Colombia y sus FARC

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Por Mauricio Eduardo Colorado.-

El domingo 2 de octubre, Colombia tuvo una consulta popular (Plebiscito) en la cual la población tuvo la oportunidad de escoger entre la aceptación de la paz negociada con los subversivos en la Habana, Cuba, o buscar otra opción diferente. Para sorpresa de muchos, la mayoría, -aunque por un escaso margen- decidió que NO aceptaba los términos del documento final que se negoció y finalmente firmó.

Aunque tenemos escasa información de las condiciones pactadas, y pese al cansancio que indudablemente producen 50 años de guerra civil, la población pudo conocer lo que el gobierno había negociado con las FARC, y posiblemente ello indignó al pueblo y levantó su voz, para rechazar el acuerdo, y dar otro rumbo al problema, que deja a esa nación en una realidad de inseguridad, temor y aprehensión de enormes proporciones, pero al mismo tiempo con la esperanza de que su contundente mensaje, será respetado por los pueblos del mundo.

Es de tomar en cuenta que las encuestas daban un amplio margen de victoria para el gobierno y los subversivos, quienes contaban a su favor con el cansancio de un pueblo a la violencia, que, de hecho era parte de la vida cotidiana.

Pero la realidad fue que cuando la población se enteró de lo que se había negociado, tuvo una natural reacción contra lo que consideraron un abuso cometido por el mismo gobierno, y las FARC. Tenemos conocimiento que el documento donde se anotaron todos los acuerdos contiene mas de doscientas cincuenta páginas, Trasladamos a nuestros lectores algunos de los acuerdo que se ganaron el repudio de la mayoría de colombianos.

Vea Usted: Se reservaron los subversivos 10 curules en el Senado y 5 en la Cámara, en forma automática; Además otros dieciséis en forma posterior, resultado de próximas elecciones; 7 mil millones por año (no sabemos si moneda nacional o dólares) durante diez años para proyectos de desarrollo para quienes pertenecían al movimiento rebelde.

Se decretó una amnistía para los fuera de la ley, pues se negoció que para ellos no habrá cárcel, por horrendo que haya sido el crimen cometido.

Los guerrilleros presos, serían liberados.

Se les concederá de parte del estado un canal de televisión,  para los usos que ellos decidan libremente, sin censura ni controles.

No han pactado entregar armas.

Se convertirían automáticamente en partido político, para acceder a cargos públicos adicionales a los que  les darían en forma automática

Se acordó que se elevarían los impuestos en toda Colombia a efecto de cubrir los gastos que el acuerdo generaría.

Lo anterior solamente para mencionar algunos de los acuerdos-concesiones que el pacto de Santos regalaba a sus adversarios.

De esa forma es explicable el rechazo que el pueblo ha dado a tan deleznable pacto, y porqué el rechazo del mismo.

Ahora Santos se encuentra en un callejón sin salida que moralmente lo deja sin respaldo político y con la única salida honorable en poder de una renuncia, para recuperar un poco del honor perdido por tan sonado fracaso.

En realidad el fracaso se extiende a muchos gobernantes que apoyaron el dialogo, y a los asesores que comprometieron su “prestigio” (y entre los cuales se encuentra un salvadoreño) y hasta recibieron medallas de reconocimiento por la “labor” realizada. Las posibles soluciones a tan grave impasse, se plantearan a la medida de los gobiernos de izquierda que ya darán el grito de alarma por el desastre ocurrido (para ellos, por supuesto) y en el cual les será muy difícil gritar “fraude, fraude” porque la población plasmó su voluntad en forma sólida y definitiva.

Indudablemente que el negocio de la violencia, las guerras, y las implementaciones forzosas de quienes son minorías, están en decadencia, porque a nadie le gusta que lo hagan trabajar para mantener a los vividores que usan la política para lucrarse. Dios no permita que más pueblos de América sufran el dolor que producen los fariseos modernos, y que la guerra en Colombia termine de una buena vez. Que VIVA la pacificación de América.