El Salvador cuadriplica la media de asesinatos de niñas y mujeres en el mundo

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Mucho se ha avanzado en estas últimas décadas respecto a los derechos y libertades de las mujeres, de los adelantos positivos en materia de equidad en todos los ámbitos, de sus conquistas en la esfera personal, familiar y profesional. Sin embargo, informes como el de Carga Global de Violencia Armada 2015, que acaba de conocerse, muestran una descarnada situación y todavía nos ratifican que queda muchísimo por hacer.

El riguroso trabajo, confeccionado por la Declaración de Ginebra, ha analizado los casos de homicidios dolosos en 104 países del planeta, en los últimos cuatro años. De allí surgen estadísticas para el espanto: el 16% de los crímenes han sido cometidos contra mujeres y niñas. Eso representa un total de 60.000 asesinatos al año para estos colectivos, lo que se traduce también en 5.000 al mes.

Hay epicentros de violencia cuyas características realmente estremecen. En un puñado de naciones (El Salvador, Honduras, Sudáfrica, Guatemala, Bahamas, Rusia, Guyana, Belice, Venezuela, Colombia, Antillas, Kazajistán, Brasil, Moldavia, Belarús, República Dominicana, Letonia, Ucrania, Panamá, Lituania, Fiji, Puerto Rico, México, Surinam y Filipinas, en ese orden) la tasa de feminicidios sobre 100 mil habitantes es la más alta del globo. Todos son considerados en el estudio como países con “muy alta” o “alta” incidencia en asesinatos de mujeres.

En muchos de los casos, las muertes violentas de mujeres están en directa consonancia con otros flagelos crecientes. Los estragos de los ‘narcoestados’ paralelos (como México, uno de sus ejemplos más representativos respecto al tema de las drogas) la violencia extrema y machista (Guatemala), y las guerras intestinas de pandillas salvajes ( El Salvador) ponen a las mujeres cada día frente al paredón de fusilamiento.

Casos atípicos y específicos como el de Colombia, donde centenares de mujeres son utilizadas como ‘mulas’ para traficar estupefacientes fuera de las fronteras nacionales, también encuentran a las menores de edad como puntos más vulnerables de un entramado cíclico y demencial.

Las armas más utilizadas para cometer crímenes contra mujeres siguen siendo las de fuego, una tendencia que se mantiene en las últimas décadas. Le siguen las armas blancas, y después los crímenes mediante golpes o fuerza bruta.

Cuando se trata de víctimas que habitan en zonas de conflicto, (como los escenarios ligados al terrorismo, principalmente en puntos máximos de riesgo como Siria, Irak, Libia y Jordania) también las muertes se asocian a la utilización de explosivos o armas de grueso calibre.

Por otra parte, los programas sociales y preventivos, la ayuda de ONGs, los planes estatales de las naciones en cuestión, el trabajo global de asociaciones y entidades mundiales como Naciones Unidos, es verdad que lentamente están arrojando resultados positivos: en 2011 (fecha a la que corresponde el informe anterior al actual de Carga Global de Violencia Armada) el número de mujeres fallecidas de manera violenta era de 66.000, lo que equivalía al 17% de los crímenes cometidos en el mundo.

Ahora, el número de casos ha conseguido reducirse en un punto. El 84 por ciento de todos los homicidios intencionales siguen teniendo a los hombres como víctimas (en total suman 317.000 al año). Es decir, cinco de cada seis muertos por homicidio son hombres, una relación que se ha mantenido casi constante desde que comenzó a realizarse este informe.

La media de tasa de homicidios a mujeres y niñas por cada 100.000 féminas se ha reducido en el planeta de 2,48 a la 2,27, (siempre comparando los datos de los informes de la Secretaría de la Declaración de Ginebra entre 2011 y 2015).

El lote integrado por los países más sangrientos y salvajes para las mujeres (El Salvador, Honduras, Sudáfrica, Guatemala, Bahamas, Rusia, Guyana, Belice, Venezuela y Colombia) representa el 54% del total de crímenes del mundo. En total, suman casi 34.000 casos al año.

El Salvador (con una tasa escalofriante de 14,4 asesinatos a mujeres y niñas por cada 100.000 féminas) y Honduras ( 10,9 por cada 100.000) cuadriplican la estadística media.

Respecto a Guatemala, el tercero en el podio, los casos de asesinato suelen ir acompañados por otros dramas paralelos: el abuso a menores de edad. Según el último informe de Unicef, cada día se quedan embarazadas en ese país 216 niñas y adolescentes, muchas de ellas tras ser violadas por familiares.

El organismo alerta que “las niñas que quedan embarazadas antes de los 18 años rara vez pueden ejercer sus derechos a la educación, la salud, la protección y un nivel de vida adecuado. Pierden su niñez, asumen obligaciones de adultas y no siempre disfrutan de todos sus beneficios”.

Durante el pasado año se contabilizaron más de 5.000 embarazos en niñas menores de 14 años. Entre estos casos aparecen algunas víctimas menores de 11 y 10 años de edad. Esta cifra ha quedado registrada en el Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva.