Septiembre llega con menos lluvia, más calor y una factura que terminará pagando el bolsillo salvadoreño
El MARN prevé 309.2 milímetros de lluvia para el mes, 14.7% por debajo del promedio histórico. NOAA, NASA, ECMWF, WMO e IRI coinciden en una señal climática dominada por un El Niño excepcionalmente fuerte. El riesgo ya no es solamente meteorológico: alcanza al agua, los cultivos, la energía, los precios y los ingresos rurales
Septiembre, tradicionalmente uno de los meses más lluviosos del año en El Salvador, comienza en 2026 bajo una paradoja: habrá lluvias, pero no necesariamente las suficientes, ni con la regularidad que necesita el suelo, los cultivos, los ríos y los acuíferos.
La perspectiva climática del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) estima para septiembre un acumulado nacional de 309.2 milímetros, frente a un promedio climatológico de 362.6 milímetros, la diferencia es de 53.4 milímetros, aproximadamente 14.7% menos lluvia de lo normal.
No se trata, por tanto, de un escenario de septiembre completamente seco. El problema es diferente: el país necesita recuperar humedad después de meses de déficit y, en determinadas regiones, las lluvias previstas pueden no ser suficientes para compensar la pérdida acumulada.
El propio MARN identifica a septiembre como un mes lluvioso, pero prevé que este año las precipitaciones se mantengan bajo lo normal en buena parte del territorio, especialmente en el oriente y sectores del norte. En cambio, la costa paracentral, los valles, el occidente y el norte de La Unión presentan un escenario más cercano a lo normal.
La diferencia entre unas zonas y otras será determinante porque en 2026 la pregunta ya no es solamente cuánto lloverá, sino dónde, cuándo y durante cuánto tiempo.
El dato que explica la preocupación
La perspectiva del MARN para agosto-octubre anticipa un acumulado de 831.6 milímetros, frente a una media histórica de 939 milímetros para el trimestre, eso supone unos 107.4 milímetros menos, aproximadamente 11.4% por debajo de la referencia histórica. El MARN clasifica el escenario trimestral como normal, pero con tendencia hacia valores inferiores a lo normal. El problema se vuelve más evidente al observar cada mes.
| Mes | Pronóstico 2026 | Promedio histórico | Diferencia aproximada |
|---|---|---|---|
| Agosto | 231.7 mm | 305.5 mm | -24.1% |
| Septiembre | 309.2 mm | 362.6 mm | -14.7% |
| Octubre | 214.6 mm | 270.9 mm | -20.8% |
| Ago.-Oct. | 831.6 mm | 939.0 mm | -11.4% |
Por eso septiembre adquiere una importancia especial.
Es uno de los últimos grandes meses de lluvia antes de la transición hacia la estación seca. Si las precipitaciones resultan insuficientes, el país llegará a octubre con menos agua almacenada en el suelo y con menores posibilidades de recuperación de ríos, embalses y fuentes de abastecimiento.
El Niño cambia el escenario
El factor dominante es El Niño.
La NOAA declaró oficialmente el fenómeno en junio de 2026 después de que las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial alcanzaran niveles compatibles con el evento. Desde entonces, el calentamiento ha continuado.
La NASA confirmó mediante observaciones satelitales que el episodio se estaba fortaleciendo. Las mediciones de altura de la superficie marina realizadas por el satélite Sentinel-6 mostraron el patrón característico de aguas más cálidas y elevadas en el Pacífico central y oriental. La evolución posterior ha sido todavía más preocupante.
La NOAA, en su discusión diagnóstica de agosto, señaló una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno boreal de 2026-2027.
El IRI de la Universidad de Columbia registró para julio un índice Niño 3.4 de +2.03 °C, mientras que la medición semanal centrada en el 5 de agosto alcanzó +2.6 °C. El instituto calificó el episodio como un El Niño fuerte y señaló que los modelos aumentaban significativamente la probabilidad de precipitaciones inferiores a lo normal sobre Centroamérica durante septiembre-octubre.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también encontró una señal consistente: su conjunto de modelos proyectaba para agosto-octubre una anomalía media de temperatura superficial del mar cercana a +2.9 °C en la región de referencia del Pacífico, con una trayectoria ascendente hacia noviembre.
