Estudio revela que antibióticos pueden afectar el microbioma intestinal durante varios años
Investigadores suecos señalaron que su uso está vinculado a cambios duraderos en la diversidad bacteriana, con efectos detectables entre cuatro y ocho años tras la administración, según el mayor análisis poblacional realizado hasta la fecha
Un nuevo estudio publicado en Nature Medicine reveló que ciertos tratamientos con antibióticos pueden modificar la composición del microbioma intestinal durante varios años después de su administración.
El hallazgo, liderado por investigadores de la Universidad de Uppsala, en Suecia, aporta evidencia robusta sobre la duración y profundidad de estos efectos, y pone de relieve la importancia de considerar el impacto a largo plazo de estos medicamentos en la salud humana.
Los datos demuestran que el uso de antibióticos puede asociarse con alteraciones en la diversidad y abundancia de especies bacterianas del intestino, incluso cuatro a ocho años después del tratamiento, según el análisis de casi 15,000 adultos.
Los resultados refuerzan la necesidad de una prescripción cuidadosa y adaptada no solo al cuadro clínico inmediato, sino también a los posibles efectos colaterales a largo plazo sobre el microbioma.
Hasta ahora, se sabía que los antibióticos podían afectar de manera significativa la comunidad bacteriana intestinal a corto plazo. Sin embargo, la duración exacta de estos cambios no había sido cuantificada con precisión, lo que generaba dudas sobre el alcance real del impacto de estos fármacos en el tiempo.
Cómo el uso de antibióticos modifica el microbioma intestinal a largo plazo

El trabajo, realizado por un equipo internacional encabezado por la Universidad de Uppsala, analizó la relación entre el historial de uso de antibióticos y la composición actual del microbioma intestinal en 14,979 adultos residentes en Suecia.
Para ello, los investigadores combinaron registros nacionales de medicamentos recetados con análisis metagenómicos de muestras fecales, lo que permitió comparar el microbioma de personas que habían recibido distintos tipos de antibióticos con el de quienes no los habían tomado durante el periodo evaluado.
El estudio encontró que incluso un solo ciclo de ciertos antibióticos —como clindamicina, fluoroquinolonas y flucloxacilina— puede asociarse con alteraciones persistentes en la diversidad bacteriana del intestino. Estas modificaciones fueron observadas hasta ocho años después de la administración del medicamento. Por contraste, la penicilina V, el antibiótico más prescrito en Suecia para infecciones extrahospitalarias, mostró cambios menores y de corta duración en el microbioma.
Gabriel Baldanzi, primer autor de la investigación, explicó: “Podemos observar que el uso de antibióticos hace tan solo cuatro u ocho años está vinculado a la composición del microbioma intestinal actual. Incluso un solo tratamiento con ciertos tipos de antibióticos deja rastros”.
Por su parte, Tove Fall, profesora de epidemiología molecular y autora principal, destacó: “Creemos que nuestros resultados pueden orientar futuras recomendaciones sobre el uso de antibióticos, especialmente cuando haya que elegir entre dos tratamientos igual de eficaces y uno de ellos tenga un impacto menor sobre el microbioma”.
Qué implican estos cambios para la salud humana

El microbioma intestinal cumple funciones esenciales en la digestión, el metabolismo y la regulación de la respuesta inmunitaria. La alteración sostenida de su composición puede estar relacionada con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas y crónicas, como la diabetes tipo 2, la obesidad o ciertos trastornos cardiovasculares. Estudios epidemiológicos previos ya habían señalado vínculos entre el uso frecuente de antibióticos y estas patologías, aunque los mecanismos subyacentes no estaban completamente esclarecidos.
Según los investigadores, los resultados refuerzan la importancia de considerar los efectos colaterales duraderos al momento de prescribir antibióticos. “El impacto sobre el microbioma intestinal podría verse como uno de esos efectos, dada la importancia que tiene el microbioma para la salud humana”, indicó Baldanzi. En este sentido, cuando existan alternativas terapéuticas de eficacia similar, el perfil de impacto sobre la flora intestinal podría convertirse en un criterio relevante para la decisión clínica.
El estudio en contexto: resistencia antimicrobiana y nuevas líneas de investigación

