Venezuela tras Maduro: por qué el chavismo sigue en el poder
La captura de Nicolás Maduro abre un escenario incierto en Venezuela: acuerdos de EE. UU. con el chavismo, dudas sobre la oposición y un futuro político sin cambios visibles para la población
El ataque militar de Estados Unidos en Venezuela y la posterior captura de su presidente, Nicolás Maduro, provocaron reacciones diversas en todo el mundo. Algunos celebraron con euforia este «acto de libertad», mientras otros condenaron la violación de la soberanía y del derecho internacional por parte de Washington.
También hubo posturas más moderadas: varios cuestionaron la forma en que EE.UU actuó, pero no «soltaron lágrimas» por la captura de Maduro y ven este momento como una oportunidad única para restituir la democracia en Venezuela.
«El ataque es claramente contrario al derecho internacional. Así lo han confirmado todos los expertos en derecho internacional. No hay duda al respecto», afirma a DW Anja Dargatz, directora de la oficina en Venezuela de la Fundación Friedrich Ebert (FES), cercana al Partido Socialdemócrata Alemán (SPD).
Por su parte, Evelyn Hartig, directora de la oficina en Bogotá de la Fundación Heinrich Böll (HBS), vinculada a Los Verdes, dice a DW que el ataque es una advertencia para la región y una forma de dominación sobre recursos ajenos: «Es una amenaza directa no solo para Venezuela, sino también para países vecinos como Colombia».
Los planes de EE. UU. de «administrar» Venezuela
Tras la aprehensión de Maduro, el Gobierno de Donald Trump aseguró que quiere «administrar» Venezuela por el tiempo que sea necesario. Según Washington, el objetivo sería atraer empresas estadounidenses para invertir en el sector petrolero y modernizar la infraestructura del país.
Hartig advierte que esta «administración» de Venezuela podría tener costos elevados: polarización interna, posible resistencia armada y un agravamiento de la crisis nacional y regional.
«Trump había expresado abiertamente los intereses económicos que tiene en el país rico de petróleo. En síntesis, no se busca una solución democrática, sino provocar el colapso del régimen para apropiarse de los recursos venezolanos que consideran propios. Hoy es Venezuela, mañana puede ser Colombia, México o cualquier otro país de la región», sostiene.

En tanto, Dargatz plantea que si EE.UU «quiere administrar Venezuela, primero tendrían que explicar cómo, porque en los últimos años ha desmantelado sistemáticamente todo lo que ahora habría que reconstruir».
Ella recuerda que no existe embajada estadounidense, ni cooperación al desarrollo, y que la colaboración económica «se limita prácticamente a la extracción de petróleo a través de la empresa estadounidense Chevron». Para ello, subraya, «habría que crear estructuras que lo hicieran posible. Sin embargo, aquí surge la pregunta: ¿se trata solo de retórica? ¿O hay un plan detrás?».
Trump mantiene al chavismo en el poder
Que Maduro haya sido capturado no implica el fin del chavismo. Tras el operativo, Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, revelaron que la ahora presidenta interina, Delcy Rodríguez, habría acordado trabajar conjuntamente con EE. UU. ¿Por qué seguir negociando con el chavismo?
Dargatz considera que, en medio de la conmoción, mantener ese vínculo tiene sentido porque «es el único que puede garantizar el control del país». Un eventual gobierno encabezado por Edmundo González o por la oposición, añade, «no podría hacerlo. Sin embargo, eso no significa que sea un modelo bueno y prometedor, ni mucho menos democrático».
«Todo apunta a que el Gobierno en funciones está llegando a acuerdos con el Gobierno estadounidense, que se están cerrando tratos y que se va a seguir por ese camino», afirma.

Para Diana Luna, asesora para Latinoamérica de la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad, ligada al Partido Democrático Libre (FDP), «EE.UU no tiene el control de todo el país por ahora. Y necesita asegurarse de que no va a haber un vacío de poder. Ese es el argumento más fuerte», explica a DW.
Luna considera que Rodríguez y su entorno no ofrecen condiciones democráticas ni legitimidad para gobernar y que su mandato no se extenderá más allá de tres meses: «Creo que es parte de una reacción mediata o temporal, a medio plazo».
¿La oposición pierde terreno?
Trump no solo legitimó a Rodríguez como sucesora de Maduro, sino que también cuestionó la popularidad de la principal figura opositora, la reciente ganadora del Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado.
«Si bien ahora se le está dando más atención a Rodríguez como interlocutora, realmente no creo que la oposición haya perdido su momento. Creo que lo que sí se pensó es que la transición iba a ser más rápida, algo que creyeron tanto los estadounidenses como la oposición venezolana», señala Luna.
Dargatz sostiene que lo ideal sería abrir un proceso de transición «con acompañamiento internacional, en el que todos los actores se sentaran a una mesa», incluidos chavismo, oposición, sociedad civil, sindicatos y otros sectores clave. El problema, advierte, es que «nadie habla de este plan, por lo que, en perspectiva, se puede suponer que tal vez no tenga tanta importancia en la situación política interna de Venezuela».

¿Qué pasa con el pueblo venezolano?
Tras la detención de Maduro, la vida cotidiana en Venezuela apenas ha cambiado. Persisten las filas para conseguir medicamentos, alimentos y gasolina, y la libertad de expresión sigue restringida por grupos paramilitares afines al chavismo. Aun así, las demandas de cambio continúan.
«Los factores internos del descontento siguen ahí. Yo creo que, aunque parte de la oposición se encuentra en el extranjero, está bien informada y anclada en el interior», explica Luna.
Por ahora, para la población no hay mejoras: «Sigue gobernando el mismo grupo con dos personas menos. Esas son las personas responsables de la situación que ha vivido el país en los últimos años. Y, por ahora, no hay indicios de que eso vaya a cambiar», concluye Dargatz.