Presencia de Bukele en San José fue criticada por irrumpir en la política costarricence
La presencia del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, en Costa Rica, para celebrar el inicio de la construcción de una prisión similar al Centro de Confinamiento del Terrorismo, cuyo acrónimo es CECOT, generó críticas de sectores políticos, analistas y actores sociales, quienes calificaron la visita como un acto disruptivo en un momento especialmente sensible: a pocos días de las elecciones, cuando el oficialismo costarricense encabezado por el presidente Rodrigo Chaves no tiene asegurada la victoria, según diversas encuestas.
Las críticas se centran principalmente en el timing político del viaje. Para sus detractores, la visita de Bukele trasciende la diplomacia tradicional y se interpreta como un gesto de respaldo político implícito al gobierno de Chaves, en un contexto electoral marcado por la polarización y por un electorado aún indeciso. Aunque no hubo pronunciamientos explícitos de apoyo a candidaturas, la sola presencia de un mandatario extranjero con alto perfil mediático fue considerada inapropiada por parte de la oposición costarricense.
Analistas políticos locales advirtieron que Bukele es una figura altamente controversial en la región, asociada a un modelo de gobierno que despierta simpatías, pero también fuertes cuestionamientos por su estilo confrontativo y por señalamientos sobre el debilitamiento institucional en El Salvador. En ese sentido, su aparición en suelo costarricense podría movilizar votos en contra del oficialismo, más que fortalecerlo, al reavivar temores sobre una deriva autoritaria.
Desde la oposición, algunos dirigentes señalaron que la visita puede percibirse como una injerencia indirecta en asuntos internos, algo particularmente sensible en Costa Rica, país que históricamente ha defendido la neutralidad, el respeto a la institucionalidad democrática y la no intervención. “No es prudente recibir a un líder extranjero con una agenda política tan marcada en plena campaña”, afirmó un legislador opositor citado por medios locales.
El presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves y Bukele, colocaron el miércoles en Alajuela la primera piedra de una megacárcel inspirada en el modelo implementado por El Salvador.
Los mandatariose dieron una rueda de prensa en el sitio donde se inició la construcción del Centro de Alta Contención de Crimen Organizado (CACCO), obra basada en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), la megacárcel salvadoreña para pandilleros y símbolo de la «guerra» contra estas bandas.
Las encuestas publicadas en las últimas semanas muestran un escenario electoral competitivo, sin una ventaja clara para el oficialismo de Chaves. En ese contexto, la irrupción de Bukele en la escena política fue vista como un factor externo impredecible, capaz de alterar el clima electoral y desplazar el debate hacia temas de seguridad y liderazgo fuerte, en detrimento de las discusiones locales.
El Tribunal Supremo de Elecciones de Costa Rica (TSE) rechazó el lunes pasado un recurso presentado por un ciudadano que pretendía evitar la visita de Bukele, pero advirtió que el mandatario no podía intervenir en asuntos internos.
Desde el gobierno costarricense se defendió la visita como un encuentro bilateral normal, enfocado en temas de cooperación regional. No obstante, las críticas persisten y se intensifican conforme se acerca la jornada electoral, alimentando el debate sobre los límites entre la diplomacia y la política partidaria en tiempos de campaña.
Así, la presencia de Bukele en Costa Rica, lejos de pasar desapercibida, terminó convirtiéndose en un elemento polémico del proceso electoral, evidenciando cómo los gestos políticos regionales pueden tener efectos internos en países que atraviesan momentos decisivos en las urnas.