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Coatepeque y Laguna de Alegría reducen superficie de agua, pero principales embalses aún resisten

Coatepeque y Laguna de Alegría reducen superficie de agua, pero principales embalses aún resisten
  • Publishedagosto 27, 2026

El río Lempa muestra una disminución visible de su caudal y la Laguna de Alegría ha perdido superficie de agua; sin embargo, los datos disponibles hasta julio indican que los grandes embalses hidroeléctricos mantenían niveles relativamente estables. La alerta roja nacional advierte que el déficit de lluvias, el calor extremo y un El Niño en fortalecimiento podrían agravar la presión sobre las reservas hídricas

La sequía que afecta a El Salvador comienza a dejar señales cada vez más visibles sobre sus recursos hídricos. En distintos puntos del territorio se observa una reducción de caudales y de espejos de agua, mientras las autoridades mantienen una alerta roja nacional por sequía meteorológica y agrícola y advierten sobre el riesgo para la disponibilidad y calidad del agua.

Pero los datos disponibles obligan a establecer una diferencia fundamental: El Salvador no enfrenta todavía un desplome generalizado de todos sus cuerpos de agua ni de sus principales embalses.

La situación es desigual.

El río Lempa, principal sistema fluvial del país, presenta una disminución de su caudal en sectores del oriente, de acuerdo con observaciones realizadas en la zona y reportes de medios nacionales. En paralelo, imágenes recientes muestran una reducción visible del espejo de agua de la Laguna de Alegría, en Usulután.

Sin embargo, un análisis publicado en julio con datos de la Unidad de Transacciones mostró que los grandes embalses hidroeléctricos —Guajoyo, Cerrón Grande, 5 de Noviembre, 15 de Septiembre y 3 de Febrero— mantenían niveles similares a los de 2025 durante enero-julio, con reducciones pequeñas en algunos casos.

La conclusión, por ahora, no es que el agua haya desaparecido de las reservas nacionales, es que la sequía está comenzando a trasladarse desde la falta de lluvia hacia el sistema hídrico, y el comportamiento de los próximos meses será determinante.

El Lempa, la señal más importante

El río Lempa constituye el principal sistema hidrográfico de El Salvador y una pieza estratégica para el abastecimiento de agua, la generación hidroeléctrica, la agricultura y numerosas actividades económicas.

En San Marcos Lempa, habitantes de la zona reportaron recientemente una reducción estimada de hasta 65 % en el nivel del cauce. El dato corresponde a una estimación local recogida por Canal 12 y no debe confundirse con una medición hidrométrica oficial nacional. El mismo reporte documentó una disminución de la actividad pesquera y dificultades para quienes dependen económicamente del río.

La observación coincide, sin embargo, con el contexto meteorológico registrado por las autoridades.

El MARN confirmó en agosto el inicio del tercer período de sequía meteorológica de 2026 y señaló que desde el 7 de agosto no se registraban lluvias en 11 estaciones de monitoreo. Para entonces, varias estaciones de Santa Ana, La Libertad, Chalatenango, Cuscatlán, San Salvador, La Paz, San Vicente, Usulután, San Miguel, Morazán y La Unión se encontraban en condición de sequía meteorológica débil.

La alerta roja emitida por Protección Civil el 25 de agosto elevó aún más la preocupación: el documento oficial señala que el último episodio de sequía se encontraba vigente desde el 7 de agosto y había generado períodos de hasta 19 días secos consecutivos en determinados sectores.

La sequía meteorológica comienza a convertirse en presión sobre el agua

Una sequía meteorológica se refiere principalmente a un déficit de precipitaciones, una sequía hidrológica es diferente.

Se produce cuando la falta de lluvia termina afectando los caudales de los ríos, niveles de lagos y embalses, humedad del suelo y disponibilidad de aguas superficiales y subterráneas. La transición entre ambas no necesariamente ocurre de inmediato.

Puede llover poco durante varias semanas sin que un gran embalse experimente inmediatamente un descenso dramático. Los sistemas de almacenamiento amortiguan inicialmente el déficit.

Pero los ríos pequeños, quebradas, humedales, lagunas y fuentes dependientes directamente de la precipitación pueden reaccionar mucho antes.

