Bukele perdió una brillante oportunidad al no reunirse con el Delegado Zúñiga

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El Enviado Especial del Departamento de Estado Ricardo Zúñiga, que esperaba reunirse con el presidente Nayib Bukele en su gira por el Triángulo Norte, regresó a los Estados Unidos con las cajas destempladas, nuestro gobernante ignoró, al parecer sin excusa alguna, la solicitud que en ese sentido le formulara el enviado especial.

Sabidos de antemano que el tema verdaderamente importante, además de la cuestión migratoria, sería el de la corrupción, el debido proceso y el estado de derecho, diariolatino.net sugirió a través de su editorial, que el presidente Bukele debía reunirse con Zúñiga y su delegación, acompañado del fiscal general, Raul Melara, del presidente de la Corte Suprema de Justicia y de otros técnicos en derecho constitucional-, para dejar sentado, de manera muy clara, que en El Salvador, aunque parezca paradójico, hay leyes que protegen la presunción de inocencia. De esta manera pondría un muro de contención al terremoto político que se avecina. Ningún gobernante se puede dar el lujo de menospreciar públicamente y menos tratar peyorativamente al delegado especial de una nación en la que luchan por sobrevivir cientos de miles de sus compatriotas y de los cuales dependemos económicamente.

No haberse reunido con el Enviado Especial del Departamento de Estado de los Estaos Unidos de Norteamérica, fue un error político del presidente Bukele. Dejar la batuta en manos del presidente de la Corte Suprema, del fiscal Melara y de los magistrados de la Corte de Cuentas, es una cosa que nosotros no hubiésemos recomendado nunca.

El Señor presidente de la CSJ, por su relación de tantos años con las estructuras de la legislatura que este primero de mayo tendrá que ahuecar el ala, no ha podido resolver los problemas de la independencia judicial ni de la acumulación procesal en los tribunales.

Los representantes de la Corte de Cuentas aún responden a la estrategia del clientelismo político y el más importante de los mencionados, el fiscal Raul Melara, porque tampoco ha resuelto el problemas de las manzanas podridas que él mismo denunciara en su oportunidad y que parece haber olvidado. Sería iluso pensar que esos interlocutores metieron las manos al fuego por el presidente Bukele, acosado por la influyente senadora estadounidense Norma Torres y ahora por el Caucus que agrupa a 37 legisladores de ascendencia hispana.

Melara no ha podido desenmarañar el nudo de los casos “inventados” por su antecesor y todo parece indicar que la corrupción que se apoderó de la fgr antes de su llegada al ministerio publico, lo tiene amarrado de pies y manos; de lo contrario, cómo entender las tácticas dilatorias para retrasar intencionalmente casos como el de la llamada corruptela y el caso Rais-Martínez. Quizás no se lo dijeron, pero esos casos se los llevó en la maleta el enviado especial del State Departament.

Bukele es un hombre carismático y desafiante pero le falta la serenidad del hombre maduro; haberse negado a sostener una reunión con Ricardo Zúñiga fue una acción política que no contribuirá en nada a minimizar la tensión que se ha producido entre El Salvador y Los Estados Unidos. Nada podrá evitar que se publique la lista de la senadora Torres ni la lista oficial del Departamento de Estado.

Bukele deberá actuar con cautela y bien criterio, sin insultar personalidades extrajeras, respetando de la misma forma en que él quiere ser respetado.

Ante la crisis que se avecina, el presidente Bukele debe ser esencialmente un político y olvidarse de las vísceras. Debe ser un político, en el sentido filosófico de la palabra. La política, como decía Aristóteles, hay que utilizarla como el arte de hacer buen gobierno y no la política como la ciencia mal utilizada para conservar el poder del Estado.

Finalmente, si sabemos que la tormenta o el terremoto son inevitables, lo mejor sería seguir trabajando estrechamente con nuestros amigos de los Estados Unidos, para abordar los retos de El Salvador; como la migración irregular, la corrupción, la impunidad, la gobernanza, el respeto de los derechos humanos y el fortalecimiento del estado de derecho y debido proceso.

El delegado especial Ricardo Zúñiga lo ha dicho bastante claro: “Nuestro objetivo es ayudar a crear las condiciones para que el pueblo de El Salvador pueda prosperar’’

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