial, una obligación elevada puede comprometer inversiones de renovación y la rentabilidad de grandes extensiones.

Por eso, la solución financiera tampoco puede ser uniforme.


Los pequeños productores: miles de deudores con poco margen de maniobra

El segmento más numeroso y vulnerable es el de los pequeños caficultores.

La información disponible sobre el Fondo de Emergencia para el Café muestra la dimensión del problema.

Al 30 de abril de 2025 se reportaban 6,282 productores con obligaciones pendientes por aproximadamente US$23.77 millones.

De ellos, 5,802 —92% del total— tenían deudas de hasta US$10,000.

Es decir, la inmensa mayoría de los deudores tiene obligaciones relativamente pequeñas en términos absolutos.

Pero una deuda de US$5,000 o US$10,000 puede ser enorme para una familia que depende de unas pocas manzanas.

La dificultad del pequeño productor es particularmente severa porque tiene menor capacidad para esperar.

Debe financiar fertilización, poda, control de plagas, recolección, transporte y mantenimiento antes de recibir el dinero de la cosecha.

Si no dispone de capital propio, necesita crédito.

Si tiene una deuda anterior, el acceso a nuevo financiamiento se complica.

Y entonces aparece el círculo:

baja productividad → menor ingreso → menor inversión → más necesidad de crédito → mayor endeudamiento.

Romper ese ciclo es uno de los principales desafíos de la política cafetalera.


Los medianos: el sector atrapado entre la escala y el costo

El productor mediano ocupa una posición particularmente delicada.

Tiene suficiente tierra para que el café constituya una actividad empresarial, pero no necesariamente posee el capital necesario para soportar varios ciclos malos.

Debe contratar trabajadores, comprar insumos, mantener caminos y beneficios, renovar plantaciones y asumir los costos de producción de una superficie considerable.

Una caída de precios o una enfermedad como la roya puede provocar pérdidas que posteriormente se convierten en deuda.

El problema se agravó durante las crisis de precios y productividad de las últimas dos décadas.

En este segmento, la solución no consiste únicamente en condonar deuda.

También requiere renovación productiva, acceso a financiamiento de largo plazo y aumento de productividad por manzana.


Los grandes: menos deudores, pero obligaciones mayores

En el extremo superior de la estructura cafetalera se encuentran los grandes productores.

Son menos numerosos, pero pueden concentrar obligaciones financieras mucho mayores.

La distribución conocida del FEC ilustra esa concentración: mientras miles de productores mantenían deudas de hasta US$10,000, un grupo reducido de productores con obligaciones superiores a US$50,000 concentraba una parte significativa de la cartera.

El problema, por tanto, tiene dos dimensiones:

muchos productores pequeños deben cantidades relativamente bajas, mientras pocos productores acumulan deudas de gran tamaño.

Una política que solamente atienda a los pequeños dejaría sin solución una parte considerable de la cartera.

Pero una política diseñada solamente para las grandes deudas podría dejar desprotegida a la mayoría de las familias productoras.


El origen de la deuda está en más de dos décadas de crisis

La deuda cafetalera salvadoreña no nació durante el actual Gobierno.

Es producto de una acumulación histórica.

Entre los factores se encuentran:

  • la crisis internacional de precios;
  • la roya;
  • la pérdida de productividad;
  • sequías y exceso de lluvias;
  • cambio climático;
  • incremento de costos;
  • enfermedades y plagas;
  • falta de mano de obra;
  • abandono de plantaciones;
  • dificultad para renovar cafetales;
  • acumulación de intereses.

El problema ha sido tan persistente que en junio de 2026 las gremiales cafetaleras pidieron que la ampliación de FICAFE hasta 2031 fuera acompañada de una solución específica a los embargos relacionados con las deudas cafetaleras.

Eso revela que mantener vivo el fideicomiso no equivale a haber solucionado la deuda.


El Gobierno sí está apoyando al sector, pero la respuesta tiene límites

Es importante reconocer que la administración de Nayib Bukele sí mantiene programas específicos para la caficultura.

Para 2026, el Ministerio de Agricultura y Ganadería programó US$14.83 millones para el sector cafetalero, de los cuales aproximadamente US$4.08 millones corresponden al Instituto Salvadoreño del Café y US$755,000 a transferencia tecnológica e insumos.

Sin embargo, el presupuesto es 20.8% inferior al de 2025, cuando se habían programado US$18.73 millones.

La reducción se explica principalmente por el calendario de desembolsos de financiamiento externo destinado a proyectos de resiliencia climática, particularmente un programa financiado con US$10 millones provenientes de un préstamo del BCIE.

Por tanto, sería incorrecto afirmar que el Gobierno abandonó al sector.

Pero también sería incorrecto afirmar que el problema está resuelto.


¿Qué está haciendo actualmente el Gobierno?

La estrategia oficial tiene varios componentes.

Renovación y nuevas plantaciones

El Gobierno ha anunciado la incorporación de 700 nuevas manzanas de café dentro del Programa de Aumento a la Producción.

También ha planteado medidas para proteger alrededor de 20,000 manzanas contra plagas y mejorar la resiliencia del cultivo.

Resiliencia climática

Los recursos del BCIE están destinados a fortalecer la adaptación de los bosques cafetaleros al cambio climático, mejorar sistemas de información, innovación y extensión, y promover tecnologías climáticamente inteligentes.

Fortalecimiento institucional

El Instituto Salvadoreño del Café dispone de más de US$4 millones para funcionamiento y gobernanza durante 2026.

FICAFE hasta 2031

En junio de 2026, la Asamblea Legislativa aprobó extender durante cinco años adicionales, hasta 2031, la vigencia del Fideicomiso Ambiental para la Conservación del Bosque Cafetalero.

BANDESAL continuará administrándolo.

La finalidad es mantener las condiciones financieras y el respaldo ante problemas climáticos, plagas y crisis de precios.

Pero hay una diferencia esencial:

prorrogar FICAFE no significa condonar las deudas existentes.


El problema es que El Salvador perdió la mitad de su parque

La dimensión del desafío aparece cuando se coloca el presupuesto actual frente a la pérdida histórica.

El país perdió 111,887 manzanas entre 2007 y el ciclo 2023-2024.

Las nuevas 700 manzanas anunciadas son importantes, pero representan apenas una fracción de la superficie desaparecida.

Por eso, el objetivo no debería ser simplemente “sembrar café”.

Debe ser:

sembrar café productivo, resistente al clima, rentable y destinado a mercados que paguen por calidad.


Y entonces aparece Honduras

La comparación regional muestra inmediatamente la diferencia de escala.

Honduras está viviendo un momento extraordinario.

Durante la cosecha 2025-2026, el país superó el objetivo de exportación de 6.5 millones de sacos de 46 kilogramos. Para julio, IHCAFE reportaba 6.66 millones de sacos exportados por US$2,107.5 millones; posteriormente, los registros superaron los 6.8 millones de sacos y US$2,158 millones.

La Secretaría de Agricultura y Ganadería hondureña proyectó que la cosecha podía cerrar cerca de 7 millones de quintales exportados y generar más de US$2,000 millones.

Las unidades deben manejarse con cuidado: Honduras utiliza principalmente sacos de 46 kg, por lo que sus cifras no deben compararse directamente con quintales de otros países sin convertirlas.

Pero la diferencia de escala es incuestionable.

Honduras exporta varias veces el volumen que El Salvador produce.


Honduras tiene otra ventaja: una cadena de gran escala

La caficultura hondureña involucra a más de 100,000 familias y está presente en buena parte del territorio nacional.

El café se ha convertido en uno de los principales generadores de divisas del país.

Además, Honduras ha logrado diversificar sus mercados y fortalecer su presencia internacional.

La consecuencia es importante:

Cuando el precio internacional aumenta, Honduras tiene millones de sacos adicionales sobre los cuales aplicar ese precio.

El Salvador, en cambio, tiene una base productiva mucho menor.


Guatemala: la combinación de volumen y calidad

Guatemala representa un modelo diferente.

Anacafé reporta 125,000 familias vinculadas directamente al cultivo y alrededor de medio millón de empleos generados anualmente.

Durante la cosecha 2024-2025 exportó 3.73 millones de quintales de café oro, equivalentes a 2.86 millones de sacos de 60 kg, y obtuvo US$1,285 millones en divisas.

Pero Guatemala no depende únicamente del volumen.

Ha desarrollado una estrategia de diferenciación y cafés especiales, capacitación, tecnología y gestión de rentabilidad.

Anacafé, por ejemplo, creó Estima, una herramienta digital que permite a los productores registrar costos, ventas y gastos para conocer la rentabilidad de sus unidades productivas.

Y la tendencia continúa.

Para la cosecha 2025-2026, Anacafé proyectó exportaciones de entre 4 y 4.1 millones de quintales, mientras que a julio de 2026 ya reportaba preliminarmente 3.85 millones.


La comparación deja tres modelos

La fotografía regional puede resumirse así:

Honduras: escala

El país posee una enorme base productiva y aprovecha los precios internacionales para generar miles de millones de dólares en exportaciones.