Ese comportamiento es precisamente lo que comienza a observarse en El Salvador.

La Laguna de Alegría pierde superficie

Uno de los casos más visibles es el de la Laguna de Alegría, dentro del cráter del volcán Tecapa, en Usulután.

Imágenes tomadas el 22 de agosto de 2026 muestran una reducción considerable de su espejo de agua respecto de períodos anteriores. La disminución es visible desde el aire y ha generado preocupación entre visitantes y habitantes de la zona, sin embargo, aquí también es necesario evitar conclusiones apresuradas.

La Laguna de Alegría tiene una dinámica hidrogeológica particular. El inventario de humedales del MARN la describe como una laguna ácida y sulfúrica con importantes fluctuaciones de tamaño. Existen antecedentes de cambios pronunciados.

En octubre de 2010, después de fuertes lluvias, técnicos documentaron un incremento del nivel de entre 1.55 y 2.35 metros. En sentido contrario, durante 2015 se produjo una reducción considerable del nivel. Especialistas explicaron entonces que la laguna recibe aportes subterráneos y que su recuperación puede ocurrir meses después de las precipitaciones.

Por ello, las imágenes de agosto demuestran que hay menos agua, pero no permiten afirmar que la laguna esté desapareciendo ni que el descenso sea irreversible.

La sequía puede ser un factor, pero se necesitan mediciones actualizadas para determinar cuánto corresponde al déficit de lluvias, cuánto a la evaporación y cuánto a la dinámica subterránea propia del sistema volcánico.

Coatepeque: una pérdida de agua que merece atención

Otro caso que requiere seguimiento es el Lago de Coatepeque. En marzo, la Fundación Coatepeque y la Mancomunidad Trinacional Fronteriza del Río Lempa difundieron datos según los cuales aproximadamente 65 % del agua del lago se pierde mediante evaporación y evapotranspiración, mientras otra proporción importante se desplaza mediante drenaje subterráneo.

La información fue publicada por Infobae a partir de un informe presentado por esas organizaciones ambientalistas, aquí también hay que hacer una precisión.

El dato de 65 % no significa que el lago haya perdido actualmente 65 % de su volumen debido a la sequía de 2026, se refiere a la proporción estimada de pérdidas del balance hídrico por evaporación y evapotranspiración. Es una diferencia fundamental.

El dato sí evidencia, no obstante, la sensibilidad del lago ante temperaturas elevadas y cambios en el régimen de lluvias, especialmente porque se trata de un sistema cerrado en superficie cuyo drenaje ocurre fundamentalmente por vías subterráneas.

Los grandes embalses todavía no muestran un desplome

Este es uno de los datos que impide hablar de una crisis hídrica generalizada en todo el territorio.

Un análisis publicado en julio a partir de datos oficiales de la Unidad de Transacciones encontró que los principales embalses hidroeléctricos presentaban niveles relativamente estables durante enero-julio de 2026.

En Guajoyo, por ejemplo, los niveles oscilaron alrededor de los 421 metros sobre el nivel del mar, con diferencias inferiores a un metro respecto de 2025.

En Cerrón Grande, las diferencias entre 2025 y 2026 fueron incluso menores: en enero la diferencia fue de apenas 0.1 metros y no superó los 0.2 metros durante los meses analizados.

El embalse 5 de Noviembre presentó diferencias algo mayores, aunque dentro de un rango reducido, mientras que 15 de Septiembre mantuvo prácticamente el mismo nivel durante ambos años. El embalse 3 de Febrero también presentó variaciones marginales, es decir:

Hasta julio, los principales reservorios no mostraban un comportamiento compatible con un colapso de las reservas de agua.

Pero ese dato tampoco permite concluir que el problema esté resuelto, el déficit de lluvia se intensificó posteriormente.

Agosto cambió el escenario

El 25 de agosto, Protección Civil declaró alerta roja por sequía meteorológica y agrícola en todo El Salvador.

La resolución oficial reconoce que el país había registrado un déficit de lluvia de 41 % durante mayo, un inicio temprano de la canícula y tres episodios de sequía meteorológica durante 2026.

El último, iniciado el 7 de agosto, acumulaba hasta 19 días secos consecutivos en determinados sectores.

La perspectiva climática para agosto-octubre anticipa además precipitaciones predominantemente por debajo de lo normal, con probabilidades particularmente altas en las zonas paracentral y oriental.

Protección Civil establece probabilidades de entre 70 % y 90 % de lluvias inferiores a lo normal en las zonas paracentral y oriental, entre 50 % y 70 % en la zona central y entre 40 % y 50 % en el occidente. La consecuencia es sencilla:

Los embalses pueden haber resistido el primer semestre, pero todavía deben atravesar el período de mayor presión.

El calor acelera la pérdida de agua

El déficit de lluvia está acompañado por temperaturas excepcionalmente elevadas.

La declaratoria oficial señala que durante agosto se habían registrado 14 récords de temperatura y que las altas temperaturas están intensificando el estrés hídrico y la pérdida de humedad.

Esto es especialmente relevante para lagos, lagunas, humedales y reservorios superficiales, cuanto mayor es la temperatura, mayor puede ser la evaporación, si simultáneamente disminuye la lluvia, el sistema recibe menos agua mientras pierde más.

Es la combinación que puede convertir una sequía meteorológica en una presión hidrológica cada vez mayor.

El fenómeno no es exclusivamente salvadoreño

La situación forma parte de un escenario climático regional.

La Organización Meteorológica Mundial informó en julio que un El Niño fuerte se estaba desarrollando y continuaría intensificándose durante agosto-octubre, con temperaturas superiores a lo normal y alteraciones importantes en los patrones de precipitación.

La FAO identifica al Corredor Seco de Centroamérica como una de las regiones con mayor riesgo de sequía agrícola durante el actual episodio de El Niño.

La organización proyectó una probabilidad superior al 50 % de sequía agrícola en algunas zonas y alrededor de 70 % de precipitaciones inferiores a lo normal en la región.

El Programa Mundial de Alimentos también advierte que el actual El Niño podría intensificarse hasta alcanzar uno de los episodios más fuertes registrados y que sus efectos sobre los ciclos agrícolas podrían prolongarse hasta 2027.

El escenario regional ya ha obligado a otros gobiernos a activar mecanismos de emergencia.

Honduras declaró alerta roja en 75 municipios, mientras Panamá declaró una emergencia nacional vinculada a los efectos de El Niño sobre agua, agricultura y generación hidroeléctrica.

El problema no es solamente cuánto agua queda

La reducción de los caudales tiene consecuencias económicas.

El Lempa no es solamente un río, su cuenca está vinculada con el abastecimiento de agua, agricultura, ecosistemas y generación eléctrica.

Si los caudales disminuyen durante un período prolongado, las consecuencias pueden alcanzar simultáneamente varios sectores.

La agricultura enfrenta menor disponibilidad para riego y mayor estrés en los cultivos, la pesca puede reducirse por la disminución de hábitats acuáticos.

Las comunidades que dependen de fuentes superficiales pueden enfrentar mayores dificultades de abastecimiento.

Y el sistema eléctrico queda expuesto a una eventual reducción de los aportes a los embalses hidroeléctricos.

Hasta ahora, no existe evidencia de que El Salvador esté enfrentando una crisis de generación hidroeléctrica provocada por la sequía. Los datos disponibles hasta julio muestran que los embalses mantenían niveles relativamente estables.

Pero el riesgo es real si el déficit de precipitaciones continúa.

Protección Civil ya incorpora el agua como prioridad

La declaratoria de alerta roja reconoce explícitamente que la sequía puede afectar la disponibilidad y calidad del agua.

Entre las medidas ordenadas figuran el fortalecimiento de las reservas y sistemas de almacenamiento, mecanismos de abastecimiento para comunidades en riesgo, uso racional del recurso, reducción de pérdidas y vigilancia de las fuentes de agua.

También se ordena monitorear los impactos sobre cultivos, ganado y medios de vida y establecer mecanismos de asistencia para las familias más vulnerables.

No se trata, por tanto, únicamente de una advertencia meteorológica.

La propia respuesta institucional reconoce que el déficit puede trasladarse hacia el sistema de abastecimiento y producción.