Es decir: el calentamiento del Pacífico no es una hipótesis, ya está ocurriendo.
¿Qué dicen los modelos estadounidenses?
La NOAA no trabaja con un único modelo, su sistema NMME —North American Multi-Model Ensemble— combina diferentes modelos estadounidenses e internacionales, entre ellos sistemas de la NOAA, NASA y otras instituciones.
La salida correspondiente a las condiciones iniciales de agosto incluye pronósticos para septiembre, octubre y noviembre de 2026 y muestra el comportamiento esperado de las anomalías de precipitación sobre Centroamérica.
El valor de utilizar un conjunto multimodelo es que reduce la dependencia de una sola simulación.
Y la señal general coincide con los demás centros internacionales: la probabilidad de precipitaciones inferiores a lo normal aumenta en Centroamérica durante el período influenciado por El Niño, esto es particularmente importante para El Salvador porque coincide con la lectura territorial del MARN.
No estamos ante dos diagnósticos diferentes, el modelo global señala una tendencia regional. El MARN la traduce a las condiciones particulares del territorio salvadoreño.
¿Y qué dice Europa?
El sistema europeo ofrece una señal similar. El Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF) utiliza su sistema SEAS5 para generar pronósticos estacionales mediante conjuntos de múltiples simulaciones.
El servicio europeo de Copernicus señaló en su actualización de agosto que los patrones globales de precipitación continuaban siendo consistentes con El Niño y mantenían señales de precipitaciones inferiores al promedio en regiones tropicales, incluido el Caribe.
El propio ECMWF ha advertido, sin embargo, sobre una cuestión fundamental: un pronóstico estacional no es una predicción determinista. No significa que todos los días serán secos, significa que, al observar cientos de simulaciones y las condiciones oceánicas y atmosféricas actuales, existe una mayor probabilidad de que el acumulado final del período se ubique por debajo de la climatología, por eso puede ocurrir algo que a primera vista parece contradictorio: un septiembre con tormentas intensas y, al mismo tiempo, con déficit de lluvia.
Una tormenta de 50 o 60 milímetros en pocas horas puede provocar inundaciones locales, pero no necesariamente resolver la falta de humedad acumulada en el suelo ni recargar suficientemente un acuífero.
La lluvia puede aparecer, pero no necesariamente donde se necesita
Los primeros días de septiembre ofrecen precisamente un ejemplo de esta característica. El MARN pronosticó para el 2 de septiembre lluvias y tormentas en diferentes sectores del territorio, asociadas al flujo del este y a una vaguada en niveles medios y altos de la troposfera.
El pronóstico incluía actividad eléctrica, ráfagas superiores a 40 km/h y posibilidad de granizo en algunos sectores, el día anterior, el MARN había registrado precipitaciones de intensidad débil a fuerte y un acumulado máximo de 64.4 milímetros en Metayate, Chalatenango, durante las 24 horas analizadas.
Esto demuestra por qué no debe confundirse lluvia intensa puntual con recuperación hídrica nacional, puede llover fuertemente en un municipio mientras otra zona continúa acumulando déficit.
Oriente sigue siendo el punto más vulnerable
La distribución territorial es uno de los elementos más preocupantes.
El MARN identifica una mayor probabilidad de precipitaciones inferiores a lo normal en las zonas paracentral y oriental, mientras que el centro presenta una señal intermedia y el occidente una probabilidad menor de déficit.
La declaratoria nacional de alerta roja por sequía emitida por Protección Civil recoge estas probabilidades: 70%-90% en las regiones paracentral y oriental; 50%-70% en la zona central; y 40%-50% en el occidente.
Para los departamentos orientales, esto significa que septiembre llega después de una temporada ya marcada por déficit, calor y períodos secos, es precisamente en esas zonas donde la agricultura de subsistencia y las fuentes de agua son más vulnerables.
