Reportan baja en el consumo de cocaína en Estados Unidos
La reducción del uso de cocaína es especialmente marcada entre jóvenes adultos, en medio de una diversificación de patrones y preferencias que favorecen el uso de otras drogas
El uso de cocaína en Estados Unidos atraviesa un descenso, sobre todo entre los jóvenes adultos de la generación Z, según datos recientes. Mientras la producción global de la droga alcanza cifras récord, el consumo en la población estadounidense cae a niveles históricos. Este fenómeno coincide con una reconfiguración en las preferencias de drogas, marcado por el giro hacia sustancias como ketamina, psicodélicos y GHB.
En 2024, según The Guardian, apenas 1,5% de los adultos estadounidenses informaron haber consumido cocaína en el último año, lo que equivale a 4,3 millones de personas. Esta cifra representa una reducción respecto del 6,7% registrado durante la década de 1980 y una baja desde los 5,9 millones contabilizados en 2017.
El cambio es aún más pronunciado en el grupo de 18 a 25 años: el consumo se desplomó de 2,1 millones en 2017 a 811.000 en 2024. Estas estadísticas surgen de la National Survey on Drug Use (encuesta nacional sobre el consumo de drogas), citada por el diario británico.
Este descenso ocurre en paralelo con una transformación en los patrones culturales y éticos de consumo. Según Max Daly, exeditor global de drogas en Vice y autor de los reportes sobre esta caída, la generación Z rechaza la cocaína, asociándola con “bebidas excesivas y la cultura nocturna” de sus padres y abuelos, práctica de la que buscan distanciarse. Daly precisó en The Guardian: “Para ellos, es éticamente muy dudosa”.
La preferencia actual entre los jóvenes estadounidenses se inclina hacia ketamina, distintos psicodélicos y GHB. Un empresario de retiros psicodélicos, Joel Brierre, señaló al diario británico que la salud y el bienestar mental han cobrado primacía en la percepción del consumo de drogas.
Brierre afirmó: “La gente está tomando conciencia de sus efectos sobre la salud mental y los riesgos de una noche de cocaína; el mundo está cambiando y muchos se dan cuenta de que no vale la pena”.
La posibilidad —real o percibida— de que la cocaína esté contaminada con opioides sintéticos, como el fentanilo, también desalienta el uso, indica Andrew Yockey, profesor adjunto de salud pública en la Universidad de Mississippi, citado por The Guardian. “Lo hace sentir impredecible, incluso en un consumo ocasional”.
Si se observa la evolución, el país pasó de informar más de 6% de uso anual en las décadas pico de los ochenta a situar la prevalencia en un 1,5% en 2024, una caída sostenida que se refleja especialmente en jóvenes adultos y ocurre pese al auge de la pureza y el abaratamiento del producto. A modo de ejemplo, la pureza promedio de la cocaína incautada el año pasado se ubicó en 88%, en contraste con el 54% de 2020, de acuerdo al diario británico The Guardian.
El contexto, adverso para la cocaína, es propicio para una diversificación de consumo. Además de la mencionada ketamina y GHB, las drogas sintéticas como 3-MMC empiezan a tener presencia en la escena nocturna.
Un participante frecuente de la vida nocturna en el noreste del país explicó a The Guardian que “muchos en el ambiente de clubes ya superaron la cocaína”, y recomendó que quienes eran adictos a esta droga cambiaran parte del consumo por ketamina, un consejo que asegura ha tenido aceptación.
En la calle y las fiestas, aunque la cocaína mantiene cierta visibilidad, la tendencia es menos dominante y más fragmentada. El panorama de las drogas en Estados Unidos se vuelve “más desordenado y mixto”, sostuvo Yockey en The Guardian: “la cocaína perdió su lugar como estrella”.
A pesar del descenso en el uso total, los riesgos no han disminuido. Las muertes por sobredosis asociadas a la cocaína aumentaron de 10,475 en 2016 a 22,174 en 2024, según datos de los Centers for Disease Control and Prevention (la agencia de salud pública estadounidense). Especialistas atribuyen parte de este incremento a la mezcla con otras sustancias, especialmente el uso deliberado de speedballs (mezcla de cocaína y opioides como el fentanilo).
El investigador Travis Wendel subrayó en The Guardian que la adulteración accidental con fentanilo es rara: “Sería absurdo que los distribuidores mezclaran fentanilo con cocaína, ya que tendría el efecto opuesto al que busca el consumidor”. El aumento en las muertes se debe sobre todo a mezclas realizadas de forma consciente.
El cambio cultural y la diversificación del consumo también han generado preocupaciones sanitarias nuevas, pues el conocimiento sobre los riesgos de drogas como la ketamina es todavía limitado. Ed Sisco, químico del National Institute of Standards and Technology (Instituto Nacional de Estándares y Tecnología), alertó recientemente en la radio pública estadounidense NPR que su equipo detecta con regularidad “nuevas drogas sin historial previo en Estados Unidos”.
Según Max Daly en The Guardian: “el giro de Estados Unidos lejos de la cocaína podría anticipar una reducción mundial en el consumo de la droga, justo cuando su abundancia es mayor que nunca”. La transición se expresa tanto en la caída de la prevalencia del consumo como en la pérdida de prestigio cultural y el surgimiento de nuevas preferencias y riesgos.
