Skip to main content

Diario Latino

Internacionales

Nicaragua reporta “siembras fallidas” ante la sequía

  • Publishedseptiembre 6, 2026

Productores de Chinandega, Managua y León aseguran que la falta de lluvias ya provocó pérdidas en maíz y frijol, mientras aumenta la preocupación por la siembra postrera. El escenario climático se complica ante el fortalecimiento de El Niño, que la Organización Meteorológica Mundial prevé que alcance una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026

La ausencia prolongada de lluvias comienza a pasar factura a la agricultura de Nicaragua. Productores de distintos municipios del Pacífico reportan pérdidas en cultivos de primera, problemas para disponer de agua y creciente incertidumbre sobre la posibilidad de establecer nuevas plantaciones durante la siembra postrera.

Los testimonios recogidos en Chinandega, León y Managua describen un escenario desigual entre comunidades, pero con un elemento común: la humedad acumulada en los suelos no ha sido suficiente para garantizar el desarrollo de los cultivos que dependen principalmente de las precipitaciones.

En las zonas más afectadas, algunos agricultores incluso han optado por sembrar en seco, confiando en que las lluvias puedan regresar y permitir la germinación y desarrollo de las plantas.

“Todo el mundo está sembrando en seco, con la fe, con la esperanza de que pueda llover”, relató a Artículo 66 un habitante de San Pedro del Norte, en Chinandega.

El productor explicó que una lluvia intensa registrada recientemente generó expectativas entre los agricultores, pero el retorno de las condiciones secas volvió a limitar las posibilidades de recuperación de los cultivos.

Primera siembra, bajo presión

El impacto más evidente se concentra en los cultivos de primera, particularmente maíz y frijol, dos productos fundamentales para la alimentación y la economía de miles de familias rurales.

Según los testimonios recogidos por Artículo 66, en algunas comunidades del Pacífico las cosechas no alcanzaron los resultados esperados y existen agricultores que prácticamente dan por perdido el ciclo.

“Todo el mundo está afectado. Ahí no podemos decir que a unos sí y a otros no”, afirmó el habitante de San Pedro del Norte.

La situación, sin embargo, no es idéntica en todo el territorio. La disponibilidad de pozos, fuentes de agua o sistemas de riego permite que algunas familias mantengan parte de sus actividades agrícolas, mientras los productores que dependen exclusivamente de la lluvia enfrentan una exposición considerablemente mayor.

El problema es que una precipitación aislada no necesariamente significa el fin de la sequía agrícola.

Para recuperar los cultivos se necesita que el agua alcance los niveles de humedad necesarios en el suelo y que las lluvias mantengan una frecuencia suficiente durante las distintas etapas del desarrollo de las plantas.

Productores cuestionan cifras oficiales

En León, un agricultor consultado por Artículo 66 expresó discrepancias con las cifras oficiales divulgadas sobre el avance del ciclo agrícola 2026-2027.

El Ministerio Agropecuario (MAG) informó en julio sobre un avance de 92,600 manzanas de frijol rojo sembradas durante la época de primera, con participación de más de 70,000 fincas.

El productor, sin embargo, aseguró que esos registros no reflejan lo que ocurre en algunas zonas del Pacífico y sostuvo que en determinados sectores no hubo producción significativa de primera.

La diferencia entre las cifras oficiales y los testimonios de campo constituye uno de los elementos que deberá ser observado durante las próximas semanas, particularmente cuando comiencen a conocerse los resultados efectivos de las cosechas.

El Gobierno ha señalado que la producción agrícola tiene entre sus objetivos garantizar el abastecimiento interno, contribuir a la estabilidad de los precios y mantener los volúmenes destinados a los mercados centroamericanos.

Pero para los agricultores, el desafío inmediato es conseguir suficiente humedad para establecer la siguiente etapa del ciclo.

La siembra postrera entra en zona de incertidumbre

La atención se concentra ahora en la siembra postrera, debido a que una prolongación del déficit de lluvias podría reducir todavía más la superficie que los productores estén dispuestos o puedan cultivar.

Sembrar bajo condiciones de humedad insuficiente implica un riesgo considerable: las semillas pueden no germinar correctamente, las plantas pueden sufrir estrés durante las primeras etapas de crecimiento y los productores pueden perder nuevamente los recursos invertidos en preparación del terreno, semilla, fertilizantes y mano de obra.

En el caso de los pequeños agricultores, una segunda pérdida consecutiva puede tener consecuencias económicas mucho mayores que las estrictamente agrícolas.

La reducción de la cosecha obliga a comprar alimentos que normalmente se producen en las propias parcelas y, al mismo tiempo, disminuye los ingresos obtenidos de la venta de excedentes.

Managua también registra cultivos afectados

En el occidente de Managua, cerca de Ciudad Sandino, habitantes describen condiciones particularmente secas.

Una residente consultada por Artículo 66 calificó la situación como “absolutamente seca” y aseguró que las pérdidas alcanzan cultivos de maní, caña de azúcar, maíz y frijol.