El calor no desaparece porque llueva
El otro componente del escenario es la temperatura. El MARN prevé temperaturas por encima de lo normal durante agosto-octubre, con valores máximos que pueden alcanzar aproximadamente 38-40 °C en zonas costeras, sectores próximos al río Lempa, áreas cercanas a embalses y buena parte del oriente.
El calor importa porque aumenta la evaporación, una lluvia moderada puede caer sobre un suelo extremadamente seco y perder rápidamente buena parte de su humedad superficial, la combinación más desfavorable no es necesariamente una ausencia absoluta de lluvia es: menos lluvia + más calor + mayor evaporación + suelos previamente secos, ese es precisamente el mecanismo que puede prolongar el estrés hídrico.
La sequía ya está entrando en los cultivos
La advertencia dejó de ser exclusivamente meteorológica, agricultores salvadoreños ya están reportando pérdidas.
En San Esteban Catarina, San Vicente, productores consultados por la Central Digital de Noticias describieron terrenos afectados por las temperaturas extremas y la falta de precipitaciones, uno de ellos, Adolfo Palacios, aseguró que sembró dos manzanas de maíz y perdió aproximadamente una manzana y media. En otro reporte, Protección Civil advirtió que si continúa el déficit de lluvia será difícil obtener la cosecha postrera de granos básicos.
El problema es especialmente delicado porque la postrera no es una cosecha marginal para el sistema alimentario, es una pieza importante para garantizar la disponibilidad de maíz y frijol durante los meses posteriores.
Casi 6.9 millones de quintales están en riesgo
La organización CAMPO, a través de su presidente Luis Treminio, estima que aproximadamente 6.9 millones de quintales de maíz, frijol y sorgo correspondientes a las siembras de agosto y septiembre están en riesgo.
La estimación equivale a:
- 3.19 millones de quintales de maíz
- 2.24 millones de quintales de sorgo
- 1.46 millones de quintales de frijol
La cifra no significa que esos 6.9 millones de quintales estén perdidos, significa que se encuentran expuestos al riesgo climático si las condiciones de humedad no mejoran. La diferencia es fundamental. Presentar una estimación de riesgo como una pérdida consumada sería incorrecto, pero ignorarla también sería un error.
El antecedente regional es aún más grave
La situación no se limita a El Salvador. Un estudio de Oxfam y Acción contra el Hambre, citado por Reuters, evaluó 58 municipios del Corredor Seco de Guatemala, Honduras y El Salvador.
La evaluación encontró que alrededor de 91,000 hogares rurales estaban afectados. Más de 70,000 hogares productores de maíz reportaron pérdidas catastróficas. El 78.6% de los hogares productores de maíz evaluados perdió entre 75% y 100% de su producción, mientras casi dos tercios de los hogares productores de frijol reportaron pérdidas de entre 75% y 100%. Además, más de 23,000 hogares reportaron una reducción del acceso a su principal fuente de agua.
La sequía fue identificada como la causa principal de las pérdidas en 89% de las comunidades evaluadas. Es un indicador de que el fenómeno está afectando simultáneamente tres variables: alimentos, ingresos y agua.
El agua empieza a mostrar la factura
El déficit también comienza a observarse en los embalses. Cuatro de los cinco principales embalses hidroeléctricos registraban niveles inferiores a los de 2025.
El caso más pronunciado correspondía a El Chaparral, con una reducción de alrededor de 7.13 metros, Cerrón Grande pasó de 240.10 metros sobre el nivel del mar en 2025 a 236.90 en 2026, mientras Guajoyo descendió de 424.64 a 420.81 metros. El embalse de la central 5 de Noviembre mostró una variación mucho menor. La excepción fue la central 15 de Septiembre, cuyo nivel aumentó.
Estos datos no permiten afirmar que El Salvador esté al borde de apagones, tampoco permiten afirmar que necesariamente aumentará la tarifa eléctrica. Sí muestran, sin embargo, que la disponibilidad de agua para generación hidroeléctrica se ha convertido en otro indicador que debe vigilarse.
