ESPECIAL. Mario Benedetti: cien años del uruguayo más universal

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Poeta del amor y del exilio, defensor de la independencia de los pueblos y hasta escritor “best seller”, el recordado autor de La tregua fue una pieza clave de la literatura latinoamericana. El recuerdo de quienes lo conocieron

Fue leyendo poemas de Baldomero Fernández Moreno en Plaza San Martín que Mario Benedetti decidió convertirse en poeta. Había llegado por primera vez a Buenos Aires desde Montevideo a fines de la década del 30 como secretario de la Secta Raumsólica de Logosofía, una corriente que más tarde abandonó y desdeñó. Pero aquel encuentro con la poética de Fernández Moreno y posteriormente del español Antonio Machado lo decidieron a escribir sus propios versos y a hacer su camino como poeta y escritor. Este lunes 14 de septiembre, Mario Benedetti, el de los poemas de amor y del exilio que marcaron a varias generaciones, el defensor de la independencia de los pueblos latinoamericanos, el fanático de Nacional –era habitué del estadio Centenario, donde además de hinchar por el Bolso solía leer libros en el entretiempo de los partidos– y el que le regaló a la humanidad una “tregua” para vivir, cumpliría 100 años. Y, corazón coraza, se ha convertido en el uruguayo más universal

Nació un martes 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, Uruguay, y entre homenajes familiares y literarios, recibió cinco nombres: Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno. Y dos apellidos: Benedetti Farrugia. La abundancia de nombres lo hicieron más tarde prometer que si tenía un hijo le daría un solo y monosilábico nombre.

De Paso de los Toros, se mudó a Tacuarembó y de allí a Montevideo, donde vivió en Villa Colón, en las afueras de la ciudad, el mismo barrio donde creció su compatriota y también escritor Juan Carlos Onetti, aunque en distintas condiciones. Aprendió a leer a los cinco años y cursó la primaria en el Colegio Alemán, de donde sus padres lo sacaron cuando se enteraron de que allí se hacía el saludo nazi.

Su conocimiento del idioma de Goethe le permitió en 1992 participar de la película El lado oscuro del corazón, basada en sus poemas y dirigida por Eliseo Subiela, donde interpreta a un marinero teutón que toma whisky y le recita en alemán el poema Corazón coraza –una de las mayores y más recordadas creaciones de Benedetti– a una prostituta en un cabaret uruguayo.

Alérgico a la nuez, asmático, excelso jugador de ping pong y fanático de Nacional de Montevideo –llegó a criticar una edición mexicana de un libro suyo que usaba en la portada los colores amarillo y negro, típicos de Peñarol, su rival futbolístico–, Benedetti, fallecido en 2009 (su funeral fue cuestión de Estado en Uruguay y se decretó duelo nacional), se convirtió en un “mito discretísimo”, según su biógrafa Hortensia Campanella, actual presidenta de la Fundación Mario Benedetti, en Montevideo.

“Mario ha sido y es, aún después de tanto tiempo de fallecido, una personalidad admirada y querida en distintas partes del mundo. No solo en su obra, sino en su vida fue una persona modesta, llana, directa, cercana, que quería comunicarse con sus lectores”, cuenta a Clarín Campanella, autora de Mario Benedetti. Un mito discretísimo, publicado un año antes de la muerte del uruguayo y que ahora tendrá una reedición que incluirá un capítulo más. El título es un homenaje a uno de los versos del prolífico autor –el mito discretísimo era Montevideo–, creador de más de 80 títulos, destacado integrante de la llamada Generación del ’45 y uno de los pilares de la revista Marcha.

El éxito de “La tregua”

Después de trabajar como cajero, taquígrafo, empleado público, vendedor y librero, Benedetti incursionó en todos los géneros: novela, cuento, ensayo, teatro, crítica, periodismo. Pero el año 1959 es decisivo en su biografía: viaja a Cuba y a Estados Unidos, publica Montevideanos y escribe La tregua. Ya se había publicado Poemas de la oficina y pronto llegaría el ensayo El país de la cola de paja: “Desde entonces, se podría decir que la obra de Benedetti ha sido un intento coherente y obstinado de romper con la soledad, con las soledades, de comunicarse con los demás”, dice Campanella en su biografía.

Pero ¿qué estuvo en el origen de La tregua? Algo que le pasó a un compañero de oficina del propio Benedetti: un hombre mayor que se enamora de una joven, que finalmente muere. El resto es una ficción breve, a modo de diario, de 52 mil palabras, que el uruguayo escribió a mano todos los mediodías de comienzos de 1959 en el café Sorocabana de Montevideo. La publicación llegó recién a fines de 1960 y desde entonces más de 200 ediciones, una treintena de traducciones (incluido el Braille) y numerosas adaptaciones a cine, radio, televisión y teatro. Benedetti se erigió como el primer best seller uruguayo.

“Básicamente trata de conflictos humanos que nos llegan a todos: el padre viudo, el hijo gay, el amor, la ausencia, la muerte”, explica Campanella.

La más curiosa de las adaptaciones: una serie colombiana que incorporaba narcos a la trama. La más recordada: el film de Sergio Renán, estrenado en 1974, con Héctor Alterio, en el rol del viudo Martín Santomé, y Ana María Picchio, en el de Laura Avellaneda.

Fue la primera película argentina y segunda sudamericana en ser nominada a un Premio Oscar. Y perdió, ni más ni menos que, con Amarcord, de Federico Fellini: “Eso no es perder, eso es un acto de justicia”, dijo con picardía alguna vez Luis Brandoni, que también formó parte de aquel elenco. Para el cineasta Juan José Campanella, a cargo de la restauración del largometraje, se trata de la mejor película argentina de todos los tiempos. El mismo Renán adaptaría en 1985 otra de sus exitosas novelas: Gracias por el fuego, de 1965, y censurada durante las dictaduras uruguaya y argentina.

¿Y a Mario Benedetti le gustó la adaptación de su novela cumbre? Renegaba un poco del cambio de escenario: en el film, la historia se desarrolla en Buenos Aires, mientras que, en la novela, transcurre en Montevideo.

¿Su obra sigue vigente?

La tregua formó durante años parte de la currícula escolar de los secundarios en el módulo de Literatura Latinoamericana (por lo general, 5° año), no solo en Argentina, sino también en Uruguay y en México. En la actualidad, algunos colegios nacionales lo dan y otros no.

Benedetti, entonces, ¿sigue teniendo llegada a los jóvenes, tal como la tuvo durante, al menos, cuatro generaciones?

“Siempre me llamó la atención cómo lo conocían los jóvenes, pero los jóvenes de distintas generaciones, porque una cosa son los jóvenes del 90 y otros los de hoy. Las distintas generaciones toman el relevo y lo conocen, tenemos constancia de cómo los chicos de secundaria lo estudian y hay youtubers y booktubers que hacen programas por iniciativa propia sobre los cuentos de Benedetti”, contesta Hortensia Campanella y recuerda una lectura de sus poemas en Madrid en la que quedó impactada al ver que la gente que escuchaba a Benedetti movía los labios a la par del poeta. “Se sabían de memoria los poemas que estaba leyendo”.

Campanella adelanta, además, que ya hay aprobadas cuatro traducciones al chino (por primera vez), que el año pasado lo tradujeron en Georgia, que lo conocen hasta en Irán, que de Siria acaba de llegar un pedido para traducirlo y que vienen de renovarse los derechos de La tregua al italiano.

También que constantemente le llegan pedidos para musicalizar poemas o montar obras de teatro y hasta un ballet de “La tregua” está en pleno ensayo por parte del Sodre. Todo esto sumado a las numerosas reediciones de su obra. Así que sí: en opinión de Campanella, Benedetti sigue más que vigente. “Su vigencia es incontestable, no hay que buscarla con lupa”, dice la biógrafa y aporta un dato que marca lo trascendental que fue el uruguayo: en España hay varias escuelas que llevan el nombre del uruguayo, “en Valencia hay una calle que lleva su nombre, en Madrid hay un parque que se llama jardines de Mario Benedetti, todo eso va más allá de un libro, tiene que ver con una personalidad presente en la cultura y en la admiración de la gente”.

“Era un autor que siempre tuvo vigencia literaria, porque tenía un pacto literario con los lectores: sabías que no te iba a defraudar son sus libros”, considera Alberto Díaz, que fue su editor durante más de cuatro décadas en distintas editoriales y está al frente de sus obras en Seix Barral, sello que por el centenario del autor está cambiando los diseños de tapa de gran parte de la obra del poeta, distinguido en 1999 con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y, seis años después, con el Internacional Menéndez Pelayo. Díaz asegura que sus libros se siguen vendiendo, aunque no como en décadas anteriores.

