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Editoriales

Pakistán y Afganistán mantienen una guerra que el mundo prefiere no ver

  • Publishedmarzo 15, 2026

Por Luis Vazquez-BeckerS

Mientras la atención de las cancillerías occidentales permanece fija en los frentes de Ucrania y el Medio Oriente, una conflagración silenciosa pero devastadora se intensifica en la frontera más volátil del sur de Asia. La relación entre Pakistán y el régimen talibán de Afganistán ha pasado de una alianza histórica de conveniencia a una guerra abierta que amenaza con desestabilizar una región que alberga armamento nuclear.

Lo que inicialmente fue celebrado en Islamabad como una victoria estratégica tras la retirada de Estados Unidos en 2021, se ha convertido en una pesadilla de seguridad nacional. El grupo Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), el brazo de los talibanes en suelo pakistaní, ha lanzado una ofensiva sin precedentes desde sus santuarios en Afganistán, golpeando centros urbanos y puestos militares en las provincias de Khyber Pakhtunkhwa y Baluchistán.

Pakistán, que durante décadas fue acusado de dar refugio a la insurgencia afgana, hoy prueba de su propia medicina. La negativa del gobierno de Kabul a frenar al TTP ha llevado a Islamabad a ejecutar ataques aéreos transfronterizos y a implementar una política de expulsión masiva de refugiados afganos, utilizando a los civiles como moneda de cambio en una disputa de alta intensidad.

El núcleo del conflicto no es solo el terrorismo, sino la disputa territorial centenaria. Los talibanes, al igual que todos los gobiernos afganos anteriores, se niegan a reconocer la Línea Durand —la frontera trazada por los británicos en 1893— como el límite oficial. Esta porosidad fronteriza facilita el movimiento de militantes y el contrabando de armas dejadas por las fuerzas de la OTAN, exacerbando una crisis humanitaria que el mundo parece haber decidido ignorar.

La comunidad internacional, fatigada por dos décadas de intervención en la zona, ha optado por una política de contención mínima. Sin embargo, el costo de esta indiferencia es alto:

  • Inestabilidad Nuclear: Pakistán enfrenta una crisis económica interna severa mientras intenta financiar una guerra fronteriza.
  • Radicalismo en aumento: El flujo de ideología extremista no conoce fronteras, alimentando células locales en ambos lados.
  • Crisis de Refugiados: Más de medio millón de afganos han sido forzados a retornar a un país sumido en la hambruna y la represión sistémica.

La «guerra invisible» entre Pakistán y Afganistán ya no es una simple disputa vecinal. Es un recordatorio de que los vacíos de poder y las alianzas mal calculadas tienen consecuencias de largo alcance. Si el mundo continúa mirando hacia otro lado, el estallido final podría ser imposible de contener.

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Redacción DL

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