Un terremoto de magnitud 7,7 sacudió el centro de Birmania el viernes, causando daños materiales en la capital administrativa, Naypyidaw, y generando temblores que se sintieron ampliamente en Tailandia y el sur de China, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
El epicentro se localizó al noroeste de la ciudad de Sagaing y a poca profundidad, lo que intensificó su efecto en la superficie. El movimiento ocurrió en horas de la tarde y fue seguido, pocos minutos después, por una réplica de magnitud 6,4 en la misma zona, lo que elevó la alerta en toda la región.

El sismo dejó al menos 1,600 muertos y 3,408 heridos, de acuerdo con el balance oficial más reciente. La cifra de víctimas continúa en aumento mientras las autoridades locales de ambos países y equipos de rescate acceden a las áreas más remotas afectadas por el desastre.
Los equipos de rescate trabajaban el sábado contra el reloj y a la espera de recibir ayuda para el centro-norte del país, en zonas ya asoladas por un conflicto generado por un golpe de Estado en 2021. “Llevamos más gente al cementerio que al hospital”, dijo a la agencia de noticias EFE un trabajador humanitario.

“Nuestros equipos básicamente se dedican a sacar cuerpos sin vida de los escombros (…) Hoy solo uno de los equipos ha recuperado 30 cadáveres”, añade el empleado de una organización birmana de ayuda de la región de Mandalay, entre las más afectadas por el sismo.
El rescatista, que prefirió no identificarse, cuenta a EFE que unas 300 personas de su organización trabajaron el sábado en varias zonas de Mandalay, cuya capital homónima es la segunda mayor ciudad del país, con alrededor de 1,5 millones de habitantes.
“El daño es muy grande”, afirma, y dice que las organizaciones de rescate han movilizado a gente de otras regiones para que vayan a ayudar en el área afectada.
Un comunicado del equipo de información de la junta indicó que al menos 139 personas siguen desaparecidas tras el terremoto superficial de magnitud 7,7 del viernes.