Para Hortensia Campanella, sin embargo, la obra de Benedetti no es ensalzada con justeza a nivel académico, como sí sucede a nivel popular. Y esto se debe, piensa, a que la popularidad masiva y el traslado de los poemas a la canción alejaron al escritor de la academia: “Sabemos que su compromiso social y político tuvo algunas repercusiones sobre el juicio literario”, expresa.

“Hay una gran armonía entre su vida y su obra. Mucho de lo que escribe tiene relación con lo que vive: cuando escribe sobre empleados públicos él mismo es un oficinista; cuando Uruguay y América Latina viven una crisis social y política su obra lo refleja, como la novela El cumpleaños de Juan Ángel o la obra teatral Pedro y el capitán; luego vendrán los libros del exilio y del desexilio. Lo mismo con otros sentimientos como la amistad, el amor, su relación con Luz, su esposa, todo eso aparece en sus libros”.

El exilio y el desexilio

Si aquel primer vínculo con Buenos Aires fue trascendental y significativo, no fue el único ni definitivo. En 1973, llegó como exiliado y no la pasó bien: vivió en pensiones, apenas ganaba dinero y rápidamente pasó a integrar la lista de personas non gratas de la Triple A. Pese a todo, de aquella estadía porteña, siempre rescató un “llavero de solidaridad”, tal como lo definió en referencia a la posibilidad de ser acogido en casas amigas, si por alguna razón se sentía amenazado.

Igual se tuvo que ir.

Siguió su exilio en Perú, donde lo detuvieron, recaló luego en La Habana y siguió su diáspora en Madrid. Regresó a Buenos Aires decenas de veces, desde mediados de los 80 en adelante, durante su proceso de “desexilio”, término que él mismo acuñó para describir el proceso de toda una generación de exiliados que emprendían el regreso a los lugares de donde habían sido expulsados.

“Lo conocí durante su exilio en Argentina –rememora el historiador Pacho O’Donnell– y después nos vimos durante nuestros respectivos exilios en España. Era una persona reservada, alguna vez dije que era como si viviera con mucho pudor su inteligencia, era muy inteligente, pero no hacía alarde de ello. Me acuerdo de una frase que dijo la única evidencia aceptable de la existencia de Dios era el gol con la mano de Maradona”.

Benedetti, autor de "La tregua". Foto Eduardo Longoni.

Benedetti, autor de “La tregua”. Foto Eduardo Longoni.

O’Donnell, quien en los últimos dos años montó el espectáculo “A la izquierda del roble”, en homenaje a poemas de Benedetti, en el Centro Cultural de la Cooperación (y que será repuesto el año que viene), no se olvida del día de 1973 en que se encontraba en la redacción de la revista Crisis, junto a Benedetti y Eduardo Galeano, y sonó el teléfono para amenazarlos de muerte: “Las amenazas, de tres a cuatro, por favor”, les colgó Galeano, también exiliado en el país, haciendo del humor toda un arma.

“Benedetti fue un ejemplo de la conducta de un intelectual latinoamericano en aquellos tiempos de dictadura. Fue un hombre que sostuvo una actitud ética. Pensaba que la poesía tenía que ser un espacio de resistencia”, agrega.

El poeta más popular y cantado en español

Perseguido por sus ideas de izquierda y sus críticas a los Estados Unidos que le valieron un exilio de 11 años, desde mediados de los 80, Benedetti viajó recurrentemente a Buenos Aires junto al cantautor y poeta uruguayo Daniel Viglietti, con quien brindaba mágicas veladas en las que uno recitaba poesía y el otro tocaba la guitarra, en un concierto A dos voces con el que hasta llenaron el Luna Park.

"A dos voces". El cantautor Daniel Viglietti y el poeta Mario Benedetti, en el recital de música y poesía. Foto AFP.

“A dos voces”. El cantautor Daniel Viglietti y el poeta Mario Benedetti, en el recital de música y poesía. Foto AFP.