Menos agua también significa más presión sobre la energía
La generación hidroeléctrica es particularmente sensible a la disponibilidad de agua, cuando disminuyen los caudales y los niveles de los embalses, puede reducirse el aporte de las centrales hidroeléctricas al sistema, la consecuencia económica no necesariamente aparece como un aumento inmediato en la factura eléctrica, puede manifestarse mediante una mayor necesidad de utilizar otras fuentes de generación, dependiendo de las condiciones del sistema.
En un contexto internacional de precios energéticos todavía sensibles a conflictos y perturbaciones comerciales, cualquier reducción de la disponibilidad de una fuente doméstica de generación merece atención.
El problema del agua es mayor que los embalses
El descenso de un embalse es solamente una parte del problema. El MARN explica que la sequía puede disminuir los niveles de ríos, lagos y embalses, reducir la humedad del suelo y limitar la recuperación de las fuentes de agua.
Su propia información sobre sequía señala que los períodos secos durante la temporada lluviosa pueden provocar que los cauces no recuperen sus niveles normales y que la reducción de las lluvias termine afectando los niveles de estiaje hacia el final de la época lluviosa, esto es especialmente delicado en un país donde las mismas áreas pueden concentrar:
- agricultura;
- asentamientos humanos;
- fuentes de abastecimiento;
- infraestructura hidroeléctrica;
- ganadería;
- ecosistemas vulnerables.
La competencia por el agua puede intensificarse conforme avance septiembre y se acerque la transición hacia la estación seca.
El golpe al agricultor llega antes que al consumidor
El primer afectado por una sequía no necesariamente es el consumidor, muchas veces es el productor. El agricultor compra semilla, fertilizantes, agroquímicos, alquila o prepara tierra, paga mano de obra y espera recuperar esa inversión mediante la cosecha, cuando la lluvia falla, puede perder tanto la producción como el capital invertido.
Para un pequeño productor, esto significa además menos alimentos disponibles para su propia familia y menos dinero para volver a sembrar.
FEWS NET ya advertía que durante 2026 los pequeños productores del Corredor Seco enfrentaban una combinación particularmente peligrosa: reservas alimentarias decrecientes, precios de granos básicos por encima del promedio y menores oportunidades de empleo agrícola.
El Salvador no puede depender exclusivamente de su propia cosecha
Hay otro dato estructural que vuelve particularmente importante la situación; la FAO estima que los cereales importados representan alrededor de 50% de las necesidades de consumo de El Salvador.
Para el año comercial 2025/26, la organización había proyectado requerimientos de importación de cereales de aproximadamente 1.27 millones de toneladas, alrededor de 10% por encima del promedio, eso significa que una caída de la producción nacional no necesariamente provoca automáticamente escasez, el país puede compensar parcialmente mediante importaciones, pero existe un costo.
Si varios países productores de la región enfrentan simultáneamente una temporada adversa, aumenta la competencia por suministros y si los precios internacionales también suben, la importación se vuelve más cara.
El maíz ya muestra señales que deben vigilarse
En 2025 El Salvador importó más de 934 millones de kilogramos de maíz blanco y amarillo, por un valor superior a $242 millones, según datos del BCR. Estados Unidos representó aproximadamente 76% del valor importado, seguido por Brasil y Argentina. La dependencia de las importaciones funciona como un amortiguador cuando la producción doméstica falla, pero también significa que El Salvador está expuesto a:
- precios internacionales;
- costos de transporte;
- disponibilidad regional;
- tipo de cambio de los países proveedores;
- costos de fertilizantes y combustibles;
- interrupciones logísticas.
Por eso, una mala cosecha nacional no necesariamente provoca por sí sola un salto de precios, pero aumenta la vulnerabilidad del mercado.
El frijol es otro punto crítico
La situación del frijol merece atención especial. La Asociación CAMPO estima que aproximadamente 75% de la producción de frijol está en riesgo debido a la incertidumbre sobre la siembra postrera, el problema es que el frijol tiene ventanas agrícolas más sensibles. Si un productor decide sembrar con humedad insuficiente, la germinación puede fallar.
Si espera demasiado y finalmente siembra, puede enfrentar una sequía posterior durante etapas críticas como floración y llenado de grano, el agricultor, en otras palabras, enfrenta un dilema: sembrar con poca agua o esperar y correr el riesgo de sembrar demasiado tarde.
