La Guerra de las 100 horas entre Honduras y El Salvador hace 52 años

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Las siguientes, son algunas de las razones por las que El Salvador realizó una acción punitiva de guerra contra Honduras, hace 52 años, el 14 de Julio de 1969.

El Salvador, siendo el país más pequeño de Centro América, enfrentaba un problema de densidad poblacional, mientras que Honduras, con un territorio amplio ofrecía muchas oportunidades de empleo, por lo que se convertía en un lugar donde los salvadoreños podían emigrar.

Se cree que la causa principal de la guerra de las 100 horas fue cuando Honduras decidió redistribuir la tierra a campesinos hondureños, para lo cual expulsaron a los campesinos salvadoreños que habían vivido ahí durante varias generaciones. Esto generó una persecución de salvadoreños en Honduras y un regreso masivo de campesinos a El Salvador.

El abogado Ricardo Zuñiga Agustinus, abuelo del actual Ricardo Zuñiga que representa a los Estados Unidos, y uno de los secretarios más poderosos que tenía el entonces presidente Oswaldo López y artífice de la Ley Agraria en Honduras hizo posible que los campesinos hondureños fueran compensados económicamente por las tierras que les eran quitadas, pero al darse cuenta que de cada diez campesinos afectaos por la reforma, siete eran salvadoreños, introdujo en la ley una disposición que establecía la indemnización solo para hondureños hijos de padre y madre hondureños. Con ese pretexto, los salvadoreños comenzaron a ser expulsados de Honduras a pesar de que tenían más de 50 años de estar haciendo producir lo que antes era selva hondureña. Los periodistas de entonces pudimos ver cómo los salvadoreños salían de las montañas para acogerse a su país de origen. Muchas de las mujeres llegaban con los pechos cercenados a morir en tierras salvadoreñas.

Los salvadoreños se vieron forzados a huir de Honduras ante los crímenes cometidos contra ellos por la «Mancha Brava»
Honduras denunció ante la Organización de Estados Americanos a El Salvador alegando una hipótesis expansionista; sin embargo, el presidente salvadoreño, General Fidel Sánchez Hernández, en su discurso del 17 de julio de 1969 (escrito por Waldo Chávez Velasco, Italo López Vallecillos, Hugo Lindo , Eduardo Vázquez Becker y otros), haciendo un símil con el descenso del Apolo 11 en la luna expresaría su famosa frase de “Cómo es posible que el hombre pueda caminar libremente sobre la superficie de la luna y los salvadoreños no lo puedan hacer por las veredas de Honduras”

Una segunda denuncia del gobierno hondureño manifestando intenciones de conquista por parte del ejército salvadoreño, fue ripostada por Sánchez Hernández el 6 de agosto de 1969, celebrando la victoria salvadoreña sobre las tropas hondureñas, afirmando que “Si nuestra intención hubiera sido de conquista, el presidente de El Salvador estaría diciendo este discurso desde las gradas del palacio nacional de Honduras en Tegucigalpa”

En meses previos a la denominada guerra surgió un escuadrón clandestino hondureño llamado la “Mancha Brava”, para aterrorizar a más de 300 mil salvadoreños que se habían afincado en los años 60 en Honduras para trabajar en plantaciones bananeras y establecer negocios en ese país.

Estas formaciones paramilitares asesinaron y detuvieron a una gran cantidad de salvadoreños en la zona fronteriza lo que agudizo aún más la situación entre los dos países. “La Mancha Brava” asesinó a una gran cantidad de salvadoreños y atemorizó a otros.

El 14 de julio de 1969, un pelotón del ejército hondureño ametralló la guarnición militar fronteriza de “El Poy” en Chalatenago, y con ello el ejército salvadoreño lanzó un ataque contra suelo de Honduras y su aviación bombardeó el aeropuerto de Toncontín en Tegucigalpa, inmovilizando el 80% de la flota aérea hondureña. Había comenzado la “Operación cielo despejado” como llamada la acción punitiva del Estado salvadoreño.

Ganado el dominio de los cielos, el ejército salvadoreño avanzó en territorio de Honduras, invadiendo la población de Nuevo Ocotepeque, y penetrando hasta ocho kilómetros más allá de la frontera para la tarde del 15 de julio, acercándose peligrosamente a la propia Tegucigalpa. Al día siguiente las tropas hondureñas se lanzaron a la contraofensiva pero sin éxito, aunque su aviación logró interrumpir la cadena de suministros y logística de sus enemigos.

Guardias salvadoreños en Honduras

La guerra de las 100 horas fue la última confrontación de la historia, donde combatieron aeronaves de pistón y hélice.