El país ya prepara mecanismos de respuesta

El Salvador comenzó desde marzo a trabajar con organismos de Naciones Unidas en acciones anticipatorias frente a la sequía.

Protección Civil informó entonces de la activación del mecanismo del Fondo Central para la Respuesta a Emergencias de Naciones Unidas (CERF) y señaló la participación de FAO, Programa Mundial de Alimentos, UNICEF y OPS.

En mayo también se informó sobre el desarrollo de un sistema de alerta temprana para sequía y lluvias intensas, con participación de instituciones nacionales y organismos internacionales.

Y en agosto, la FAO informó del cierre del proyecto RECLIMA, una iniciativa financiada por el Fondo Verde para el Clima que trabajó con alrededor de 50,000 agricultores para mejorar su capacidad de enfrentar sequías, escasez de agua y calor extremo. Entre las medidas implementadas se encuentran la cosecha de agua de lluvia, conservación de humedad del suelo y restauración de ecosistemas.

La señal de alarma está en los ríos pequeños y lagunas

El comportamiento actual permite establecer una primera conclusión.

Los grandes embalses todavía tienen una reserva que está amortiguando el impacto de la sequía, pero los sistemas naturales más directamente dependientes de las lluvias ya muestran señales de estrés.

La reducción visible de la Laguna de Alegría es una de ellas.

La disminución del caudal del Lempa observada en San Marcos Lempa es otra.

Y la combinación de temperaturas extremas, 19 días secos consecutivos en determinados sectores y pronósticos de lluvias por debajo de lo normal incrementa el riesgo de que estas señales se multipliquen.

Lo que todavía no existe es evidencia suficiente para afirmar que todos los lagos, lagunas, ríos y embalses de El Salvador estén disminuyendo simultáneamente.

Tampoco existe, por ahora, evidencia que permita afirmar que el país esté a las puertas de un colapso general del suministro de agua.

Pero sí existe suficiente información para afirmar que el sistema hídrico está entrando en una etapa de mayor presión.

La verdadera prueba llegará en los próximos meses

El escenario podría complicarse si las lluvias continúan por debajo de lo normal durante septiembre y octubre.

Los embalses tienen capacidad de amortiguar temporalmente el déficit.

Los acuíferos y sistemas subterráneos también ofrecen cierto margen.

Pero ningún sistema de almacenamiento puede compensar indefinidamente la ausencia de recarga.

El Niño, además, todavía está fortaleciéndose.

La OMM prevé que el episodio continúe intensificándose durante agosto-octubre, mientras la FAO identifica al Corredor Seco centroamericano como una de las regiones donde la sequía puede traducirse rápidamente en pérdidas agrícolas y problemas de seguridad alimentaria.

Para El Salvador, el desafío será determinar si el déficit actual permanece como un episodio meteorológico temporal o si evoluciona hacia una sequía hidrológica más profunda, capaz de reducir de manera significativa las reservas superficiales y subterráneas.

Por ahora, las señales son de advertencia, no de colapso

Los datos disponibles permiten describir una situación preocupante sin recurrir al alarmismo.

Sí hay menos agua en algunos cuerpos y cauces.

Sí hay una disminución visible del caudal del Lempa en sectores del país.

Sí la Laguna de Alegría muestra una reducción considerable de su espejo de agua.

Sí las altas temperaturas están acelerando la pérdida de humedad.

Sí existe un déficit de precipitaciones y una alerta roja nacional.

Pero también es cierto que los principales embalses hidroeléctricos mantenían hasta julio niveles relativamente estables, y que en algunos cuerpos de agua existen fluctuaciones naturales que impiden atribuir automáticamente cualquier descenso exclusivamente a la sequía.

La situación exige, por ello, algo más importante que titulares alarmistas: mediciones hidrológicas actualizadas, transparentes y periódicas sobre ríos, lagos, lagunas, embalses y acuíferos.

Porque el verdadero indicador de una crisis hídrica no será solamente ver una orilla más lejos de donde estaba.

Será comprobar que la lluvia que no está cayendo tampoco está regresando al sistema de agua.

Y ese es precisamente el riesgo que El Salvador deberá vigilar durante las próximas semanas.

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Redacción DL