¿Ya están subiendo los precios?
Hay señales iniciales, pero deben interpretarse con prudencia. Vendedores del Mercado Central de San Salvador reportaron aumentos en algunos alimentos.
El caso del frijol de seda fue citado como ejemplo: una comerciante indicó que la arroba pasó de $25 a $29, mientras la libra se ubicaba en $1.25, sin embargo, productores han advertido que no todos los aumentos pueden atribuirse todavía a la sequía.
En el caso de maíz y frijol existe inventario procedente de cosechas anteriores e importaciones que puede amortiguar el impacto.
La FAO había observado hasta junio comportamientos distintos entre países y productos: en El Salvador los precios del maíz blanco aumentaron ligeramente y permanecían por encima del año anterior, mientras el frijol rojo había mostrado reducciones apoyadas por mayores importaciones.
La situación, por tanto, debe observarse como una cadena de transmisión de riesgo, no como una conclusión anticipada de que todos los alimentos subirán inmediatamente.
Pero la canasta básica ya está bajo presión
El costo de la alimentación llega a esta temporada climática desde una posición poco cómoda. La CBA urbana alcanzó $261.48 en julio, el tercer valor más elevado de la serie desde 2001, acumulaba un aumento de $10.66 durante los primeros siete meses de 2026, equivalente a 4.2%. Además, estaba $6.40 por encima de julio de 2025.
El dato importa porque el clima llega a un mercado de alimentos que ya experimentaba presión; la inflación general salvadoreña se situó en 2.49% en julio, mientras la inflación de alimentos y bebidas no alcohólicas también estaba en 2.49%, según el BCR, por tanto, una reducción significativa de la oferta agrícola podría agregar una nueva presión a un mercado que ya no parte de precios bajos.
El escenario más peligroso no es septiembre aislado
Aquí está probablemente la principal conclusión de este análisis, Septiembre por sí solo no determina la crisis, lo que importa es la acumulación.
Si agosto termina con déficit, septiembre entrega menos lluvia de la normal y octubre vuelve a situarse por debajo de su promedio, el país puede llegar al inicio de la estación seca con:
- menor humedad en los suelos;
- menores caudales;
- embalses por debajo de niveles anteriores;
- reservas agrícolas reducidas;
- productores endeudados;
- menores ingresos rurales;
- mayor dependencia de importaciones.
Y ese escenario tendría consecuencias que podrían prolongarse hasta 2027.
El riesgo 2027 ya aparece en los modelos
No es una especulación afirmar que la influencia de El Niño puede extenderse más allá de septiembre.
La NOAA estima más de 90% de probabilidad de que el episodio continúe durante el otoño e invierno boreal de 2026-2027. NASA también señala que los modelos esperan que el fenómeno continúe fortaleciéndose durante 2026 y tenga influencia hasta 2027.
La FAO y el Programa Mundial de Alimentos están actuando precisamente bajo ese horizonte ambas organizaciones lanzaron un programa de acción anticipatoria para junio de 2026-marzo de 2027 con el objetivo de proteger a casi 9 millones de personas en 22 países frente a los impactos de El Niño.
El WFP ha incluido expresamente a El Salvador y Guatemala entre los países donde ya se activaron mecanismos anticipatorios. Desde mayo, la organización señala que ha movilizado más de $14 millones para apoyar a unas 500,000 personas en varios países expuestos.
La experiencia de 2015 funciona como advertencia
El actual episodio tiene además un antecedente que las organizaciones internacionales consideran relevante.
La FAO señala que durante el episodio de El Niño de 2015, aproximadamente 190,000 personas en El Salvador experimentaron inseguridad alimentaria y se perdió 60% de la cosecha de maíz. La organización advierte que El Niño suele provocar en El Salvador precipitaciones inferiores a lo normal, retrasos de la temporada lluviosa y períodos secos más prolongados.
El contexto actual, sin embargo, no debe equipararse automáticamente con 2015, cada evento de El Niño es diferente.
