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El galón de gasolina a $4.64 y la luz podría ser el próximo golpe a la población salvadoreña

  • Publishedmayo 1, 2026

En seis semanas, el salvadoreño paga casi un dólar más por galón de combustible. El estrecho de Ormuz, a miles de kilómetros, decide lo que cuesta llenar el tanque en San Salvador, transportar frijoles a Sonsonate o encender una fábrica en Santa Tecla

El conflicto entre Estados Unidos e Irán tiene muchas víctimas que no aparecen en ningún parte de guerra. Una de ellas lleva nombre y dirección: el consumidor salvadoreño, que esta quincena paga $4.64 por galón de gasolina superior en las zonas occidental y oriental del país, y que está a punto de descubrir que el próximo frente de la crisis energética que se incuba en Oriente Medio no llegará por la bomba de gasolina, sino por el medidor de electricidad.

Los números cuentan una historia de aceleración sin pausa. Desde el 17 de marzo de 2026 los precios de los combustibles en El Salvador han registrado incrementos continuos que superan los $0.70 por galón en la gasolina superior y hasta $0.79 en el diésel de la zona central en tan solo tres quincenas consecutivas. La gasolina superior que el 16 de marzo costaba $3.82 en la zona central cerró el 14 de abril en $4.56, y la quincena actual del 28 de abril al 11 de mayo la llevó hasta $4.63 en esa misma zona. En occidente y oriente, donde los precios son ligeramente más altos, la superior alcanza $4.64 y el diésel $4.37 por galón.

La causa es conocida y está fuera del alcance de cualquier política doméstica. Las autoridades energéticas atribuyen los incrementos al continuo cierre del estrecho de Ormuz, el ataque iraní a un oleoducto de Arabia Saudita que incrementó el riesgo en el suministro de hidrocarburos de Oriente Medio, y la caída sostenida en los inventarios de gasolinas y diésel reportada por la Agencia Internacional de Energía. El estrecho de Ormuz, por cuya angostura de apenas 33 kilómetros circula entre el 20% y el 25% del petróleo comercializado en el mundo, se ha convertido en el termómetro más exacto del costo de vida en un país que no produce una sola gota de petróleo propio.

El incremento en los precios de las gasolinas y el diésel que se registra en países como El Salvador, Honduras y Guatemala desde marzo de 2026 responde al efecto inmediato de los ataques de Estados Unidos e Irán y el cierre temporal del estratégico estrecho de Ormuz, que ha intensificado la volatilidad del mercado petrolero mundial. Honduras respondió con subsidios de hasta el 50%. Guatemala aplicó controles de márgenes. El Salvador, dolarizado y sin política monetaria propia, absorbe el golpe directamente en los precios de surtidor, sin colchón institucional disponible.

El impacto ya es visible en la economía real, mucho más allá de quien llena el tanque. El economista César Villalona detalló que la gasolina ha subido más de setenta centavos por galón, lo que representa un alza cercana al 20%, y que el efecto se extiende al transporte de alimentos, los servicios y el comercio, presionando toda la cadena de precios. Según datos oficiales, el costo de la vida aumentó en marzo un 3.5% en el área urbana y un 4.2% en la rural, equivalente a veinte dólares adicionales en el gasto mensual de las familias urbanas y diecisiete en las rurales, cifras que aún no reflejan plenamente el impacto del mes de abril.

Y lo que viene podría ser peor. Villalona advirtió que si la tendencia internacional del petróleo se mantiene, el próximo frente de la crisis no llegará por la gasolina sino por la factura eléctrica. El economista explicó que el búnker, derivado del petróleo, genera cerca del 40% de la electricidad nacional, por lo que un encarecimiento sostenido del petróleo haría inminente un ajuste en las tarifas eléctricas. «Por ahora el impacto más fuerte se ha trasladado a los combustibles, pero las facturas de luz podrían aumentar si la situación internacional no cambia.»

La paradoja que el economista apuntó, y que ningún comunicado oficial recoge, es que El Salvador vive una doble exposición: como país importador de petróleo, paga directamente el precio de una guerra que no decidió; y como país dolarizado, carece de los instrumentos de política monetaria o cambiaria con que otros países absorben parte del shock. Villalona recordó que en 2022, cuando el mundo enfrentó una crisis energética similar, el Gobierno eliminó temporalmente tributos como el FEFE para amortiguar el alza. Lamentó que actualmente no se hayan tomado decisiones similares.

Para los transportistas, el golpe no es abstracto. Cada quincena que ajusta los precios, el margen entre lo que cobra un repartidor, un transportista de granos o un camionero de verduras y lo que le cuesta mover su vehículo se estrecha un poco más. Un trabajador citado por medios internacionales lo resumió con precisión: «El costo del combustible para realizar un reparto ha subido, pero la remuneración no.»

La próxima revisión de precios de combustibles se publicará el 11 de mayo. El estrecho de Ormuz, de momento, sigue cerrado.

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Redacción DL

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