No fue el único Viglietti en homenajearlo: el catalán Joan Manuel Serrat musicalizó algunos de sus poemas en el disco El sur también existe, de 1985, un trabajo conjunto con Benedetti, que buscaba dar una mirada de la vida, el amor y la cultura, desde el sur del mundo. El propio Serrat acaba de publicar en España una Antología poética de Mario Benedetti, que prologó y seleccionó él mismo durante los meses de encierro por el coronavirus.

También interpretaron y popularizaron sus poemas, entre otros, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sandra Mihanovich y Nacha Guevara, quien fue la primera en esto de cantar los poemas de Benedetti.

Gran conocedora de la obra del uruguayo, Nacha Guevara había ido a Montevideo a principios de los 70 junto al músico Alberto Favero, por entonces su marido, a hacer un espectáculo: “Benedetti no esperó afuera y nos dijo que le había gustado mucho el show. Allí empezó una relación que duró muchos años. Yo ya tenía en la cabeza hacer algo con Poemas de la oficina”, cuenta Nacha, que con su voz y su canto popularizó poemas como Te quiero (el estreno en Argentina fue suspendido por “fuerza mayor”: una bomba en el Teatro Estrellas), Por qué cantamos y Yo te nombro: libertad, entre tantos y tantos otros.

Alberto Favero, Nacha Guevara y Mario Benedetti. Gentileza Fundación Mario Benedetti y Nacha Guevara.

Alberto Favero, Nacha Guevara y Mario Benedetti. Gentileza Fundación Mario Benedetti y Nacha Guevara.

La amistad era tal que cuando el uruguayo se exilió en Buenos Aires, en 1973, pasó tres meses en la casa de Nacha y Favero, en Pueyrredón y French, pleno Barrio Norte, hasta que pudo mudarse a otro departamento. “Trabajamos juntos mucho tiempo y haciendo canciones a medida, a pedido mío, como Por qué cantamos o Vuelvo, que habla del regreso tras el exilio. En ese momento, nosotros estábamos en Estados Unidos y él en España, así que la hicimos por teléfono, fue una experiencia extraña y salió una canción maravillosa”, recuerda la actriz y cantante, a quien Benedetti le dedicó los Versos para cantar, una colección de poemas contenidos en el libro Letras de emergencia.

Y aunque los poemas de Benedetti fueron más tarde musicalizados por otros grandes cantautores, Nacha rescata las composiciones de Favero: “Hizo unas melodías inolvidables, porque él tiene el don de darle drama a la música”.

Detallista y cabeza dura

Para Nacha, Benedetti no era tan tímido como parecía, pero sí, dice con cariño, era “cabeza dura”: “No paraba hasta que conseguía lo que quería, era muy detallista y cuidadoso con su poesía: se enojaba, por ejemplo, cuando decían Nacha canta a Benedetti porque el título era Nacha canta Benedetti y el equívoco lo irritaba mucho”.

El editor Alberto Díaz recuerda una anécdota que lo describe, igual que Nacha, en su inquietud con los errores: “Era obsesivo con las erratas de sus libros. Una noche fuimos a cenar en Montevideo, estaba por salir Andamios (1996), su última novela. Fuimos al mirador de la Intendencia, que tiene un restaurante en el piso 22. Cuando llegamos, se da cuenta de que él había puesto en su libro que quedaba en el piso 19. Eso lo tuvo mal toda la noche”.

Futbolero. Benedetti era hincha de Nacional y solía ir al Estadio Centenario. Aquí, junto al ex futbolista Jorge Valdano quien seleccionó cuentos para un libro, en el que incluyó un relato del uruguayo.

El recuerdo no termina ahí: “Él era muy conocido, muy querido y muy popular. En el lugar, había otras tres mesas ocupadas. En una, una familia festejaba los 15 años de una adolescente y el padre se acerca a pedir una firma porque la joven era seguidora de sus poemas de Inventario. Lo firmó, pero estaba ofuscado con aquel error, que todavía se podía corregir”. 

Hay más: “Después, se acercó un matrimonio de Rafaela, provincia de Santa Fe, que cumplía 50 años de casado y como festejo estaba recorriendo en Montevideo todos los lugares que aparecían en las novelas de Benedetti. Eran fanáticos. Y no los habían sacado de una guía de turismo, si no que tenían todos los libros en sus mochilas con cientos de marcas. Yo no lo podía creer. De tres mesas, dos se acercaron a saludar y conocían su obra a la perfección. ¡Pero tan estricto era que seguía refunfuñando por aquella confusión!”.