Las condiciones iniciales, las reservas alimentarias, las importaciones, los precios internacionales, la infraestructura y las medidas de adaptación han cambiado, el antecedente sirve para dimensionar el riesgo, no para pronosticar una repetición exacta.
Hay una diferencia fundamental entre sequía y ausencia de lluvia
La población puede observar una tormenta y preguntarse: ¿Cómo puede existir sequía si está lloviendo?. La respuesta está en la acumulación.
El MARN considera que la sequía meteorológica puede presentarse durante la estación lluviosa cuando se producen períodos prolongados sin lluvia o con precipitaciones inferiores al promedio.
La intensidad aumenta cuando coinciden ausencia de lluvia, altas temperaturas, baja humedad e intensa evaporación.
Así, una tormenta intensa puede coexistir con una situación de déficit hídrico, para recuperar completamente una cuenca, un acuífero o un suelo agrícola no basta necesariamente con una lluvia fuerte. Se necesita persistencia y distribución adecuada de la precipitación.
El escenario de septiembre: tres posibilidades
A partir de los datos disponibles, pueden plantearse tres escenarios, sin convertirlos en predicciones deterministas.
Escenario 1: recuperación parcial
Las lluvias se aproximan al promedio durante varias semanas, se recupera la humedad de los suelos y mejora la situación de algunos cultivos.
En este caso, septiembre funcionaría como un mes de recuperación y reduciría parte del daño acumulado.
Escenario 2: escenario previsto
Las lluvias aparecen de forma irregular, con acumulados inferiores al promedio y temperaturas superiores a lo normal.
Es el escenario que actualmente tiene mayor respaldo en las perspectivas del MARN y los modelos internacionales.
En este caso continuarían los problemas agrícolas y aumentaría la presión sobre el agua.
Escenario 3: deterioro
Se producen períodos secos prolongados, temperaturas muy altas y lluvias insuficientes.
En ese escenario aumentarían las pérdidas de la postrera, disminuirían las reservas de agua y podría aumentar la presión sobre los precios de los alimentos.
Ninguno de estos escenarios permite afirmar hoy cuánto subirán los alimentos.
Eso dependerá también de importaciones, inventarios, precios internacionales, costos de transporte y decisiones de comerciantes y productores.
La transición a la estación seca será decisiva
El MARN prevé que la transición hacia la estación seca comience durante la segunda quincena de octubre, con establecimiento pleno entre finales de octubre e inicios de noviembre.
La alerta roja de Protección Civil subraya que esto obliga a anticipar las medidas de preparación, porque una temporada lluviosa deficitaria dejaría menos margen para recuperar las fuentes de agua antes del período seco.
En otras palabras: septiembre no es solamente otro mes de lluvia. Es parte de la última ventana para recuperar agua antes de que el clima comience a cambiar hacia la estación seca.
No todo está perdido: hay capacidad de adaptación
La situación es grave, pero no significa que El Salvador esté condenado a una crisis alimentaria generalizada. La FAO acaba de cerrar un proyecto de siete años de adaptación climática en el Corredor Seco.
El programa RECLIMA alcanzó a más de 50,000 agricultores, cubrió 114 distritos y promovió prácticas destinadas a conservar humedad, diversificar cultivos, almacenar agua y recuperar áreas de recarga. El proyecto permitió además plantar más de 5 millones de árboles y restaurar aproximadamente 34,831 hectáreas.
La inversión total movilizada alcanzó $127.6 millones, incluidos $35.8 millones del Fondo Verde para el Clima y $13.8 millones de FIAES, estas medidas no eliminan el riesgo de una temporada adversa, pero pueden determinar quién pierde toda la cosecha y quién logra salvar una parte.
Lo que septiembre puede decidir
El Salvador entra en septiembre de 2026 con una situación que ya no puede analizarse únicamente desde el pronóstico del tiempo.
