Editorial. No podemos pasar por alto la tragedia de Oscar Alberto y Valeria

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Por Eduardo Vázquez Becker. El Salvador 26. Oscar Alberto Martínez Ramírez y su hijita de menos de dos años de edad, Valeria, son los nombres de dos salvadoreños que no deben ser olvidados y que por el contrario deben ser pegamento de dolor que recomponga el destruido tejido social de El Salvador. Estas dos personas serán, a partir del día de su muerte, símbolo del valor y la desesperación.

Oscar y su hijita murieron en un intento de cruzar el río Bravo para alcanzar la frontera de los Estados Unidos, donde habían solicitado asilo humanitario para escapar a la violencia de las pandillas, del desempleo, de la falta de educación y de la inseguridad que padece El Salvador desde la firma de los famosos Acuerdos de Paz que dieron paso a una generación de aprovechados que hicieron de los pobres de antes los más pobres de ahora.

La desgarradora fotografía de estos dos seres humanos; casi abrazados pero sin vida, le ha dado vuelta al mundo. Podríamos asegurar que no hay persona en el planeta tierra, que no haya visto esa dolorosa imagen. Otra vez, fuimos los primeros en el mundo.

El Papa Francisco también la vió, entrecerró sus ojos para evitar la fuga de una lágrima y desde lo más profundo de su corazón, exclamó !No es justo!. El presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, señor Donald Trump, también la vió, solo que su expresión fue muy distinta a la de Su Santidad, el Papa; enojado por el mea culpa, Trump se limitó a decir- !La odio! – Después les echó la culpa a los demócratas que se oponen a su gobierno.

A la condena mundial, Trump debe agregar la ola de críticas que ha desatado entre sus opositores quienes, a no dudar, utilizarán la fatalidad de Oscar y su pequeña hija, para revisar la política anti inmigración del presidente Trump.

Solo falta saber qué es lo que nosotros vamos a hacer al respecto. Además de ofrecer el pago de los gastos que represente el traslado y los funerales de las víctimas, no hemos visto ninguna reacción por parte del Estado que refleje nuestra sensibilidad de salvadoreños.

Tampoco la llamada sociedad civil se ha manifestado. En cualquier parte del mundo, ahí nomás, en Guatemala, las manifestaciones de protesta y de rechazó serían gigantescas; no habría lugar dónde poner una flor en memoria de Oscar y su hijita Valeria; pero no, para ellos no hay esa clase de demostraciones.

El presidente Bukele ha sido muy tímido en sus expresiones y también parece no importarle lo ocurrido. Pues sepa señor presidente, que el sacrificio de ese padre y su hijita de menos de dos años, será una de las causas que invocarán los movimientos civiles en su lucha contra la política anti inmigrante en los Estados y que si algún día esa política cambia, no solo para los salvadoreños, sino para todos los emigrantes del mundo, se lo deberemos al sacrificio de esos dos compatriotas tragados y devueltos por el Río Bravo que separa a los Estados Unidos del resto de América Latina.

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