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Diario Latino

Tecnología

Elon Musk anticipa una “era de abundancia” ante el avance de la IA tras histórica cumbre en la Casa Blanca

  • Publishedseptiembre 30, 2026

En el marco de un histórico acuerdo de seguridad digital celebrado en la Casa Blanca, Elon Musk, magnate tecnológico y CEO de Tesla y SpaceX, proyectó un futuro de transformación radical para el mercado laboral global propulsado por la Inteligencia Artificial (IA) y la “superinteligencia”. Frente a las crecientes alarmas sobre la automatización de los empleos de oficina, Musk afirmó este martes 29 de septiembre de 2026 que el trabajo no desaparecerá, sino que evolucionará hacia un esquema de bienestar sin precedentes donde el costo de los bienes y servicios descenderá drásticamente.

Las declaraciones de Musk se produjeron tras un almuerzo de trabajo a puerta cerrada liderado por el presidente Donald Trump, en el que participaron los máximos ejecutivos del ecosistema tecnológico global: Jensen Huang (Nvidia), Sundar Pichai (Google), Mark Zuckerberg (Meta), Dario Amodei (Anthropic), Greg Brockman (OpenAI) y Lisa Su (AMD).

De las “computadoras humanas” a la superinteligencia

A la salida del Ala Oeste, cuestionado por la prensa sobre la incertidumbre de los trabajadores administrativos frente al avance de los modelos algorítmicos, el empresario desestimó las proyecciones catastrofistas apoyándose en una analogía histórica:

“Los empleos van a cambiar. Siempre han cambiado. Antes había edificios llenos de personas haciendo cálculos [conocidas como computadoras humanas]. Pero ahora las computadoras digitales realizan esas tareas y no creo que nadie anhele volver a hacer cálculos todo el día para calcular las tasas de interés bancarias. Creo que veremos una evolución de los roles. El resultado más probable es un futuro que, si pudieras mirar hacia adelante, querrías”.

La promesa de una “Renta Alta Universal” y acceso democratizado a la salud

El planteamiento más ambicioso de Musk superó la tradicional propuesta económica de la Renta Básica Universal (RBU), aventurando que la integración masiva de robótica avanzada y superinteligencia conducirá a una economía de oferta ilimitada:

“Creo que, con mucha diferencia, el resultado más probable es una era de abundancia, en la que no solo tendremos una renta básica universal, sino una renta alta universal. Cuando tienes robots y superinteligencia, eso significa que todas las personas en el mundo pueden tener una atención médica mejor que la de cualquiera aquí, incluyéndome a mí”.

Freno voluntario, infraestructura energética y la carrera estratégica con China

La conferencia de prensa en los jardines de la Casa Blanca —un escenario poco habitual para reuniones ejecutivas— sirvió como marco para la firma de un compromiso voluntario de seguridad en Inteligencia Artificial. El acuerdo compromete a las empresas firmantes a establecer controles internos rigurosos, someter sus modelos a auditorías externas independientes y mantener supervisión directa a nivel de junta directiva.

Asimismo, la reunión abordó la urgencia de expandir la red de centros de datos y la capacidad eléctrica requerida para sostener la infraestructura de supercómputo. En ese sentido, el presidente Donald Trump enfatizó la competencia geopolítica frente a Beijing, señalando que la potencia asiática busca “cada centro de datos que nosotros no queramos”, caracterización que Musk respaldó de forma escueta ante los medios.

El concepto de Renta Alta Universal (o Universal High Income, UHI) planteado por Elon Musk redefine el debate tradicional sobre la protección social en la era de la automatización. Mientras que la Renta Básica Universal (RBU) busca garantizar un ingreso mínimo indispensable para que las personas cubran necesidades biológicas y de subsistencia (comida, vivienda modesta, servicios básicos), la UHI propone una distribución de riqueza a gran escala que otorgaría a cualquier ciudadano un nivel de vida elevado, equivalente o superior al de las clases medias-altas actuales.

La lógica económica detrás de la Renta Alta Universal

La tesis de Musk no se apoya en una redistribución tributaria tradicional (como subir impuestos a los salarios), sino en un cambio cualitativo en la estructura de producción mundial impulsado por la robótica androide (como Tesla Optimus) y la superinteligencia artificial (ASI):

  1. Costo marginal cercano a cero: Con robots produciendo bienes, cosechando alimentos, construyendo viviendas y prestando servicios médicos o educativos sin descanso, el costo de producción de la economía cae drásticamente.
  2. Deflación estructural por abundancia: La UHI no significa simplemente imprimir billones de dólares (lo que generaría hiperinflación), sino un escenario de “abundancia extrema” donde la oferta de bienes y servicios supera con creces la demanda, abaratando drásticamente el costo de vida.
  3. Desplazamiento del trabajo como factor de producción: En este modelo, el trabajo humano deja de ser el principal insumo económico. Las máquinas generan el valor y el dividendo de esa productividad colectiva se distribuye entre la población global.

Debates económicos y objeciones a su viabilidad

Aunque la propuesta suena utópica, economistas, científicos sociales y teóricos del trabajo han señalado profundos dilemas técnicos y estructurales sobre la viabilidad de la UHI:

1. La trampa de la escasez física de recursos

La IA y los programas de software pueden multiplicarse digitalmente sin límites, pero los bienes físicos no. La producción masiva de robots, centros de datos y bienes materiales requiere tierra, minerales raros, agua y cantidades masivas de energía. La economía real sigue sujeta a límites ecológicos y geológicos; por lo tanto, no todos los bienes pueden ser “infinitos” ni de bajo costo.

2. La paradoja de la inflación y la propiedad de los activos

Si todas las personas reciben una “renta alta” equivalente a, por ejemplo, $100.000 anuales, pero la propiedad de la infraestructura clave (los satélites, las fábricas de chips, los modelos de IA y las patentes de robótica) sigue concentrada en unas pocas corporaciones privadas, la renta transferida terminaría regresando a las mismas empresas a través del consumo. Sin un control público o democratización de los medios de producción robóticos, la UHI podría generar presiones inflacionarias en bienes finitos (como bienes raíces en zonas codiciadas o arte).

3. El colapso del modelo fiscal tradicional

Actualmente, los Estados financian la salud, la educación y la seguridad social mediante impuestos sobre el trabajo (IRPF, contribuciones patronales) y el consumo. Si el empleo asalariado se reduce masivamente, los modelos tributarios globales colapsarían. Implementar una UHI requeriría gravar el capital, los algoritmos o el rendimiento de los robots (Robot Tax), un esquema que exige acuerdos fiscales mundiales hoy inexistentes para evitar la fuga de capitales hacia paraísos fiscales.

4. Pérdida de propósito y dinámica social

Economistas del trabajo y sociólogos advierten que el empleo no solo aporta dinero, sino estructura, estatus social, identidad y sentido de pertenencia. Un escenario de UHI donde las máquinas realizan todas las tareas intelectuales y manuales plantea el desafío de cómo las sociedades humanas gestionarán el ocio masivo y mantendrán la cohesión social sin la centralidad del trabajo tradicional.

Written By
Redacción DL

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