Más allá del consumo: El imperativo de la transformación industrial para El Salvador
Por: Análisis Económico Estratégico
Históricamente, El Salvador ha navegado en las aguas de una economía terciarizada, donde el comercio y los servicios representan el grueso del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, al cierre de 2025, con una estabilidad civil sin precedentes, el país se enfrenta a una verdad económica ineludible: no se puede alcanzar el desarrollo sostenible exportando materias primas e importando bienes terminados. El verdadero salto cualitativo reside en la transformación y el procesamiento de productos.
1. La trampa del valor agregado mínimo
Exportar granos de café verde o azúcar cruda es, en esencia, exportar oportunidades de empleo y riqueza. Cuando un país se limita a la extracción o producción primaria, queda a merced de la volatilidad de los precios internacionales de los commodities. La transformación industrial —pasar del grano de café a la bebida procesada y embotellada, o de la caña de azúcar a bioplásticos o químicos especializados— permite capturar una mayor proporción de la cadena de valor global.

2. Agroindustria: El motor dormido
El Salvador posee un sector agrícola con un potencial de transformación subutilizado. La inversión no debe dirigirse únicamente a “sembrar más”, sino a “procesar mejor”.
- Ejemplo: En lugar de exportar frutas frescas con corta vida útil, la inversión en plantas de liofilización o procesamiento de concentrados permitiría acceder a mercados de exportación de alto valor en Europa y Asia, reduciendo las pérdidas post-cosecha y aumentando los márgenes de ganancia hasta en un 300%.

3. El efecto multiplicador de la manufactura
A diferencia del sector servicios, que a menudo genera empleos de baja especialización, la industria de transformación exige y crea capital humano calificado. La inversión en plantas de ensamblaje de componentes electrónicos o dispositivos médicos (aprovechando el nearshoring) genera un ecosistema de proveedores locales, servicios técnicos y desarrollo tecnológico que eleva la productividad general de la nación.

4. Sustitución de importaciones y soberanía económica
Transformar lo que producimos reduce la dependencia de las importaciones, mejorando la balanza comercial. Al procesar nuestros propios alimentos y bienes de consumo básico, el país se protege contra la inflación importada. Cada producto transformado localmente es un dólar que deja de salir de nuestra economía y circula internamente, fortaleciendo el mercado doméstico.
Conclusión: Un cambio de visión para 2026
Para que la economía salvadoreña no sea solo “estable” sino “pujante”, el Estado y la empresa privada deben diseñar incentivos fiscales y crediticios dirigidos específicamente a la industrialización. Debemos dejar de ser una economía de anaquel (que solo exhibe lo que otros hacen) para convertirnos en una economía de taller y laboratorio.
La prosperidad de las próximas décadas no vendrá de cuánto vendemos, sino de cuánto transformamos antes de vender.