Una “mecha” que había sido prendida en 1967

El 27 de mayo de 1967 un grupo de guardias destacados en Polorós, La Unión, capturó al entonces reconocido delincuente hondureño Antonio Martínez Argueta, quien era reclamado por dos jueces de Santa Rosa de Lima por el asesinato en 1961 de Alberto Chávez y, dos años después, a Marcelina Chávez, en el cantón Las Lajitas, de Polorós.

Martínez Argueta era allegado al presidente hondureño, el general Oswaldo López Arellano, su captura encendió la mecha que dos años después haría explotar el conflicto.

Martínez Argueta capitaneaba una banda de ladrones salvadoreños y hondureños, pero era compadre de López Arellano, quien cuando supo que su ahijado estaba preso ordenó que tropas hondureñas invadieran la jurisdicción salvadoreña en Polorós, con el fin de emboscar a guardias nacionales.

Dos días después, el 29 de mayo, en la zona fronteriza de Monteca, territorio salvadoreño, una patrulla de guardias nacionales fue cobardemente emboscada por un pelotón de soldados hondureños.

En el combate murieron tres guardias y dos más cayeron prisioneros. Al repeler el ataque, dos soldados hondureños resultaron muertos y sus cuerpos fueron, humanitariamente devueltos a territorio hondureño.

Sin embargo, los guardias asesinados fueron arrastrados a territorio hondureño, donde se aseguró que sus cuerpos fueron ultrajaron con lujo de barbarie, dejando que sus cuerpos se pudrieran al aire libre. Los capturados fueron llevados a Tegucigalpa, donde sufrieron toda suerte de torturas y vejámenes.

Pocos días después, el general salvadoreño, José Alberto “Chele” Medrano, director de la Guardia Nacional, envió un destacamento a la zona fronteriza con la misión de rescatar los cadáveres, lo lograron bajo el mando del entonces mayor Alfredo Alvarenga, con la ayuda de algunos civiles hondureños.

Las relaciones se pusieron muy tensas entre ambos países, destacamentos de la guardia acamparon en Las Pilas (Chalatenango), Sabanetas (Morazán) y otros puntos fronterizos, Honduras, por su parte, hizo lo mismo del otro lado de la frontera.

A mitad de 1967, Julio Adalberto Rivera había dejado la presidencia de la República de El Salvador, sustituido por el general Fidel Sánchez Hernández. La guerra parecía inminente.

General José Alberto «El Chele» Medrano, jefe de la Guardia Nacional y héroe de la guerra que defendió a los salvadoreños de la «Mancha Brava» hodureña que les masacraba

El Chele Medrano, previendo la guerra, advirtió a Sánchez Hernández que con carabinas (M-1), fusiles Checos y Garand no podía mandar a su gente a la guerra. Eran armas obsoletas, de la Primera Guerra Mundial.

El Ejército salvadoreño estaba en una situación incómoda. Los Estados Unidos habían negado prestar ayuda a El Salvador. Ni dólares ni armamento.

Esa posición era lógica. Los estadounidenses no tenían ningún interés que proteger en El Salvador; en cambio, en Honduras tenían a la United Fruit Company, su gran compañía bananera.

El “Chele” Medrano, quien era tan arrojado como irreverente, le lanzó su propuesta a Sánchez Hernández: debían comprar armas en Europa. A eso, Sánchez Hernández respondió que eso era imposible, por la lejanía. Tendrían que atravesar todo el Atlántico.

–Mirá, Taponcito (apodo de Sánchez Hernández), ¿quién es el presidente de Panamá?, le preguntó Medrano.
–(Omar) Torrijos, le respondió.
–¿En dónde estudió Torrijos? –repreguntó Medrano.
–En nuestra escuela militar –respondió el Presidente.
–Entonces, por qué p… no le pedís ayuda para que esas armas pasen rápido por el Canal –le espetó Medrano.

Con la ayuda de Torrijos, Medrano diseñó una ruta para traer las nuevas armas a El Salvador, en parte del trayecto le paso las armas a los norteamericanos, en Miami, por debajo de sus narices. Luego Panamá y de allí a Acajutla.

Fusiles G-3 y ametralladoras HK-21 de Alemania, que fueron distribuidos a la Guardia Nacional y a otras guarniciones hasta donde alcanzaron. El resto del ejercito salvadoreño se mantuvo los viejos Checos y Garand y las carabinas M-1.

De Yugoslavia llegaron baterías antiaéreas que fueron apostadas en el Puerto de Acajutla, la presa El Guajoyo, la 5 de Noviembre y otra infraestructura estratégica, con la que la aviación hondureña pudiera cebarse.

También llegaron morteros de 81 mm. y obuses 105 y 120 mm.

