En la era de la IA, las fortalezas de Apple podrían convertirse en sus limitaciones
Durante décadas, el ecosistema estrechamente gestionado de la compañía —que abarca desde chips personalizados hasta sistemas operativos propios y aplicaciones seleccionadas— ofreció dispositivos seguros y fáciles de usar. Ese enfoque ayudó a convertir al iPhone en el producto de consumo más exitoso de la historia, generando casi 210,000 millones de dólares en ingresos el año pasado. También convirtió a Apple en la empresa más valorada del mundo durante gran parte de la última década, una posición que solo fue superada en 2024 por el fabricante de chips de inteligencia artificial Nvidia.
Pero cuando el nuevo director ejecutivo de Apple, John Ternus, tome el relevo de Tim Cook este otoño, se enfrentará a una pregunta clave para la supervivencia de la empresa en la era de la IA, poniendo a prueba los límites de la práctica de Apple de supervisar qué aplicaciones y servicios pueden aprovechar su hardware.
La actual ola de innovación en IA se ha visto impulsada en gran medida por la apertura: iteración rápida, amplio acceso para desarrolladores y herramientas que funcionan en múltiples plataformas. Empresas como OpenAI, Google y Meta han lanzado modelos que a veces derivan en direcciones no deseadas, pero que mejoran de forma visible y continua, atrayendo a desarrolladores y usuarios a un ritmo que pocos ciclos de productos tradicionales pueden igualar.
Apple, como era de esperar, se ha mostrado cautelosa. Cook, un leal guardián de la visión del cofundador de Apple, Steve Jobs, ha hecho hincapié en la privacidad y la calidad que solo se consiguen con un control estricto. Esa moderación le ha valido la confianza de los usuarios, pero también ha dejado a la empresa expuesta a presiones antimonopolio en EE.UU y el extranjero, incluyendo una batalla legal con el creador de «Fortnite», Epic Games, y las nuevas normativas de la Unión Europea que obligan a Apple a permitir una mayor competencia en sus dispositivos.
Dicha tensión se ha intensificado con la IA, ya que el auge del sector tiende a premiar la velocidad y la experimentación.
«Al elegir a un líder de hardware como John Ternus, Apple puede estar señalando que todavía cree que el futuro de la IA pasará por dispositivos estrechamente integrados, no solo por el software», afirmó Timothy Hubbard, profesor asistente de gestión en la Facultad de Negocios Mendoza de la Universidad de Notre Dame. «Eso podría ser inteligente, pero también plantea un riesgo más profundo: las mismas fortalezas que hicieron dominante a Apple —su disciplina, pulido y control— podrían convertirse en limitaciones si la próxima era premia la apertura y la iteración más rápida. Esa innovación acelerada es donde Apple comenzó, y tal vez sea ahí donde la empresa deba regresar».
El contraste de OpenClaw con el control de Apple
Desde Jobs, quien rescató a una Apple convaleciente a finales de la década de 1990, hasta Cook, quien convirtió el negocio de servicios de Apple en una potencia de 110,000 millones de dólares en ventas anuales, la firma de Cupertino, California, ha demostrado que la integración estrecha conduce a clientes a largo plazo y beneficios duraderos.
Ahora, el mayor reto de Ternus será integrar la IA en el impenetrable ecosistema de Apple en un momento en que un enfoque más abierto está conquistando al mundo. Un ejemplo es OpenClaw, un software que puede controlar un ejército de «agentes» de IA capaces de realizar tareas complejas tradicionalmente manejadas por humanos, y que se ha extendido ampliamente en China, con usuarios que van desde escolares hasta abuelos.
Sin embargo, OpenClaw también ilustra los riesgos de la apertura. El software sigue siendo rudimentario, presenta vulnerabilidades de seguridad y puede realizar acciones alarmantes, como exponer información financiera privada en internet. Las tensiones que esto genera son exactamente las que Apple ha buscado evitar durante mucho tiempo.
En entrevistas con los medios, Ternus ha dejado claro que Apple está interesada en lanzar productos terminados en lugar de tecnologías crudas como OpenClaw, que generan entusiasmo pero no se convierten en elementos básicos cotidianos como el iPhone. No obstante, Apple ha mostrado cierta disposición a utilizar tecnología de IA desarrollada por sus rivales cuando es necesario. En enero, cerró un acuerdo con Google para utilizar sus modelos de IA Gemini en un esfuerzo por mejorar su asistente virtual Siri.
Hubbard, de Notre Dame, señaló que Apple también podría aprender de la estrategia de Nvidia. El mes pasado, Nvidia anunció que tomaría el software de código abierto de OpenClaw y lo adaptaría a un producto llamado NemoClaw, el cual contará con salvaguardas y límites para que el enfoque de OpenClaw pueda operar en un entorno empresarial.
Gene Munster, veterano analista de Apple e inversor en Deepwater Asset Management, opinó que el enfoque de Ternus en la calidad podría ayudarle a cambiar la narrativa sobre Apple, de forma similar a como Cook —con el crecimiento masivo del negocio de servicios— demostró que la fortuna financiera de Apple dependía de algo más que el iPhone.
«Mantenerse fiel a la cultura de Apple debería permitirle perseguir la IA de forma más agresiva sin comprometer la calidad», escribió Munster en una nota a sus clientes.
