Diario Latino

Editoriales

La fuerza de la disuasión europea frente a las ambiciones de Trump en Groenlandia

La fuerza de la disuasión europea frente a las ambiciones de Trump en Groenlandia
  • Publishedenero 15, 2026

Por Luis Vazquez-BeckerS

En los últimos días, la enorme isla de Groenlandia se ha convertido en el epicentro de una tensión geopolítica sin precedentes entre Estados Unidos y varias potencias europeas. Lo que hasta hace poco parecía un pulso diplomático ha adquirido matices de confrontación militar simbólica, en el que Alemania, Francia, Suecia, Noruega, Países Bajos y, sobre todo, Dinamarca, están demostrando que la defensa de la soberanía aliada puede contrarrestar —al menos en términos de disuasión— las intenciones expresadas por el expresidente Donald Trump de anexar la isla como parte de un supuesto “interés estratégico” estadounidense.

Groenlandia, un vasto territorio autónomo bajo la corona danesa, alberga una posición estratégica clave en el Ártico y amplios recursos naturales. La llamada Operación Arctic Endurance —organizada por Dinamarca e integrada por tropas aliadas— busca precisamente reforzar la presencia militar europea en la isla y demostrar que cualquier intento unilateral de los Estados Unidos sería no solo ilegítimo, sino impracticable políticamente.

Aunque las cifras no señalan un despliegue gigantesco —no hay señales públicas de batallones de miles de soldados—, los movimientos son claros:

  • Alemania ha enviado un equipo de reconocimiento de unos 13 soldados a Nuuk para evaluar condiciones y posibles capacidades de apoyo a las fuerzas danesas en vigilancia marítima y logística.
  • Suecia ha desplegado oficiales adicionales no cuantificados como parte del grupo multinacional que participará en el ejercicio ártico.
  • Noruega confirmó el envío de al menos dos miembros de su defensa a la isla.
  • Francia también participa con una quincena de efectivos, especialistas en terreno difícil y montaña, como apoyo al ejercicio multinacional.
  • Países Bajos y otras naciones de la OTAN han sido mencionados en análisis como potenciales contribuyentes en operaciones futuras si la tensión escalara más allá de una simple exhibición de presencia estratégica.

Además de personal militar, la presencia reforzada incluye aeronaves, buques y capacidades de vigilancia marítima integradas dentro del marco logístico de la Operación Arctic Endurance, diseñadas para operar en condiciones extremas del Ártico.

En términos militares convencionales, esta presencia puede parecer modesta frente al potencial de Estados Unidos. Washington continúa siendo la mayor potencia militar del mundo, con una flota aérea capaz de proyectar fuerza rápidamente y una marina que domina los mares. Sin embargo, la disuasión no se basa únicamente en números sino en la voluntad política coordinada y la legitimidad del marco legal internacional.

Los países europeos han hecho explícito su apoyo a la soberanía de Dinamarca y Groenlandia, rechazando cualquier pretensión unilateral de anexión. En reuniones diplomáticas, líderes daneses han calificado las propuestas de Trump de “cruzar límites inaceptables”, mientras que Groenlandia ha afirmado que no aceptará ninguna toma de control de Estados Unidos bajo ninguna circunstancia.

Esta unidad transatlántica transmite un mensaje clave: la defensa colectiva de un territorio soberano ante pretensiones externas no se resuelve con simples discursos o promesas de superioridad tecnológica, sino con acciones conjuntas y simbólicas que refuerzan compromisos ya existentes dentro de la OTAN y la Unión Europea.

Si las tensiones llegaran a escalar más allá de los ejercicios, Washington podría desplegar activos de gran impacto:

  • Fuerzas aéreas de combate capaces de operar desde bases en Canadá o Alaska para patrullas y demostraciones de presencia.
  • Unidades navales, incluyendo portaaviones y destructores, para proyectar poder en el Atlántico Norte.
  • Movilización de fuerzas terrestres de reacción rápida para apoyar una operación terrestre en un territorio ártico tan inhóspito como estratégico.

Pero el uso de fuerza —aún solo como “intención”— contra un territorio aliado de la OTAN sería, más allá de lo militar, una fractura sin precedentes en la alianza transatlántica, algo que ni los europeos ni amplios sectores del propio establishment estadounidense desean enfrentar.

La situación en Groenlandia ha trascendido el marco de una disputa bilateral para convertirse en un test crucial de la capacidad disuasiva europea frente a ambiciones estadounidenses consideradas agresivas. Aunque los contingentes desplegados son relativamente pequeños, su simbolismo político y militar envía una señal poderosa: en el corazón del Ártico, se defiende una regla de derecho internacional que va mucho más allá de la simple geografía.

La disuasión, en este caso, no reside en la amenaza de destruir al adversario, sino en la convicción compartida de que cualquier intento de alteración forzada del status quo será confrontado por un frente transcontinental cohesionado, decidido a mantener la soberanía, la legalidad y la estabilidad global.

Written By
Redacción DL