Trump promete gasolina a menos de 2 dólares tras vencer a Irán
El presidente de Estados Unidos asegura que el petróleo se desplomará cuando Washington gane la guerra, pero el Brent ya roza los 100 dólares y el conflicto sigue tensionando el suministro mundial
Donald Trump ha puesto precio a una eventual victoria de Estados Unidos sobre Irán: menos de dos dólares por galón de gasolina. El presidente estadounidense sostiene que el petróleo caerá «precipitadamente» una vez termine el conflicto y que el ajuste llegará con rapidez. La promesa llega, sin embargo, en el momento opuesto: el Brent se mueve alrededor de 97-98 dólares por barril, el combustible en Estados Unidos ha alcanzado máximos históricos para estas fechas y el estrecho de Ormuz continúa convertido en el principal punto de riesgo energético del planeta.
La promesa de los dos dólares
Trump lanzó su previsión a través de Truth Social. «Los precios del petróleo caerán precipitadamente» cuando Estados Unidos gane la guerra, escribió el 7 de septiembre, antes de añadir que la gasolina bajaría primero hacia los tres dólares por galón y, finalmente, por debajo de dos. También aseguró que todo ocurrirá rápidamente y reiteró que Irán nunca dispondrá de un arma nuclear.
La afirmación tiene una enorme carga económica. Una caída desde los actuales niveles de combustible hasta dos dólares supondría prácticamente reducir a la mitad el precio que afrontan muchos conductores estadounidenses.
El petróleo apunta en dirección contraria
El mercado, por ahora, no comparte ese escenario. El Brent para noviembre se encontraba alrededor de 97 dólares, mientras el West Texas Intermediate (WTI) cotizaba por encima de 92 dólares. El temor a nuevas interrupciones de suministro ha devuelto al crudo a niveles cercanos a los 100 dólares.
La tensión es especialmente sensible porque cualquier deterioro adicional de la navegación en el golfo Pérsico puede trasladarse rápidamente a los precios internacionales. El conflicto ha convertido la seguridad marítima en una prima de riesgo permanente.
Ormuz vuelve a mandar
El auténtico termómetro de esta crisis está en el estrecho de Ormuz. Los ataques contra buques, las operaciones estadounidenses y las amenazas cruzadas han reducido la normalidad del tráfico en una de las arterias esenciales del mercado energético.
Ese cuello de botella explica por qué una victoria militar no garantiza automáticamente petróleo barato. La normalización exige recuperar rutas comerciales, seguros marítimos, capacidad logística y confianza entre compradores y productores. Los inventarios fuera de China se han reducido en más de 400 millones de barriles desde el inicio del conflicto.
La factura ya llega al consumidor
La presión energética ya se refleja en los surtidores. Durante el fin de semana del Labor Day, la gasolina estadounidense alcanzó una media próxima a 4,14 dólares por galón, casi un dólar más que un año antes. El diésel llegó a unos 5,85 dólares, un récord con consecuencias directas sobre transporte, agricultura y distribución.
Ahí reside uno de los problemas políticos para la Casa Blanca. El encarecimiento energético no se limita al automóvil: termina filtrándose hacia los alimentos, la logística y buena parte de los bienes de consumo.
El riesgo de otra escalada
Las previsiones tampoco descartan nuevas subidas. Algunos analistas sitúan el petróleo alrededor de 115 dólares por barril a final de año si la confrontación continúa sin un acuerdo, mientras varias entidades financieras han revisado al alza sus estimaciones ante la posibilidad de que las perturbaciones marítimas se prolonguen.
El contraste resulta evidente: Trump dibuja un petróleo desplomándose después de la victoria, mientras una parte del mercado todavía intenta calcular cuánto podría subir antes de que esa victoria llegue.
Una apuesta económica y política
La promesa de Trump trasciende así el mercado energético. Después de más de seis meses de enfrentamiento y con un coste militar estadounidense estimado en más de 37.500 millones de dólares, el precio de la energía se ha convertido también en una medida doméstica del éxito o fracaso de la estrategia contra Teherán.
Una reducción rápida del crudo aliviaría la inflación y reforzaría el mensaje de la Administración. Pero mantenerlo cerca de 100 dólares durante meses produciría el efecto contrario. La batalla decisiva puede librarse en Irán; su impacto económico, sin embargo, se seguirá midiendo cada día en los surtidores estadounidenses.