“Maíz y frijoles se perdieron totalmente”, afirmó la mujer, quien solicitó mantener su identidad en reserva.

El testimonio también pone de manifiesto una de las contradicciones de la actual situación hídrica: la cercanía de grandes cuerpos de agua no significa necesariamente que los agricultores dispongan de infraestructura suficiente para llevar ese recurso hasta sus parcelas.

El acceso al agua para consumo humano, además, no equivale automáticamente a disponibilidad de agua para la producción agrícola.

Plátano y caña también enfrentan riesgos

El deterioro de las condiciones hídricas no se limita a los granos básicos.

En Chinandega, un productor de plátano señaló que la cosecha actual mantiene un comportamiento favorable, pero advirtió que la disponibilidad de agua constituye una amenaza para las nuevas plantaciones.

El problema se agrava con las altas temperaturas, que incrementan la evaporación y elevan las necesidades hídricas de los cultivos.

De acuerdo con el testimonio, incluso el riego artificial puede resultar insuficiente cuando las temperaturas son demasiado elevadas y el suelo pierde rápidamente la humedad.

La caña de azúcar también enfrenta dificultades. Algunas parcelas han entrado en períodos de descanso y determinadas áreas han reducido o suspendido el riego antes de lo previsto.

La evolución de estas condiciones será especialmente importante para un país cuya agricultura tiene un peso considerable tanto en el consumo interno como en las exportaciones.

Pacífico, entre las zonas con mayor exposición

El Observatorio de Fenómenos Naturales (OFENA) ha identificado a León, Chinandega, Managua, Masaya, Carazo, Granada y Rivas entre los departamentos expuestos a condiciones de déficit hídrico.

El escenario descrito por el organismo contempla períodos secos más prolongados y una reducción de la humedad disponible en los suelos.

Entre las actividades productivas más vulnerables figuran el maní, la caña de azúcar, el maíz, el frijol y la ganadería.

Para los productores ganaderos, la reducción de las lluvias representa un problema doble: disminuye la disponibilidad de agua y deteriora los pastizales utilizados para alimentar al ganado.

A ello se suma el estrés térmico provocado por las temperaturas elevadas.

El período comprendido entre septiembre y diciembre de 2026 aparece, de acuerdo con las previsiones citadas por OFENA, como una etapa que requiere especial vigilancia.

El manejo eficiente del agua, el seguimiento de la humedad del suelo y la planificación anticipada de reservas de forraje figuran entre las medidas recomendadas para reducir el impacto.

El Niño añade presión al escenario agrícola

La situación adquiere una nueva dimensión después del último informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

El organismo informó el 3 de septiembre de 2026 que El Niño está plenamente establecido y continuará fortaleciéndose durante los próximos meses. Los modelos utilizados por la organización apuntan a que el fenómeno podría alcanzar una intensidad muy fuerte antes de llegar a su máximo hacia finales del año.

La OMM calcula además una probabilidad cercana al 100 % de que El Niño persista hasta febrero de 2027, una de las previsiones más contundentes emitidas hasta ahora para un episodio de este fenómeno.

El organismo, no obstante, advierte que la intensidad de El Niño por sí sola no determina exactamente la magnitud de sus efectos en cada país. Las consecuencias dependen de la región, la época del año y de la interacción con otros factores climáticos.

Para Nicaragua, el dato resulta especialmente relevante porque llega precisamente cuando productores del Pacífico reportan dificultades para completar satisfactoriamente la primera siembra y miran con preocupación el próximo ciclo.

Un problema que puede prolongarse hasta 2027

El riesgo para Nicaragua no termina con la eventual pérdida de una cosecha.

Si las condiciones secas persisten, el impacto puede extenderse a la disponibilidad de semillas, los ingresos de los productores, el precio de los alimentos y la capacidad de las familias rurales para financiar la siguiente temporada.

La agricultura de secano es particularmente vulnerable porque depende de que las precipitaciones coincidan con momentos críticos del desarrollo de los cultivos.

Un retraso de las lluvias puede impedir la siembra. Una canícula prolongada puede afectar las plantas jóvenes. Y lluvias insuficientes durante la floración o el llenado del grano pueden reducir drásticamente los rendimientos aun cuando el cultivo haya logrado establecerse.

La actual situación coloca así a Nicaragua ante una temporada agrícola marcada por la incertidumbre.

Los productores del Pacífico ya reportan siembras fallidas y pérdidas en cultivos de primera. Ahora esperan que las condiciones meteorológicas permitan recuperar la humedad de los suelos y establecer la siembra postrera.

Pero con un El Niño que la OMM prevé cada vez más intenso y persistente hasta comienzos de 2027, la agricultura nicaragüense enfrenta un escenario en el que cada lluvia puede marcar la diferencia entre recuperar una parcela o sumar una nueva pérdida.

Written By
Redacción DL

Salir de la versión móvil