Hay cinco indicadores que deberían seguirse simultáneamente:
1. Lluvia acumulada: cuánto se aproxima el país a los 309.2 mm previstos por MARN.
2. Duración de los períodos secos: especialmente en oriente y la zona paracentral.
3. Temperaturas: porque un calor superior a lo normal puede acelerar la pérdida de humedad incluso cuando llueva.
4. Agua disponible: niveles de ríos, embalses, acuíferos y fuentes de abastecimiento.
5. Agricultura: superficie efectivamente sembrada, germinación, pérdidas y disponibilidad de maíz y frijol.
A ellos habría que agregar un sexto indicador: los precios, porque una mala cosecha no se queda en el campo, se transmite a los mercados.
La verdadera amenaza está en la cadena
El fenómeno comienza en el océano Pacífico.
El Niño altera la circulación atmosférica.
El cambio atmosférico modifica las probabilidades de lluvia y temperatura.
El déficit hídrico afecta al suelo.
El suelo seco afecta los cultivos.
La pérdida de cultivos reduce los ingresos de los agricultores.
Una menor producción puede reducir la oferta nacional.
La menor oferta puede aumentar la dependencia de importaciones.
Las importaciones pueden enfrentar mayores costos.
Y finalmente el impacto puede aparecer en los mercados y en la mesa de los consumidores.
Por eso, el clima de septiembre es también un asunto económico.
La alerta no es que deje de llover: es que llueva demasiado poco para reparar el daño
Los datos disponibles permiten una conclusión mucho más precisa que cualquier pronóstico alarmista. El Salvador no enfrenta un septiembre sin lluvia.
Enfrenta un septiembre en el que el MARN proyecta 14.7% menos precipitación que el promedio histórico, temperaturas superiores a lo normal y una distribución territorial desigual.
Los modelos de NOAA, NASA, ECMWF, Copernicus, WMO e IRI muestran, con distintos métodos, una señal consistente de fortalecimiento de El Niño y mayor probabilidad de condiciones secas en Centroamérica, mientras tanto, los efectos ya dejaron de ser una hipótesis: hay agricultores que han perdido cultivos, existen comunidades con menor acceso al agua, varios embalses están por debajo de los niveles del año pasado y los precios de determinados alimentos ya muestran señales de presión.
El verdadero riesgo para El Salvador no reside en que septiembre sea completamente seco, está en que septiembre no consiga recuperar el agua que agosto no entregó, que octubre tampoco lo haga y que el país llegue a la estación seca con una agricultura debilitada y reservas hídricas insuficientes.
Si ese escenario se materializa, la factura no aparecerá solamente en los registros meteorológicos, podría aparecer en los pozos, en los embalses, en las parcelas, en los mercados y finalmente en el presupuesto de las familias salvadoreñas.
Y esa es la razón por la que el comportamiento del clima durante las próximas semanas merece ser observado no solamente como un asunto meteorológico, sino como uno de los principales riesgos económicos y sociales del segundo semestre de 2026.
¿Qué espera MARN para octubre?
El pronóstico climático de MARN para agosto-octubre contempla para octubre unos 214.6 mm de lluvia, frente a un promedio climatológico de 270.9 mm. Eso significa aproximadamente:
- Pronóstico: 214.6 mm
- Promedio histórico: 270.9 mm
- Déficit estimado: 56.3 mm
- Anomalía: alrededor de 21% por debajo de lo normal
Para el trimestre agosto-octubre, MARN proyecta 831.6 mm, frente a 939.0 mm climatológicos.
La señal, por tanto, no es simplemente que octubre vaya a ser seco: es que el último mes de la temporada lluviosa podría terminar con un déficit importante.
El factor decisivo: El Niño
La situación se vuelve más preocupante cuando se incorpora la información internacional. La OMM mantiene una probabilidad muy elevada de que El Niño continúe durante el segundo semestre de 2026 y hacia finales de año. En sus pronósticos, el fenómeno domina las probabilidades para períodos que incluyen agosto-octubre y septiembre-noviembre.
NOAA también mantiene una probabilidad elevada de persistencia de El Niño durante el invierno boreal 2026-27 y la OMM ha señalado específicamente que partes de Centroamérica tienen una mayor probabilidad de recibir precipitaciones inferiores a lo normal bajo este patrón.
Por eso, octubre no debería interpretarse como un mes de recuperación automática de las lluvias.
