Trump asegura que matanza en Irán ha cesado y sanciona funcionarios por la represión
Washington expresó que “apoya firmemente al pueblo iraní en su reclamo de libertad y justicia” y amenazó con usar todos los medios disponibles contra los que están detrás de la opresión tiránica de los derechos humanos”
En un giro sorprendente de una crisis que ha mantenido en vilo a la comunidad internacional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este miércoles que las violentas matanzas de manifestantes en Irán han cesado y que, según “fuentes muy importantes”, el régimen de Teherán ha suspendido planes de ejecutar a presos políticos, poniendo fin —al menos oficialmente— a lo que muchos líderes occidentales habían calificado de masacre.
Las declaraciones del mandatario, hechas en un acto en la Casa Blanca, representaron un cambio marcado respecto a sus advertencias de días anteriores, cuando llegó a amenazar con una acción militar contundente si las autoridades iraníes continuaban con lo que describió como “asesinatos sin sentido” de manifestantes.
“Nos han dicho que las matanzas han parado, que las ejecuciones no se llevarán a cabo”, aseguró Trump en el Despacho Oval, aunque matizó que aún espera la confirmación independiente de estas informaciones. Su afirmación se produjo en medio de una de las oleadas de protestas más sangrientas en la historia reciente de Irán, que según diversas estimaciones de grupos de derechos humanos y agencias internacionales ha dejado miles de muertos desde fines de diciembre pasado —cifras que varían ampliamente según la fuente.
Pero la administración estadounidense no se ha limitado a palabras. Como parte de su respuesta a la brutal represión, el gobierno de Trump anunció sanciones económicas dirigidas a altos funcionarios iraníes y a comandantes acusados de orquestar esa represión, congelando activos y prohibiendo a ciudadanos o entidades estadounidenses hacer negocios con ellos.
En el comunicado del Departamento del Tesoro se señaló que entre los sancionados figura —por ejemplo— Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, acusado de coordinar estrategias para sofocar las protestas en varias provincias. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, afirmó que estas medidas forman parte de un esfuerzo más amplio para responsabilizar a quienes han contribuido a la violencia, y subrayó el compromiso de Estados Unidos con el pueblo iraní en su aspiración por libertad y justicia.
La tensión entre Washington y Teherán había escalado rápidamente en los últimos días, con amenazas cruzadas, advertencias de una posible intervención militar y el cierre temporal del espacio aéreo iraní ante el temor de una respuesta estadounidense. Trump incluso había instado públicamente a los ciudadanos iraníes a continuar protestando y “tomar el control de sus instituciones”, aumentando aún más la presión sobre el régimen clerical.
Sin embargo, este aparente descenso de las hostilidades internas no ha disuelto las fricciones exteriores. Expertos diplomáticos advierten que, pese al anuncio de Trump, la situación sigue siendo volátil, con posibilidades de represalias por parte de Teherán y fuertes divisiones entre aliados sobre el enfoque a seguir.
Mientras tanto, el Consejo de Seguridad de la ONU se prepara para una reunión de emergencia solicitada por Estados Unidos, y los líderes del G7 han expresado su preocupación por el alto número de víctimas y su disposición a imponer nuevas sanciones si continúa la represión.
En las calles de Teherán y otras ciudades iraníes, la calma parece haber regresado tras semanas de intensas protestas y apagones de internet que dificultaron la comunicación y el recuento preciso de víctimas. Aun así, el legado de estas jornadas —y la respuesta internacional— marca otra etapa en una relación bilateral y regional profundamente fracturada, donde las palabras de Trump sobre el supuesto cese de las matanzas pueden significar tanto un respiro temporal como un preludio a nuevos choques estratégicos.
