Por qué las mujeres sienten más frío que los hombres en la oficina

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Por muy elegantes que ellas se presenten por la mañana en sus oficinas, por muy bueno que esté el ambiente en la ciudad para lucir una ropa ligera y veraniega, apenas un rato después de haber llegado al trabajo ya están cubiertas de jerséis, rebecas y hasta bufandas.

Esta es la realidad de muchas de las mujeres que trabajan en las grandes empresas: el frío impuesto para todos por sus colegas masculinos las hace sufrir.

Así lo revela nuevo estudio publicado esta semana en la revista Nature sobre consumo de energía en las empresas y oficinas, y su relación con la demanda térmica en las mujeres.

De acuerdo con sus conclusiones, la graduación habitual de temperatura en las oficinas se establece en función de un criterio y un modelo empírico masculino fijado nada menos que en los años 60 del siglo XX, toda vez que el ritmo metabólico (o metabolismo basal) de un hombre promedio de 40 años y 70 kilogramos de peso es superior al de una mujer.

Esto haría que el cuerpo masculino generalmente necesite de más frío para equilibrar su temperatura, y que por ello las mujeres que trabajan a su lado –con un 35% de tasas metabólicas más bajas—sufran considerablemente y, en muchas ocasiones, terminen resfriadas.

“En muchos de los edificios, constatamos que el consumo de energía es mucho mayor debido a que la norma está calculada en función de la producción de calor del cuerpo masculino”, aseguró a The New York Times Boris Kingma, coautor de este estudio e investigador del Departamento de Biología Humana del Centro Médico de la Universidad de Maastricht, en Holanda.

Esta investigación arrojaría que si los modelos de confort térmico que son empleados en la actualidad no consideran los valores metabólicos reales de las mujeres, es porque, como expresa un artículo del sitio MIC, en el mundo de la ciencia, la medicina y la tecnología falta mucho para que se reconozca la existencia de la mujer.

El mismo Kingma asegura que “el metabolismo de las mujeres es, por lo general, más lento que el de los hombres, y esto quiere decir que requieren un ambiente levemente más cálido para perder menos calor y mantener una temperatura corporal estable”.

El hecho de que por lo general las mujeres presenten una talla más baja, aunque con mayores niveles de grasa corporal, haría que su ritmo metabólico sea más lento.

Para Kingma, los parámetros mantenidos durante 50 años para calcular la necesidad de enfriamiento en las oficinas responden a una composición de la fuerza laboral ya obsoleta, en la cual predominaba la empleomanía masculina.

Este estudio remite inevitablemente a la generación de un menor gasto energético, en aras de hacerle frente al calentamiento global; pero para llegar a ese puerto habría que modificar los parámetros y considerar mucho más la naturaleza corporal de las mujeres.

“Se puede refrigerar menos al edificio en verano –concluye Kingma- y, quienes sienten calor, pueden modificar su vestimenta”.

Pero esta batalla todavía está por dar y por ganar.

Por el momento, entendemos por qué no pocas mujeres en el mundo se han puesto de acuerdo en la oficina y disponen todas de un abriguito de emergencia, de esos que casi nunca llevan a casa, que colocan al finalizar la jornada en el respaldar de su silla de trabajo o guardan en algún closet, junto a los insumos para comer, y al cual acuden cuando la temperatura en la oficina desciende según la necesidad, pero sobre todo el mandato, del cuerpo masculino.