El debate sobre el impacto de los antibióticos en la salud humana adquiere una dimensión aún mayor ante el avance de la resistencia a los antimicrobianos (RAM), un fenómeno que preocupa a expertos y organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La RAM ocurre cuando bacterias, virus, hongos y parásitos desarrollan mecanismos para sobrevivir a la acción de fármacos que antes resultaban eficaces. Según la OMS, está vinculada actualmente a más de cinco millones de muertes cada año y amenaza con duplicar esa cifra para 2050 si no se adoptan medidas urgentes.
Los especialistas advierten que el uso excesivo e inadecuado de antibióticos tanto en medicina humana como veterinaria favorece la aparición de bacterias resistentes, las llamadas “superbacterias”, que pueden propagarse por el ambiente, el agua y los alimentos.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) subraya que la RAM compromete la seguridad alimentaria global y la eficacia de los tratamientos médicos, afectando la salud de personas, animales y ecosistemas. En América Latina, la combinación de prácticas inadecuadas en la producción agropecuaria y deficiencias en el saneamiento acentúa el riesgo.
En este contexto, las autoridades sanitarias instan a profesionales de la salud, veterinarios, productores y la sociedad civil a implementar buenas prácticas de manejo, diagnóstico temprano y uso responsable de medicamentos. El médico veterinario Joaquín Basombrío, especialista en resistencia antimicrobiana, enfatizó en una nota: “La resistencia antimicrobiana no distingue fronteras ni especies. Afecta a personas, animales y al ambiente, por eso solo puede abordarse desde una visión integral”.
De la alteración del microbioma a las estrategias de prevención

Investigaciones previas ya habían documentado que el uso repetido de antibióticos puede aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades inflamatorias intestinales como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, especialmente en adultos mayores.
Un estudio internacional publicado en la revista Gut reveló que el riesgo es acumulativo y mayor en los años posteriores al tratamiento, particularmente con antibióticos de amplio espectro como fluoroquinolonas y nitroimidazoles.
Por otro lado, trabajos de la Universidad de Princeton, difundidos en ACS Central Science, demostraron que la exposición a tetraciclinas puede inducir la producción de metabolitos en bacterias intestinales capaces de activar el sistema inmunitario y alterar el equilibrio microbiano. Estos hallazgos sugieren que el efecto de los antibióticos sobre la microbiota es más complejo que la simple eliminación de bacterias patógenas, e involucra una red de interacciones químicas e inmunológicas.
El nuevo estudio aporta una pieza clave al demostrar que la alteración del microbioma puede perdurar al menos ocho años tras la exposición a determinados antibióticos, y que la magnitud del impacto depende del tipo de fármaco utilizado. Los autores reconocen que la duración real podría ser aún mayor y han iniciado la recolección de nuevas muestras para realizar seguimientos longitudinales más extensos, con el objetivo de identificar qué microbiomas son más susceptibles a alteraciones y cómo varía el tiempo de recuperación individual.
El uso de antibióticos en Suecia está regulado por políticas estrictas, lo que permitió a los investigadores acceder a registros exhaustivos y realizar un análisis detallado a gran escala. El grupo continúa ampliando el seguimiento para comprender plenamente las consecuencias a largo plazo de estos medicamentos sobre el microbioma intestinal y su implicancia para la salud pública.
En este contexto, el desafío que plantea la resistencia antimicrobiana se entrelaza con la necesidad de preservar la eficacia de los antibióticos y proteger el equilibrio del microbioma. Las estrategias de prevención, el diagnóstico temprano y la adopción de prácticas responsables en la prescripción y uso de antimicrobianos son fundamentales para enfrentar una de las amenazas sanitarias más urgentes del siglo XXI.