Therians en El Salvador: entre una tendencia global y el debate sobre identidad y salud mental
En parques, redes sociales y foros digitales salvadoreños comienzan a aparecer jóvenes que se identifican como “therians”: personas que afirman experimentar una conexión profunda —espiritual o identitaria— con animales no humanos. El fenómeno, que se originó en comunidades en línea hace más de una década, forma parte de una tendencia global que ha ganado visibilidad en plataformas como TikTok, Instagram y foros especializados.
En El Salvador, aunque no existen cifras oficiales, psicólogos y educadores consultados coinciden en que el fenómeno es incipiente pero creciente, especialmente entre adolescentes expuestos a contenidos virales internacionales.
¿Qué es el therianismo?
El therianismo es una subcultura dentro del espectro más amplio de identidades no convencionales, en la que quienes se identifican como “therians” sostienen que, en un plano psicológico o espiritual, son parcial o totalmente un animal —lobo, felino, ave u otras especies— aunque reconocen su biología humana.
Especialistas en salud mental advierten que es importante distinguir entre expresiones culturales o simbólicas y posibles manifestaciones de malestar psicológico. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR), referencia clínica internacional, no reconoce el “therianismo” como diagnóstico psiquiátrico. Sin embargo, psicólogos subrayan que cuando estas identificaciones generan deterioro funcional —aislamiento, conflictos familiares, rechazo escolar o incapacidad de adaptación social— deben evaluarse profesionalmente.
“La adolescencia es una etapa de exploración identitaria intensa. No toda expresión alternativa es un trastorno, pero sí puede ser una señal de vulnerabilidad emocional si se acompaña de angustia o ruptura con la realidad compartida”, explica una psicóloga clínica salvadoreña consultada para este reportaje.
Tendencia mundial y ecos locales
En países como Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, comunidades “therian” mantienen encuentros presenciales y virtuales desde inicios de los años 2000. Con la expansión de redes sociales de video corto, el fenómeno se ha amplificado, mezclándose con otras subculturas juveniles como el cosplay y el furry fandom, aunque no son equivalentes.
En El Salvador, docentes de centros educativos privados y públicos reportan casos aislados de estudiantes que utilizan accesorios como colas, máscaras o que adoptan comportamientos asociados a animales durante recreos o actividades extracurriculares. Directores consultados señalan que la mayoría de situaciones se resuelven mediante diálogo con las familias, sin mayores incidentes disciplinarios.
¿Desorden social-psicológico o fenómeno cultural?
El debate se intensifica cuando algunos sectores califican el therianismo como un “desorden social-psicológico”. Especialistas en psiquiatría advierten que utilizar esa etiqueta de forma generalizada puede ser impreciso y estigmatizante.
Desde la perspectiva clínica, un trastorno mental requiere criterios específicos: alteración significativa en cognición, regulación emocional o comportamiento que cause deterioro funcional o malestar clínicamente significativo. Identificarse simbólicamente con un animal no constituye por sí mismo un diagnóstico.
No obstante, sociólogos consultados advierten que la proliferación de identidades fragmentadas puede reflejar vacíos sociales más amplios: debilitamiento de estructuras familiares, hiperexposición digital y búsqueda de pertenencia en comunidades virtuales.
“Lo preocupante no es la metáfora animal en sí, sino cuando se convierte en refugio frente a dificultades emocionales no atendidas”, señala un investigador en ciencias sociales.
El papel de los medios y las redes
Una crítica frecuente apunta al tratamiento mediático del fenómeno. Algunos contenidos virales tienden a presentar estas identidades como curiosidades llamativas o tendencias “divertidas”, lo que puede amplificar su visibilidad sin contextualización.
Expertos en comunicación advierten que el sensacionalismo —ya sea celebratorio o alarmista— puede distorsionar la comprensión pública. La cobertura responsable, sostienen, debe evitar tanto la glorificación acrítica como la patologización automática, ofreciendo contexto psicológico y social basado en evidencia.
En El Salvador, donde el debate sobre salud mental ha ganado espacio en los últimos años, profesionales insisten en que la prioridad debe ser fortalecer servicios de orientación escolar y atención psicológica accesible, más que convertir el fenómeno en motivo de confrontación ideológica.
Un fenómeno que exige análisis, no simplificación
El surgimiento de jóvenes que se identifican como therians en el país refleja dinámicas globales de identidad en la era digital. Para algunos, se trata de una forma de exploración simbólica; para otros, puede ser señal de vulnerabilidad emocional.
Lo que sí coincide la mayoría de especialistas consultados es que el abordaje debe centrarse en el bienestar psicológico, el diálogo familiar y la educación crítica sobre redes sociales, evitando tanto la estigmatización como la promoción acrítica.
En un entorno hiperconectado, donde tendencias globales se replican con rapidez, el reto para la sociedad salvadoreña no es solo entender el fenómeno, sino responder con equilibrio entre evidencia científica, responsabilidad mediática y acompañamiento humano.
