El petróleo se dispara un 4,5%: Brent a 108,87 dólares
El ataque al estratégico oleoducto saudí East-West y la tensión en Ormuz llevan al Brent hasta 108,87 dólares y amenazan con abrir una nueva crisis de costes energéticos
El petróleo ha vuelto a convertirse en el principal termómetro del riesgo geopolítico. El crudo llegó a subir un 4,5% el lunes después de que los ataques contra el oleoducto East-West de Arabia Saudí dejaran fuera de servicio una infraestructura esencial para esquivar el estrecho de Ormuz.
El WTI avanzó un 4,12%, hasta 104,23 dólares, mientras el Brent escaló un 4,30%, hasta 108,87 dólares. El problema ya no es únicamente cuánto petróleo existe, sino cuántas rutas seguras quedan para sacarlo al mercado.
Arabia Saudí pierde su gran vía de escape
El East-West Pipeline atraviesa aproximadamente 1.200 kilómetros de territorio saudí y permite transportar crudo desde las zonas productoras próximas al Golfo Pérsico hasta Yanbu, en el mar Rojo. Su capacidad alcanza alrededor de 7 millones de barriles diarios, lo que lo convierte en una pieza estratégica de la seguridad energética mundial.
Su importancia se había multiplicado precisamente por los problemas de navegación en Ormuz. Arabia Saudí estaba desviando cerca de 5 millones de barriles diarios a través de esta infraestructura para reducir su dependencia del estrecho. El ataque elimina, al menos temporalmente, esa válvula de seguridad.
Una reparación que puede durar semanas
El mercado teme que el problema no pueda resolverse rápidamente. Las primeras estimaciones sitúan el plazo de reparación entre tres y ocho semanas, dependiendo del alcance definitivo de los daños y de la velocidad con la que puedan recuperarse parcialmente las estaciones afectadas.
Ese margen resulta especialmente delicado porque las reservas disponibles en los puertos occidentales saudíes no son ilimitadas. Cuanto más se prolongue el cierre, mayor será la posibilidad de que Riad tenga que ajustar exportaciones o producción. El riesgo ha pasado de ser puramente geopolítico a convertirse en un problema físico de suministro.
Ormuz añade presión al mercado
A la avería del oleoducto se suma una situación cada vez más comprometida en el estrecho de Ormuz. Los ataques contra embarcaciones comerciales y el bloqueo diplomático para normalizar el tráfico mantienen una prima de riesgo elevada sobre cada barril negociado.
El escenario resulta especialmente incómodo para Arabia Saudí: la ruta alternativa terrestre está dañada mientras la principal salida marítima del Golfo continúa sometida a fuertes tensiones. También se ha deteriorado la seguridad alrededor del mar Rojo y Bab el-Mandeb, multiplicando las dificultades logísticas.
El precedente que inquieta a los inversores
Arabia Saudí ya sufrió un golpe parecido en septiembre de 2019. Los ataques contra las instalaciones de Abqaiq y Khurais retiraron temporalmente 5,7 millones de barriles diarios del mercado y provocaron una subida del Brent cercana al 15% en una sola sesión.
Entonces, la rápida recuperación de la producción y el recurso a inventarios permitieron contener la crisis. La diferencia ahora es que la presión afecta simultáneamente a instalaciones terrestres y corredores marítimos. Esa combinación convierte cualquier nuevo incidente en un potencial acelerador del precio.
La inflación vuelve a escena
Un Brent próximo a 110 dólares empieza a tener consecuencias mucho más allá de las petroleras. Transporte, aviación, química, fertilizantes y logística absorben rápidamente el encarecimiento de la energía, mientras las empresas intentan trasladarlo posteriormente a sus precios.
Para Europa, altamente dependiente de las importaciones energéticas, un periodo prolongado por encima de los 100 dólares amenazaría con frenar la desinflación. También complicaría los planes de los bancos centrales: menos crecimiento y más inflación es precisamente la combinación que reduce el margen para flexibilizar la política monetaria.
El mercado mira ahora cada ataque
La evolución inmediata dependerá menos de la demanda mundial que de la capacidad para restaurar las rutas de suministro. Una reapertura parcial del East-West Pipeline podría eliminar parte de la prima geopolítica. Una nueva ofensiva contra infraestructura energética tendría el efecto contrario.
Por ahora, el diagnóstico del mercado es inequívoco: el barril ya incorpora el temor a que el conflicto alcance directamente al suministro físico. El petróleo ha dejado de reaccionar únicamente a titulares diplomáticos. Cada oleoducto, terminal y petrolero vuelve a ser una pieza crítica de una crisis cuyo coste puede terminar llegando desde Oriente Medio hasta la factura energética de hogares y empresas.