Guatemala: escala + diferenciación

Tiene una base productiva mayor que El Salvador y, simultáneamente, desarrolla mercados especializados y tecnología para aumentar la rentabilidad.

El Salvador: calidad, pero menor escala

Conserva una reputación importante por la calidad de sus cafés, especialmente los de altura, pero ha perdido una parte enorme de su superficie productiva.

El V Censo encontró 43,578 manzanas de café de estricta altura, equivalentes al 41.2% del área cafetalera censada.

Esta puede ser precisamente una de las principales ventajas competitivas que todavía conserva el país.


La oportunidad salvadoreña está en producir menos, pero ganar más por cada libra

El Salvador difícilmente puede competir con Honduras en volumen.

Tampoco necesita necesariamente intentar convertirse nuevamente en un productor masivo.

Su estrategia puede ser diferente.

La pregunta fundamental debería ser:

¿Cuánto valor puede generar cada manzana de café salvadoreño?

Eso obliga a trabajar simultáneamente en:

  • productividad;
  • renovación de cafetales;
  • variedades resistentes;
  • manejo climático;
  • calidad de taza;
  • microlotes;
  • procesos diferenciados;
  • trazabilidad;
  • certificaciones;
  • venta directa;
  • mercados especializados;
  • turismo de finca;
  • transformación y tostado nacional.

El objetivo debería ser que el productor reciba una mayor proporción del valor generado por su café.


El gran contraste: mientras los vecinos crecen, El Salvador todavía reconstruye

La comparación regional es particularmente importante porque muestra que el actual ciclo internacional de precios constituye una oportunidad para los tres países, pero no los encuentra en la misma posición.

Honduras está aprovechando el aumento de precios con una enorme cantidad de café disponible.

Guatemala está haciendo lo mismo y, además, fortalece sus cafés especiales.

El Salvador tiene precios internacionales favorables, pero llega a ese momento con menos tierra, menor producción y una deuda histórica todavía pendiente.

Ese es el riesgo.

Cuando el precio del café vuelva a bajar —porque eventualmente lo hará—, El Salvador podría descubrir que desaprovechó la oportunidad de utilizar los buenos precios para sanear deudas, renovar plantaciones e invertir en productividad.


El cambio climático puede convertir el problema en algo todavía mayor

El futuro del café tampoco dependerá solamente del mercado.

El cambio climático está modificando las condiciones de producción.

Las temperaturas más elevadas, los períodos de sequía, las lluvias irregulares y la aparición o expansión de enfermedades pueden reducir la productividad y alterar las zonas tradicionalmente aptas para el café.

Esto explica la importancia del financiamiento destinado a resiliencia climática.

Pero también plantea una pregunta:

¿Se está renovando el parque cafetalero con variedades y sistemas productivos preparados para el clima de las próximas décadas o simplemente se está reemplazando lo que se perdió?

La diferencia puede determinar el futuro del sector.


El problema del relevo generacional

Existe además una amenaza que ningún fideicomiso puede solucionar por sí solo.

¿Quién va a producir el café dentro de 20 años?

El sector enfrenta dificultades para atraer trabajadores y para conseguir que las nuevas generaciones permanezcan en la actividad.

Una finca abandonada no se recupera simplemente porque exista un programa de crédito.

El productor debe considerar que el café puede proporcionar un ingreso competitivo frente a otras alternativas.

Si no lo hace, la pérdida del parque continuará.


El gran interrogante de FICAFE: ¿qué ocurrirá en 2031?

La extensión de FICAFE es una medida de alivio financiero porque evita que el mecanismo desaparezca en 2026.

Pero también traslada la pregunta hacia adelante.

¿Llegarán los productores a 2031 con sus deudas resueltas?

Las gremiales cafetaleras han pedido precisamente que la prórroga sea utilizada para resolver los problemas de embargos y saneamiento de las obligaciones.

Si dentro de cinco años el sector vuelve a pedir otra prórroga porque las obligaciones continúan acumulándose, entonces el mecanismo habrá servido principalmente para posponer el problema, no para solucionarlo.

La meta debería ser diferente:

que FICAFE sea una herramienta de transición hacia una caficultura financieramente sana.


¿Está haciendo suficiente el Gobierno?

La respuesta requiere matices.

Sí existe una política pública de apoyo.

Hay presupuesto.

Existe el ISC.

Hay programas de resiliencia climática.

Se proyectan nuevas plantaciones.

Hay asistencia e insumos.

Se protege parte del parque contra plagas.

Y FICAFE fue prorrogado hasta 2031.

Pero el resultado todavía está lejos de mostrar una recuperación estructural.