Fotografía cedida por la Fundación Benedetti, sin fecha, ni lugar, del escritor uruguayo Mario Benedetti jugando al fútbol en una playa.

Pero además de grandes obras literarias, Benedetti nutrió a la lengua de palabras y expresiones de uso corriente que él creó: “desexilio”, “el Sur también existe”, “despabílate, amor” o “gracias por el fuego”, pasaron a formar parte del acervo lingüístico rioplatenseY fueron inventadas por Benedetti.

Cuando en 1992, escribió La borra del café, de gran éxito en el país, su editora le sugirió que cambiara la palabra “borra” porque, salvo en el Río de la Plata donde significa el sedimento que deja el café en una taza, en el resto de los países hispanohablantes suele designar la pelusa de lana que se acumula debajo de una cama. No hubo caso, Benedetti no cambió el título: “Que aprendan una palabra más”. Esa, Mario, y muchas más.

Reediciones y homenajes

  • En España y México, acaba de publicarse Antología poética de Mario Benedetti, cuya selección y prólogo está a cargo del cantautor catalán Joan Manuel Serrat. En el país, por ahora, está disponible en ebook (Alfaguara, 9,99 euros).
  • Los cantantes Joaquín Sabina, Leiva, Rozalén y Vanesa Martín participarán el próximo lunes en un homenaje al escritor uruguayo Mario Benedetti en el centenario de su nacimiento y tras la publicación de la antología de sus poemas realizada por Joan Manuel Serrat. Será un acto organizado por el Instituto Cervantes y la editorial Alfaguara.
Fotos inéditas de Benedetti al aire libre en Montevideo. Foto EFE.

Fotos inéditas de Benedetti al aire libre en Montevideo. Foto EFE.

  • Bajo el hashtag #BenedettiEnMiVentana, el Grupo Planeta convoca a los lectores a pegar frases del autor uruguayo en sus ventanas y viralizar las fotos en las redes. Además, se relanzan algunos de los títulos con nuevos diseños de portada.
  • Mario Benedetti. Un mito discretísimo, de Hortensia Campanella, será reeditado con un capítulo más.
  • En Montevideo, se inauguró al aire libre una muestra de fotografías sobre Benedetti. Se trata de un recorrido por 80 paneles que se enfocan en los grandes ejes de la vida del autor: unas 40 imágenes son de autoría del fotógrafo argentino Eduardo Longoni, quien forjó una relación con el escritor; mientras que las otras forman parte del archivo de la Fundación Mario Benedetti.
  • Como parte de las celebraciones por el centenario, la Fundación Mario Benedetti, que busca difundir y cuidar su legado, presentó una serie de videos con lecturas a cargo de artistas del ámbito cultural iberoamericano, como la actriz Cristina Banegas, en la que comparten textos de una de las voces más destacadas de la poesía latinoamericana. Disponibles acá.
  • Previo a la pandemia del coronavirus, la Universidad de Alicante, quien le otorgó el título de Doctor Honoris Causa, tenía planeado realizar en octubre un Congreso Internacional dedicado al escritor, presidido honoríficamente por el poeta chileno Raúl Zurita. Por ahora está suspendido.
Muestra sobre Benedetti en Montevideo. Foto EFE.

Muestra sobre Benedetti en Montevideo. Foto EFE.

  • El departamento de Tacuarembó, donde está Paso de los Toros, su ciudad natal, recordará al escritor con distintas actividades, como un maratón de lectura, en el que se invitará a alumnos de distintas escuelas a leer sus obras, conferencias, la inauguración de una muestra de cerámica y otros actos en la Casa de la Cultura.
  • La denominada Semana Benedetti, que se desarrolla en Paso de los Toros desde hace varios años, cuenta tradicionalmente con una feria del libro que, en 2020, por la emergencia sanitaria no podrá celebrarse.
  • En Paso de los Toros, existe la “Vía Benedetti”, un paseo de fotografías a gran tamaño y poemas del escritor a lo largo del Boulevard Artigas, y la Plaza Benedetti, donde una estatua del escritor aguarda en un banco.

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