Pero hay una cuestión muy importante
No significa que en octubre no vaya a llover.
De hecho, puede ocurrir algo aparentemente contradictorio:
Un octubre con menos lluvia acumulada de lo normal puede tener varios episodios de lluvias fuertes.
El problema es la distribución.
Por ejemplo, podrían producirse tormentas intensas durante algunos días y posteriormente períodos largos sin lluvia. Para la agricultura, 20 mm de lluvia concentrados en unas horas no necesariamente compensan un déficit de varias semanas.
Además, octubre normalmente representa una etapa de transición hacia la estación seca. MARN prevé que la transición comience durante la segunda mitad de octubre y que la estación seca quede plenamente establecida entre finales de octubre y comienzos de noviembre.
¿Qué puede ocurrir con el agro?
Aquí está, probablemente, la parte más delicada.
El país llega a octubre de 2026 con:
- Déficit acumulado de lluvia.
- Temperaturas excepcionalmente altas.
- Suelos con menor humedad.
- Reservas de agua sometidas a presión.
- Cultivos de primera afectados.
- Incertidumbre sobre la postrera.
- Un fenómeno El Niño que puede prolongar condiciones desfavorables.
Por eso octubre puede convertirse en un mes decisivo para maíz, frijol y sorgo.
Si las lluvias mejoran sustancialmente durante la primera mitad de octubre, todavía existiría una posibilidad de recuperación para determinadas zonas y cultivos.
Pero si el déficit continúa y la temporada seca comienza antes o con poca humedad disponible, el problema puede trasladarse de la producción de 2026 a las reservas alimentarias y los precios de finales de 2026 y comienzos de 2027.
Esto es particularmente importante porque ya existen advertencias sobre pérdidas agrícolas importantes en el corredor seco centroamericano.
Y hay otro riesgo: el agua
El problema de octubre no se limita a los cultivos.
Si septiembre y octubre no consiguen recuperar suficientemente las precipitaciones, el país puede entrar a la estación seca con:
- menor humedad del suelo;
- menor caudal de ríos;
- menor recarga de acuíferos;
- menor disponibilidad para riego;
- presión sobre fuentes de agua potable;
- menor aporte hidroeléctrico.
Esto último merece especial atención porque la generación hidroeléctrica depende directamente de la disponibilidad de agua. Una temporada lluviosa deficitaria puede reducir el margen de generación hidráulica precisamente cuando el calor aumenta la demanda eléctrica.
Si juntamos MARN + NOAA + OMM + los modelos internacionales, mi interpretación sería:
| Factor | Octubre 2026 |
|---|---|
| Lluvia acumulada | Por debajo de lo normal |
| Distribución de las lluvias | Irregular |
| Episodios de tormentas fuertes | Posibles |
| Temperaturas | Probablemente superiores al promedio |
| El Niño | Fuerte y todavía influyente |
| Transición a época seca | Segunda mitad del mes |
| Riesgo agrícola | Alto |
| Riesgo hídrico | Elevado |
| Presión sobre precios agrícolas | Creciente |
| Riesgo para 2027 | Importante |
Y hay una advertencia metodológica importante: un pronóstico estacional no permite saber hoy qué día de octubre lloverá o dejará de llover. El ECMWF recuerda que las predicciones de El Niño y de sus impactos regionales tienen incertidumbre, particularmente cuanto más lejos se proyecta el horizonte.
Lo que más preocuparía
Más que octubre por sí solo, la combinación septiembre-octubre.
Si septiembre termina seco y octubre tampoco consigue recuperar el déficit, El Salvador podría llegar a noviembre —cuando normalmente comienza la estación seca— con reservas de humedad y agua considerablemente menores a las deseables.
Eso tendría una cadena bastante clara:
menos lluvia → menor humedad del suelo → menores rendimientos → menor oferta de granos → mayores necesidades de importación → presión sobre precios → mayor gasto de los hogares.
Y ahí aparece el verdadero problema económico.
Por eso, octubre de 2026 podría ser mucho más importante que septiembre para determinar el costo económico de la sequía.