La superficie continúa muy por debajo de la de 2007.

La deuda histórica no ha sido completamente saneada.

Los productores siguen reclamando una solución para los embargos.

Y el presupuesto sectorial de 2026 es menor que el de 2025.

Por ello, la valoración más precisa sería:

El Gobierno ha intervenido y está destinando recursos al sector, pero todavía no ha demostrado que esas medidas sean suficientes para revertir la pérdida estructural del parque cafetalero y resolver el endeudamiento histórico.


Tres caficulturas dentro de un mismo país

La política pública debería reconocer las diferencias entre productores.

Tipo de productorPrincipal problemaQué necesita
PequeñoBaja escala, poco capital y deuda que pesa sobre su patrimonioSaneamiento, capital de trabajo, asistencia y protección de la propiedad
MedianoAlto costo operativo y endeudamiento acumuladoRefinanciamiento, renovación y productividad
GrandeGrandes obligaciones e inversiones de alto costoFinanciamiento productivo y modernización
TodosCambio climático, plagas, mano de obra y mercadoTecnología, productividad y mejores precios al productor

Una política uniforme puede terminar beneficiando más a quien ya tiene capacidad financiera.

El desafío consiste en diseñar instrumentos que permitan que los pequeños no desaparezcan, los medianos vuelvan a ser rentables y los grandes puedan invertir.


El café todavía puede salvarse

La situación es grave, pero no irreversible.

El Salvador conserva una ventaja que no puede medirse solamente en toneladas:

calidad.

La participación de las fincas de estricta altura y la tradición de producción de cafés especiales ofrecen una base para construir una estrategia diferente.

Pero calidad sin volumen suficiente limita el potencial.

Y volumen sin rentabilidad tampoco sirve.

La verdadera fórmula debería ser:

productividad + calidad + financiamiento + mercado + resiliencia climática.

Honduras muestra lo que puede conseguirse con escala.

Guatemala demuestra que la escala puede combinarse con calidad, tecnología y diferenciación.

El Salvador tiene que encontrar su propia fórmula.


La hora de decidir qué café quiere producir El Salvador

El país perdió más de 111,000 manzanas de café en aproximadamente 18 años.

Honduras, mientras tanto, se encamina a cerrar la cosecha 2025-2026 con más de 6.5 millones de sacos de 46 kg exportados y más de US$2,000 millones en divisas.

Guatemala exportó 3.73 millones de quintales oro y US$1,285 millones en 2024-2025 y espera superar los cuatro millones de quintales en la cosecha actual.

La diferencia es demasiado grande para ignorarla.

Pero tampoco significa que El Salvador deba intentar convertirse en otro Honduras.

Su oportunidad podría estar en otra dirección:

un parque cafetalero menor que el de sus vecinos, pero altamente productivo, tecnificado, resiliente y orientado a cafés de alto valor.

Para conseguirlo tendrá que resolver cuatro problemas simultáneamente:

la tierra, la productividad, la deuda y el mercado.

El Gobierno ha comenzado a actuar sobre varios de ellos, pero todavía falta demostrar que las medidas tendrán la escala suficiente.

Y el tiempo no está necesariamente a favor de El Salvador.

Los precios actuales pueden generar los recursos necesarios para reconstruir el sector.

Pero si esos ingresos extraordinarios no se convierten en renovación de cafetales, saneamiento financiero, tecnología y mejores ingresos para los productores, la próxima caída del mercado internacional volverá a encontrar al país con las mismas debilidades.

La verdadera batalla del café salvadoreño

El problema ya no es solamente recuperar el viejo “grano de oro”.

Es decidir qué tipo de caficultura tendrá El Salvador durante las próximas décadas.

Una caficultura pequeña, endeudada y dependiente de precios internacionales sería difícilmente sostenible.

Una caficultura de menor escala, pero con alta productividad, cafés especiales, tecnología, adaptación climática y productores financieramente sanos, sí podría competir.

Honduras está aprovechando el volumen.

Guatemala está aprovechando el volumen y la diferenciación.

El Salvador todavía tiene que demostrar que puede convertir su principal activo —la calidad de su café— en una industria rentable para quienes permanecen cultivándolo.

Y esa transformación tendrá que comenzar por una pregunta mucho más incómoda que cuántos millones se destinan al sector:

¿Cuánto de cada dólar que genera el café termina realmente en las manos del productor que lo cultivó?

Porque mientras esa pregunta siga sin una respuesta satisfactoria, el problema del café salvadoreño no será solamente cuánto produce el país.

Será si todavía resulta económicamente viable seguir produciéndolo.

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Redacción DL