Contraste entre verdugos y víctima

0
959

Por Mauricio Eduardo Colorado.-

Ha fallecido la víctima. El país está de luto. La jauría, victoriosa, pretende ahora evadir la responsabilidad de la culpa, y ofrece muestras de condolencia y solidaridad con la familia doliente, para de inmediato, proceder a ensañarse con los despojos de aquel que voluntariamente se presentó a dar satisfacción a los promotores del circo.

Lo contrastante de todo este espectáculo, viene a ser el hecho de que los acusadores no son los santos varones que pretenden  ser. Son aquellos mismos, que desde la asamblea, o cualquier otra palestra política, dictan leyes protectoras de la corrupción, a sabiendas de que si las investigaciones caminaran por los senderos de la paz, la luz y la verdad, los resultados les serían tan adversos, que más temprano que tarde, estarían rindiendo cuentas (muy difíciles de justificar) por sus innumerables actos que les acreditan que el pueblo en voz baja les grite: ¡CORRUPTOS!.

Francisco Flores Pérez, a sus cincuenta y pico de años, ha entregado su vida, y con ello ha obtenido la libertad absoluta. Ha escapado de sus verdugos para siempre, y aunque deja un vacío difícil de llenar, confiamos que su familia respaldándose de sus recuerdos, lo supere en el menos tiempo posible.

Los avatares de la política hacen difícil integrarse en ella. Mucha gente capaz y honrada, rechaza involucrarse para no estar bajo el acecho del político envidioso que pone trampas y obstáculos para el desempeño de las funciones de quienes se atreven a surcar por esos mares tempestuosos que implican navegar por la política. La política –aunque en estos países latinos, subdesarrollados con mayor fuerza-  adolece de normas eficaces de control que impidan  ejercerla con dignidad, honestidad y sanidad. Lo más triste es que la inconformidad lleva a algunos sectores hasta el extremo de tomar las armas, solo para venir a terminar, cuando consiguen el objetivo propuesto, en un amargo más de lo mismo.

Lo hemos comprobado durante los últimos años, en donde los funcionarios del cambio, han demostrado, con derroche de lujos, cambiar de forma vida modesta a una vida de lujos y excesos, que rebasan la moral, la ética y las buenas costumbres.

Sabemos que la historia de un país, es repetitiva, como lo saben los tratadistas, quienes señalan que la democracia deviene en la demagogia, y esta a su vez, cuando se vuelve intolerable, se transforma en la dictadura, que pone orden en la sociedad,  pero a su vez, cuando la gente se cansa de ese sometimiento estricto de la conducta humana, exige nuevamente la democracia como un respiro al sometimiento sufrido. Ahora estamos asistiendo a la “crucifixión” de un político de estirpe, que creyendo en que el destino de los pueblos está en lo alto de los valores cívicos, descuidó el elemento “maldad” del ser humano, y se encontró con que el compañero, el amigo, el subalterno, o el hombre común, no eran lo que parecían, o se transformaron en el camino, y sacaron la hiel de sus corazones, para verterla sobre quien confió en ellos, para desgracia de todos. Francisco Flores ha muerto.

La última palabra ha sido dicha, el último aliento ha sido expulsado. Solo queda la palabra escrita, y las ideas y los pensamientos por los senderos transitados. Los humanos se atreverán a emitir sus egoístas juicios, y lo absolverán o lo condenarán, según su propio fanatismo. Darán valor a su obra, según sus humanos criterios y conforme a ellos fallarán. Sin embargo, muchos, pediremos paz para su familia y Gloria eterna para su alma inmortal.