Obús 105 mm M 101

Debido a que los Estados Unidos había negado el apoyo a la defensa de los inocentes campesinos que morían todos los días en territorio hondureño, no habían dólares, por lo que el “Chele” Medrano obligó bajo fuertes amenazas al presidente Sánchez Hernández que pagara con las pocas reservas de las que disponía el BCR-

La guerra

Al atardecer del 14 de julio, aviones de la Fuerza Aérea de El Salvador (FAES) bombardearon el aeropuerto de Tocotín, la capacidad aérea hondureña fue destrozada.

Siete compañías de guardias nacionales al mando del propio director, el general Medrano fueron emplazadas el Teatro de Operaciones del Norte (TON), además de varias unidades de la Primera Brigada de Infantería, al mando del coronel Mario de Jesús Velásquez, a quien apodaban “El Diablo”.

El “Chele” Medrano era la punta de lanza de las Fuerzas Expedicionarias de la Guardia Nacional, el flanco derecho lo llevaba el entonces teniente Roberto d’Aubuisson Arrieta y el izquierdo el teniente Roberto Mauricio “Torito” Staben.

Así mismo, el capitán Aristides Napoleón Montes, y el joven teniente Domingo Monterrosa Barrios tuvieron una participación destacada que les valió condecoración como héroes.

Domingo Monterrosa Barrios

Fueron tres frentes en el Teatro de Operaciones, el del Norte (TON), Nororiental (TONO) y el Sur Occidental, en todos pelearon los guardias nacionales con sus 14 compañías.

El TON incursionaría por el lado de Chalatenango para tomar Nueva Ocotepeque y San Marcos Ocotepeque. En el extremo izquierdo iba un contingente al mando del entonces capitán Arístides Napoleón Montes.

El «Diablo» Velásquez

La derecha de Montes la cubría el coronel “Diablo” Velásquez con tropas del cuartel San Carlos (Primera Brigada). Adelante, a la derecha, el general Medrano avanzaba con sus tropas de guardias.

El general Medrano dando instrucciones a sus subalternos

El “Chele” Medrano abría camino la tropa entre matorrales que desgarraban uniformes y piel. Medrano avanzaba a lomo de una mula negra, a la que días después el rebufo de una bazuca hondureña le ahumaría el trasero, el general caminaba con una capa verde olivo y un sombrero tipo australiano, G3 en mano y un par de escuadras Colt 45, con cachas de marfil, al estilo del famoso general estadunidense George Patton.

El “Diablo” Velásquez avanzó en “tanquetas” hacia Nueva Ocotepeque incursionando por El Poy, siguiendo toda la carretera en carros blindados para llegar por el frente, Medrano y su subalterno Montes diseñaron un desplazamiento envolvente, llegando a la retaguardia de la ciudad.

Medrano inutilizó con artillería dos puentes de la carretera que une Nueva Ocotepeque con Copán. No podrían llegar los refuerzos hondureños.

Ejército salvadoreño en Llano Largo, Honduras. Para el 17 de julio, la bandera salvadoreña ondeaba en Nueva Ocotepeque. Las fuerzas de la Guardia Nacional también habían tomado San Marcos Ocotepeque y seguían avanzando.

Honduras envió desde el norte a sus mejores fuerzas: el batallón Ranger, no pudieron más que acercarse, se quedaron en el cerro El Portillo, las elevaciones más inmediatas a Nueva Ocotepeque.

El 17 de julio los guardias salvadoreños trabaron combate con los rangers que fueron apoyados por lo que quedaba de la aviación hondureña. Fue el combate más crujento de todos cuantos se produjeron. la Guerra de las 100 horas entre Honduras y El Salvador.

El la Guerra de las 100 horas entre Honduras y El Salvador. Al final la guardia había sufrido la muerte de un subteniente, un cabo y siete guardias, el ejército hondureño esconde a la fecha la cantidad de bajas que sufrió. Honduras capituló, la bandera salvadoreña se alzó en tierras hondureñas, miles de civiles salvadoreños fueron rescatados.

El desfile de la Victoria se llevó a cabo el 6 de agosto en el centro de San Salvador y el estadio mágico González donde el presidente pronuncio el discurso de la victoria.

El 18 de julio, a las 10 de la noche, ante las presiones de la OEA, el presidente Fidel Sánchez Hernández había ordenado el cese al fuego “en tres frentes de batalla”.

El 19 de julio, al atardecer, los fusiles callaron. La Guardia fue forzada a su repliegue, bañada en gloria, pero con el corazón apesadumbrado por sus hombres caídos en combate. Era el fin de una guerra que había durado poco menos que 120 horas.

Créditos:

Eduardo Vázquez Bécker

Subteniente Isaac Segura (Guardia Nacional)

Luis Montes Brito

Archivo